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martes, 7 de enero de 2025

General José Aníbal Mazabel, un director de la Policía Nacional borrado de la historia.

 



Nuevamente tengo en honor de compartir en este blog, el trabajo investigativo desarrollado por el señor Coronel de la Reserva de la Policía Nacional de Colombia Héctor Álvarez Mendoza, integrante del curso 21 de oficiales, Promoción "José Acevedo y Gómez" y Miembro de número de la Academia Colombiana de Historia Policial, el cual denominó:

“Un director de la Policía Nacional borrado de la historia”

Corría el año 1909 en una Bogotá montuna y gris de calles estrechas y empedradas, frecuentadas por mujeres tocadas de pañolón oscuro y alpargatas, hombres también grises y cabizbajos, con sombrero tipo “pelo de conejo” y enruanados hasta las orejas, tales aquellos fríos paramunos despiadados y persistentes, de esos que ya no regresaron a estos lares, tan castigados hoy por calamidades nuevas como el calentamiento global y las manifestaciones “democráticas” de cuanto vándalo sindicalizado que decide mancillar sus calles y paredes con toda suerte de mamarrachos y grafittis. Gobernaba el país el general Rafael Reyes, patricio conservador quien había accedido al poder en 1904 en un proceso electoral sin participación liberal y quien ejerció un mando autoritario y firme que le valió el calificativo de “Dictadura Reyista” entre sus contradictores y de “Quinquenio Reyista” entre sus áulicos y copartidarios, quienes nunca le perdonaron que hubiera vinculado a su gobierno a los caudillos liberales, los Generales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, sus enemigos en la reciente Guerra de los Mil Días.

No obstante, durante su gobierno, el General Reyes logró enderezar el rumbo de las calamitosas finanzas públicas, lo que le permitió adelantar algunas obras como el ferrocarril a Girardot y concretar la fundación en 1907 de las Escuelas Militar de Cadetes y Naval de Cartagena y más tarde de la Escuela Superior de Guerra en 1909. Fue precisamente el General Uribe Uribe quien tuvo a su cargo la contratación de la misión militar chilena compuesta por los Mayores Francisco Javier Díaz Valderrama y Pedro Charpin Rival, el primero de ellos Coronel honorario del Ejército colombiano, fundador y primer Director de la Escuela Militar de Cadetes donde tuvo a su cargo la formación de ochenta “caballeros cadetes” con la colaboración de una planta de instructores colombianos, entre ellos los mayores Anibal Angel y Manuel Arturo Dousdebés, los capitanes Aníbal Valderrama R, Alfredo Laverde, Manuel Ortiz Castillo y Alejandro Uribe, los tenientes Luis Acevedo y Gabriel Zamudio y los subtenientes Eduardo Bonitto Vega, Agustín Mercado y Alfonso Escallón.

El Mayor Díaz Valderrama se educó militarmente en Alemania, donde sirvió como Capitán en el Ejército Imperial Alemán, por cuyos servicios fue condecorado en dos ocasiones por el Kaiser Guillermo II. Luego de su misión en Colombia regresó a su país donde alcanzó el grado de General de División y ocupó el cargo de Inspector General del Ejército chileno, institución de la cual se retiró en 1930. Durante los prolegómenos de la segunda Guerra Mundial fue apasionado seguidor de Adolfo Hitler, cultor de las teorías nazis, convencido antisemita y más tarde, fundador del Movimiento Nacionalsocialista chileno, por lo cual fue elogiosamente destacado en el periódico alemán “Völkischer Beobachter”, órgano oficial del partido nacional socialista.

Un buen día el General Rafael Reyes encargó de la Presidencia de la República a su copartidario el General Jorge Holguín, luego lió sus bártulos y emprendió viaje a Europa. Camino a la costa renunció al cargo el 27 de Julio, por lo cual el Congreso eligió como sucesor al General Ramón González Valencia, conservador de tendencias moderadas quien anunció que en su gabinete nombraría a los liberales Joaquín Samper como ministro de Hacienda y al General Benjamín Herrera en la cartera de Obras Públicas. Esta decisión, anunciada antes de su posesión, programada para el 4 de agosto de 1909, cayó muy mal entre las huestes conservadoras, lideradas por los generales Edmundo Cervantes, ministro de Guerra, Nicolás Perdomo, Comandante del Ejército y José Aníbal Mazabel, General del Ejército y Director de la Policía Nacional, presuntamente respaldados por los efectivos de la Policía Nacional y de las unidades militares  acantonadas en Bogotá, en este caso los batallones 1o, 3o y 17, comandados respectivamente por el General Martín Antía Moriones y los coroneles Clímaco Bueno y Calixto Medina, respaldados por el General Enrique Arboleda Cortés, apodado “Arboloco”, Jefe del Estado Mayor General y suegro del presidente Jorge Holguín, quienes acordaron “amarrar” al General Ramón González Valencia para impedir su posesión en la Presidencia y frustrar así el acceso de los liberales al nuevo gobierno.

Aparentemente los complotados “mataron el tigre y se asustaron con el cuero”, pues el mismo 4 de agosto realizaron movimientos que resultaron al menos equívocos, pues, por ejemplo, el General Nicolás Perdomo, comandante del Ejército, quien en ocasiones se hacía llamar “Generalísimo”, resolvió visitar sus unidades para inducir la actitud de sus tropas, entre ellas el batallón 17, acantonado como el 1o y el 3o en los llamados “Cuarteles de Arriba” en la Plazoleta de San Agustín, en el sitio que hoy ocupa el edificio de los Ministerios, donde el subteniente Tomás Concha tuvo la presencia de ánimo de dar un paso al frente de la formación y manifestar su desacuerdo con las insinuaciones golpistas de su general y máximo jefe, quien quedó de una pieza y sin palabras ante el valeroso gesto de su joven subalterno.

Resultó notable la actitud del Mayor Díaz Valderrama, Director de la Escuela Militar de Cadetes y jefe de la misión militar chilena quien intervino activamente en los acontecimientos y siempre se manifestó públicamente en favor del respeto a la legalidad. A la postre su actitud y sus juiciosas opiniones sobre la obligación de la fuerza pública de atenerse a las normas constitucionales, lo hicieron sentirse con autoridad suficiente para entrometerse en asuntos más allá del llamado de sus deberes como asesor extranjero, por lo cual su comisión oficial fue cancelada y enviado de regreso a su país. A otro complotado al que le salieron las cuentas “chuecas” fue al General José Aníbal Mazabel, Director de la Policía Nacional, quien, quizá con la intención de ganar simpatías en la causa golpista, madrugó a las 6:30 a visitar en su habitación del Hotel Blume, en la calle 11 entre 6a y 7a, al General payanés Luis Enrique Bonilla, recién llegado a la capital, quien acababa de ser nombrado “In péctore”, como ministro de Guerra, para confiarle, “muy confidencialmente”, las intenciones y los planes de “amarrar” ese mismo día al nuevo mandatario y evitar su posesión como Presidente de la República. Por su parte el General Bonilla, vencedor en la Batalla de Calibío y conocido por su recia personalidad, le confió, también “muy aquí entre nos…” su nombramiento como Ministro de Guerra, revelación que dejó “con los brazos caídos y la pasta floja” a Mazabel quien obviamente desconocía la noticia. No satisfecho con el chasco sufrido con el ministro Bonilla, el afligido Mazabel buscó al maestro Guillermo Valencia, alojado en el mismo Hotel Blume, a quien encontró a las 10 de la mañana y a quien también le confió, “al oído”, su versión sobre los planes golpistas, anécdota que el poeta Valencia relató años más tarde en artículo publicado en el periódico El Siglo del 9 de agosto de 1941. Lo cierto es que ese día un grupo de policías se reunió en el café “La Bomba” con una cuadrilla de peones de obras públicas que estaban preparados para participar en la ejecución del plan de “amarre” de González Valencia, según revelaron las pesquisas de Lubin Bonilla, Jefe de la oficina de Instrucción de la Policía Nacional, a cuyo cargo estuvo la investigación de la frustrada conspiración.

Al final, el General Ramón González Valencia logró posesionarse ese 4 de agosto de acuerdo a lo dispuesto por el Congreso Nacional. Por su parte, el General José Aníbal Mazabel, mensajero espontáneo, de personalidad un tanto resbalosa, que pretendió ponerle a cada santo una vela, desapareció para siempre del escenario, cediendo su presencia en la historia a un presunto tercer mandato en la Dirección de la Policía Nacional del comisario francés Juan María Marcelino Gilibert y a Heriberto Álvarez quien figura como Director de la institución policial desde el 7 de agosto de 1909, luego de la “metida de pata” de Mazabel, hasta el 4 de diciembre de 1910. Hasta el General Martín Antía, oficial de comportamiento al menos aceitoso, logró sobreaguar, salvarse de la degollina y recibir más tarde la confianza del gobierno que premió su cuestionable lealtad durante la intentona golpista de agosto de 1909, confiándole la Dirección de la Policía Nacional entre 1910 a 1911.

En conclusión, ignoro la suerte final corrida por otros conspiradores principales, como los Generales Edmundo Cervantes, saliente Ministro de Guerra, Enrique Arboleda Cortés, Jefe del Estado Mayor General y Nicolás Perdomo, Comandante del Ejército, así como la del presidente saliente General Jorge Holguín, de quien resulta difícil creer que estuviera al margen del complot. Igualmente desconozco las razones de fondo que enterraron para siempre el recuerdo de las andanzas del General José Anibal Mazabel como Director de la Policía e indujeron a su extrañamiento de las páginas de la historia de la Policía Nacional, aunque intuyo que su actitud dubitativa y lambericas de conspirador arrepentido que quiso quedar bien parado con tirios y troyanos pudo pesar toneladas en su contra, definir para siempre su papel de “chivo expiatorio” y finalmente lanzar su memoria a las tinieblas exteriores y rumbo a un definitivo, oscuro y permanente  ostracismo.

Por cierto, aunque por motivos bien diferentes, Mazabel corrió la misma suerte del General Juan José Nieto Gil, Presidente de Colombia del 25 de enero al 18 de Julio de 1861, quien gobernó desde Cartagena durante el vacío de poder entre los gobiernos del conservador Mariano Ospina Rodríguez y el segundo periodo del General liberal Tomás Cipriano de Mosquera. El General Nieto Gil, hijo de Tomás Nicolás Nieto y Benedicta Gil nació el 24 de junio de 1805 en Cibarco (Atlántico) y murió en Cartagena el 18 de Julio de 1866. Su nombre no figura en la relación oficial de presidentes de la República de Colombia.

Se presume que su figuración en la historia ha sido deliberadamente ignorada “…por negro y por costeño”, según manifestó, poco antes de morir, el investigador Orlando Fals Borda, padre de la Sociología colombiana, quien adelantó infructuosas gestiones orientadas a la recuperación de la memoria histórica y la reparación de la persistente injusticia con el prócer costeño, cuyo mandato de cinco meses no lo excluye del derecho a figurar como presidente, teniendo en cuenta los casos semejantes de Víctor Mosquera Chaux y Carlos Lemons Simons, quienes sí figuran en la galería de presidentes a pesar de que desempeñaron el cargo por unos pocos días durante las presidencias de Julio Cesar Turbay Ayala y Ernesto Samper, respectivamente.

Finalmente, en abril de 1930 la Asamblea Departamental de Norte de Santander decidió rendir un homenaje póstumo al general Ramón González Valencia y dispuso cambiar el antiguo nombre del municipio de Concordia por el de Ragonvalia, en memoria del ilustre General y mandatario norte santandereano.

(Nota. si deseas conocer mas sobre la guerra de los mil días te invito a ver el siguiente video. https://www.youtube.com/watch?v=k1aV0g3KJHI)  

Fuentes consultadas:

https://www.eje21.com.co/2018/01/un-director-de-la-policia-nacional-borrado-de-la-historia/


miércoles, 7 de febrero de 2024

LA OBRA DE GABRIEL GÓNZALEZ LÓPEZ EN LA POLICÍA NACIONAL DE COLOMBIA

 


La obra de Gabriel González en la Policía Nacional de Colombia.

Esta modesta síntesis biográfica no tiene más pretensión que con contribuir a que los miembros de la Policía Nacional de Colombia vuelvan su interés hacia el estudio e imitación de un hombre que fue prototipo de la devoción y mística profesionales. Esta es la razón de este escrito con el cual quiero destacar unos aspectos de la ejemplar existencia de GABRIEL GÓNZALEZ LÓPEZ.

La fecunda obra llevada a cabo por el doctor González en el lapso en que actuó como Vigesimocuarto Director de la Policía, es conocido parcialmente y su calidad, extensión y jerarquía están reclamando el juicio consagratorio de la historia Institucional.

Dr. Gabriel González López

Su lema, que fue “SERVIR Y NO SERVIRSE” de la Institución, lo convirtió en un tesonero y ahincado forjador de auténtica ética profesional a través de todos sus actos directivos.

GABRRIEL GONZALEZ, surgió a la vida en el Municipio de “El Agrado”, del Departamento del Huila, en medio de las regocijadas brisas de un 19 de julio del año de 1875, con grande alegría de sus padres, don Joaquín González Pizarro (Médico vallecaucano) y doña Delfina López (oriunda de El Gigante, Huila), personas de vida patriarcal y de limpios linajes.

Su primera incursión en el campo de la educación la hizo en la escuela de su pueblo natal y los estudios secundarios los realizó en el Colegio San Bartolomé de Bogotá, donde obtuvo el título de Bachiller en Filosofía y Letras el 23 de noviembre de 1895.

Graduado en Jurisprudencia en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en 1904, el cultivo permanente de esta ciencia y su profunda versación en las disciplinas filosóficas y pedagógicas se destacan a cada paso en todos sus escritos. La ciencia jurídica no fue para el doctor González bagaje para tráficos innobles sino venero inagotable de recursos para rendir culto a la justicia en los diversos cargos que desempeñó y especialmente en la Dirección de la Policía, donde se hicieron más patentes sus eminentes condiciones y virtudes de ciudadano.

También en los celosos predios de la poesía el doctor González dejó una estela esplendorosa, condensada en estrofas de impecable factura, entre los cuales se encuentran tres (3) magistrales sonetos dedicados al Agente de Policía, uno de los cuales empieza:

“Vida de abnegación y sacrificio

sometido al rigor de duras pruebas,

sobre tus hombros vigorosos llevas

la ponderosa carga del servicio”

Unió su vida a la distinguida dama ibaguereña Leonor Casas Espinosa, el 25 de julio de 1910, matrimonio del cual hubo dos niños que infortunadamente murieron a temprana edad.

Al Iniciarse el periodo del “Republicanismo” (Gobierno de responsabilidad conjunta) presidido por el doctor Carlos Eugenio Restrepo, fue llamado a ocupar la Dirección de la Policía el 14 de enero de 1911, posición que ocupó hasta el 1 de julio de 1914 y en la que cumplió la más importante gestión profesional de Policía después de la del ilustre francés JUAN MARIA MARCELINO GILIBERT.

En 1913 (febrero 26) viajó a Norteamérica y Europa por comisión conferida por el Gobierno en Decreto 184, por el término de seis (6) meses, con el fin de adelantar estudios sobre Policía en los países más civilizados. Del 1 de septiembre de 1935 al 1 de abril de 1938 volvió a servir en la Institución, con el cargo de Secretario General, siendo Director General Alejandro Bernate.

Las realizaciones del doctor González como Director de la Policía pueden resumirse así:

SE CREA LA POLICIA DE CARCELES

En 1911, por Decretos Ejecutivos números 400 del 29 de abril y 420 del 8 de mayo, se creó una División compuesta de 220 hombres, destinada a la guardia y custodia de los panópticos de Bogotá. Tunja y Pamplona. Meses más tarde mediante Decreto Ejecutivo 692 del 25 de julio del mismo año se creó la Sección de Manizales, destinada a la guardia de la cárcel de dicha ciudad, cárceles de Manizales integrada con 30 agentes y 2 comisarios.

SE CREA LA POLICÍA PARA LA CUSTODIA DE LOS LAZARETOS

Por Decreto Ejecutivo número 655 de 1911, se creó la Novena División de la Policía Nacional, formada por las secciones de “Agua de Dios” integrada por 30 hombres y Contratación con 18 hombres respectivamente. Posteriormente mediante Decreto Ejecutivo número 868 de septiembre 18 del mismo año, se incluyó “Caño de Loro” con 25 unidades, Más tarde por Decreto 212 (noviembre 4) se dictó el reglamento de este servicio.

SE REORGANIZA DE LA OFICINA DE INSTRUCCIÓN DE LA POLICIA NACIONAL

Mediante proyecto presentado por la Dirección General, el 22 de diciembre de 1911 el Ejecutivo Nacional dictó el Decreto Ejecutivo 1171, disponiendo que la Oficina de Instrucción Criminal, antigua División de Seguridad, entraría a denominarse Oficina Central de Investigación Criminal, quedando siempre bajo la dependencia de la Dirección General, con las funciones de averiguar los delitos en general y perseguir a los delincuentes, y además con las siguientes funciones: Conocer de los delitos de vagancia, ratería (robos, hurtos, estafas y abusos de confianza de menor cuantía) y juegos prohibidos, de conformidad con lo dispuesto en el Decreto Ejecutivo número 20 de 17 de enero de 1910.

Además, debería descubrir los delitos contra la seguridad social y el orden público, los de falsificación de moneda y fraude a la Renta Nacional de esmeraldas.

SE FUNDA LA REVISTA DE LA POLICIA

El 14 de marzo de 1912, el doctor Gabriel González, Director General del Cuerpo de Policía expidió el Decreto 39, por medio del cual se funda esta publicación institucional; en esa época constaba de 20 páginas y se editaba en la Imprenta Nacional.

El 24 de marzo de 1912 la Revista hizo su primera aparición al público con un valor de 1 peso oro para la suscripción y un costo de 10 centavos por cada ejemplar.

SE ESTABLECE Y ORGANIZA LA ESCUELA DE PREPARACION Y SELECCIÓN DEL PERSONAL DE LA POLICÍA NACIONAL

Por Decreto número 32 de 4 de marzo de 1912 y con la atribución que confiere a la Dirección el Decreto Ejecutivo número 10 de 1896 para introducir innovaciones en el Reglamento General con la venia del Ministerio de Gobierno, se creó dicha Escuela con el objeto de instruir y educar convenientemente a los agentes y desarrollar en ellos las aptitudes y competencias necesarias para el mejor desempeño de su cargo.

Para tal efecto, del persona del cuerpo que prestaba sus servicios de vigilancia en Bogotá se escogieron cincuenta (50) agentes de los recientemente incorporados, para dedicarse única y exclusivamente a recibir instrucción durante el término de dos (2) meses.

Los agentes seleccionados recibían clases entre las siete (7) de la Mañana y las nueve (9) de la noche, excepto los domingos, las siguientes instrucciones: Instrucción militar, instrucción física, instrucción reglamentaria, instrucción civil e instrucción moral y religiosa.

A cargo del Inspector General del cuerpo estaba a cargo el cuidado de que los profesores e instructores de la Policía concurrieran puntualmente a las clases y dieran estricto cumplimiento a los respectivos programas de enseñanza. 

Escuela de Preparación 

IMPLEMENTACIÓN DE LA MEDALLA DE HONOR

Por primera vez en la Institución, gracias al interés del doctor González, se condecoró a un miembro de la Policía, esta acción quedó consignada en el Decreto 313 del 7 de marzo de 1912, por el cual se concede una me dalla de honor al Coronel Manuel A. Maldonado, quien “ha hecho su carrera por rigurosa escala, desde Agente de tercera clase hasta Subdirector del Cuerpo, cumpliendo 20 años de servicios en la Policía Nacional".

Coronel Manuel A. Maldonado

La Medalla Otorgada era de oro, con una cinta tricolor que llevaba las siguientes inscripciones: República de Colombia; y por el reverso : El Gobierno Nacional a Manuel A. Maldonado, Subdirector de la Policía Nacional, por su servicio leal y solicito durante veinte años. Decreto Ejecutivo número 313 de marzo de 1912.



SE ORGANIZA LA CAJA DE AHORROS EN LA POLICÍA NACIONAL

Por iniciativa del doctor Gabriel González el Gobierno Nacional en cabeza del presidente de la república Dr. Carlos Eugenio Restrepo dictó el Decreto 338 de fecha 13 de marzo de 1912 por el cual se instituyó la Caja de Ahorro de la Policía Nacional, con el 3% mensual de los sueldos de todos los empleados del cuerpo, el que se les descontaría de la última década de cada mes.

Dr. Carlos Eugenio Restrepo

El objeto de la Caja era el de “capitalizarle a cada miembro del Cuerpo una suma de dinero de que podrá disponer íntegramente al retirarse definitivamente del servicio”. Si llegara a fallecer, sus herederos tendrían derecho a retirar el ahorro.

Otro de sus objetos era el de pagar las hospitalizaciones de los miembros del cuerpo, de manea que, en caso de enfermedad, el empleado o su familia continuara disfrutando del sueldo entero mensual que le correspondía al enfermo.

Cada cinco (5) años los empleados del cuerpo tenían derecho a retirar de la Caja de Ahorros hasta el 75% de la cantidad capitalizada.

También, la Caja de Ahorros podía hacer prestamos hasta al 1% de interés mensual a los miembros del cuerpo que se hallaran en urgente necesidad  por calamidad domestica o revés de fortuna, etc.

ORGANIZACIÓN DEL SERVICIO EN LAS OFICINAS DE LA DIRECCIÓN 

La Dirección General, mediante Decreto 58 expedido el 26 de abril 1913, organiza este servicio por primera vez, señalando las funciones de los diferentes empleados y estableciendo que la Subdirección de la Policía “tiene a su cargo todo lo relacionado con la mecánica y administración del Cuerpo de Policía”. En consecuencia sustanciaría todo lo referente a excusas, permisos, licencias, hospitalizaciones, promociones, permutas y castigos de los miembros de la Policía Nacional.

 Entre otros aspectos, también disponía que los puestos de Jefe de Vigilancia y de Inspector de Permanencia se recibían y entregaban ante el Subdirector, a más tardar a las nueve (9) de la Mañana, todos los días.

ABOGADO DEFENSOR PARA EL PERSONAL DE LA POLICÍA

El Gobierno Nacional en cabeza del presidente de la república Dr. Carlos Eugenio Restrepo a solicitud especial de la Dirección General dictó el Decreto 444 del 15 de abril de 1912, creando el cargo de Abogado Defensor de la Policía Nacional, con el fin de amparar a los miembros de la Institución victimas de acusaciones injustas ante la justicia penal. Ocupó por primera vez esta posición el doctor Adolfo León Gómez.

ORGANIZACIÓN DE LA BANDA DE MÚSICA DE LA POLICÍA NACIONAL

Por disposición interna del 11 de abril de 1912 se procedió a organizar la Banda de Música la Institución, formada por treinta (30) agentes que desempeñan ese cargo sin perjuicio de las demás obligaciones de su empleo en el Cuerpo policial.

La Banda de Músicos prestaba sus servicios tocando en actos solemnes, revistas y marchas que con frecuencia tenían lugar en la Policía, así como, en las fiestas patrias, funciones religiosas y otras solemnidades que ocurrieran en la ciudad capital y sus alrededores, de donde frecuentemente la solicitaban con tal objeto las autoridades civiles o eclesiásticas u otras entidades. 

La Banda de Músicos tuvo como primer director al maestro José del Carmen Aguilera.

Banda de Músicos de la Policía Nacional

CREACIÓN DE LA OFICINA ANTOPOMETRICA DE LA POLICÍA NACIONAL

Como una dependencia importante de la Oficina e Investigación, se creó en el mes de mayo de 1912 el Gabinete de Antropometría o de Identificación Criminal, el cual se ha dotó con los estantes y demás útiles de que al principio carecía para su buen servicio, aquellos que fueron construidos acá en el país y aquellos traídos de Europa, de acuerdo a los adelantos modernos para la época y que facilitaran y perfeccionaran las operaciones de identificación y medidas.  

Dicho gabinete y el de fotografía anexo estaban a cargo de un oficial antropómetra y un fotógrafo, ambos versados en los últimos sistemas de identificación, o sean el de medidas inventado por M. Alfonso Bertillón y el de dactiloscopia o impresiones digitales, perfeccionado en la India Inglesa por Sir Edward R. Henry. 

primera ficha identificativa (Método Bertillon)

CREACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA OFICINA DE ESTADISTÍCA Y ARCHIVO

Mediante Decreto número 77 de 14 de junio de 1912 se creó la Oficina de Estadísticas y Archivo de la Policía Nacional y determinó su objeto, su extensión y los puntos precisos sobre que debía versar.

Desde su creación se empezó a reunirse allí toda la documentación de las diversas oficinas y Divisiones del cuerpo policial y a recoger los datos referentes al personal, al material, a la delincuencia y a la documentación de la Policía, hasta llegar a formar una Oficina tan extensa y completa en su ramo.

Se estableció que la estadística en la Policía Nacional estaba comprendida de la siguiente forma:

  • Estadística de personal
  • Estadística de material
  • Estadística de la delincuencia
  • Estadística de la documentación 

CREACIÓN DE UNA SECCIÓN DE POLICÍA EN EL ARCHIPIELAGO DE SAN ANDRES Y PROVIDENCIA ISLA

Creada por Decreto Ejecutivo número 696 del 5 de julio 1912, con destino a la vigilancia de esas islas, con 48 agentes al mando de un Comisario de segunda clase, personal que fue disminuido luego a 20 agentes y un Comisario de tercera clase, esta guardia policial fue distribuida en tres (3) escuadras, situadas, una en San Andrés, otra en Providencia y otras en San Luis, a larga distancia de las primeras.

REGLAMENTACIÓN DEL SERVICIO MÉDICO EN LA POLICÍA NACIONAL

Mediante Decreto 122 (septiembre 2) de 1912 la Dirección General reglamenta por primera vez este importante servicio de la Institución, representado por un (1) Médico Jefe, un Médico Ayudante, un Farmacéutico con funciones de inspector de Higiene y un Agente de tercera clase.

A pesar de no tener hospital o clínica propia, (el servicio lo prestaba el sanatorio de Marly, por contrato), Se disponía de un instrumental de cirugía comprado en Paris por el doctor González. Este Reglamento disponía que los enfermos excusados por los médicos permanecerán acuartelados durante el tiempo señalado y prestarán el servicio que no sea incompatible con la enfermedad.

CREACIÓN DE LA OFICINA DE INFORMACIÓN DE LA POLICÍA NACIONAL

Por Decreto 223 de noviembre de 1912 se creó esta Oficina, con el fin de atender mejor al público que acudía a solicitar informes o a tratar cualquier clase de asuntos públicos o privados que se relacionaban con la Policía Nacional.

Se dispuso que esta Oficina funcionaría en un local previsto convenientemente y situado a la entrada principal de las unidades policiales.  

SEPARACIÓN TEMPORAL DEL CARGO DEL DR. GABRIELGONZÁLEZ  EN 1913

A principio de 1913 estuvo separado durante seis meses del cargo, debido a una comisión oficial a los Estados Unidos. En su ausencia le reemplazó el coronel Guillermo González, subdirector del Cuerpo.

Al regresar González López, próximas las elecciones presidenciales para el periodo 1914-1918, dirigió al personal de la Policía un diciente mensaje que reviste actualidad y plena vigencia. Decía, en algunos párrafos:

"Alejado de la política, que anda tiene que ver con ella, el Cuerpo de Policía está en condiciones de llenar eficazmente las funciones que le corresponden. A pesar de que su personal es todavía escaso con relación a las necesidades que les toca atender, con una dirección inteligente como la que ahora tiene, puede, multiplicando esfuerzos, garantizar los derechos de todos los electores, habida la circunstancia favorable de que ninguno de sus miembros se ha de mezclar en la lucha, puesto que es su principal misión la de dar garantía efectiva a todos los ciudadanos, sin distinción alguna y velar por los intereses inmanentes de la sociedad y el orden público".

El director Gabriel González, continuó con renovado empeño su obra restauradora del prestigio y desarrollo institucionales. A su iniciativa se debieron igualmente los siguientes logros:

ORGANIZACIÓN DE LA POLICIA DE FRONTERAS

El Ejecutivo Nacional por Decreto 41 (enero 13) de 1913 reglamentario de la Ley 100 del 24 de noviembre de 1913 que autoriza al Gobierno para organizar y mantener la “Policía de Fronteras creó y organizó este servicio con secciones en Cúcuta, Arauca, Goajira, Orocué, Tumaco e Ipiales, fijando el personal y asignaciones correspondientes.

CREACIÓN DE LA PROVEDURÍA GENERAL DE LA POLICÍA NACIONAL

Por Decreto de la Dirección número 92 del 22 de enero de 1913, se crearon los puestos de Intendente General del Cuerpo y Ayudante del mismo, ambos dependientes de la Dirección y destinados a formar la Proveeduría General, que se encargaría de adquirir, contratar y suministrar, en mejores condiciones para el Tesoro Público, los elementos de material y equipo necesario para la Policía.

AYUDA PARA LOS PARIENTES DE LOS COMPAÑEROS QUE FALLECIERAN EN SERVICIO ACTIVO

Por Decreto 42 de fecha 25 de marzo de 1913 el Director General adiciona el Reglamento del Cuerpo, estableciendo “diez (10) centavos por una sola vez, como contribución de todos los miembros de la Institución para los familiares del compañero que fallecieran en servicio activo”.

FUNCIONES DEL INSPECTOR GENERAL

Mediante Decreto 49 fechado el 13 de abril de 1913 la Dirección fija las funciones del Inspector General de la Policía en su calidad de Fiscal. Disponiendo entre otras cosas que este funcionario Cuerpo, “concurriría con el Subdirector a los lugares de reuniones tumultuarias, incendios, inundaciones, etc., Para verificar que la atención de cada caso se preste con prontitud y eficacia”.

ACTUALIZACIÓN DEL REGLAMENTO GENERAL DE LA POLICÍA NACIONAL 

Para reemplazar el Reglamento la Policía Nacional, promulgado el 12 de diciembre de 1891, el doctor Gabriel Gonzáles asesorado por los más competentes empleados de la Institución, redactó el nuevo Reglamento General que constaba de 39 Capítulos divididos en 702 Artículos. Este Reglamento se emitió mediante Decreto 100 Bis (junio 2) de 1913 de la Dirección General, aprobado por Decreto Ejecutivo 683 del 30 de junio del mismo año.

LIBRETAS DE VIGILANCIA

Los datos que debe contener in libreta de direcciones del Agente de Vigilancia son reglamentados mediante Decreto 121 dictado por la Dirección General el 2 de septiembre de 1913 donde se establecía que “la libreta de Direcciones que debe llevar consigo cada Agente tendrá un índice alfabético que facilite la inmediata consecución del dato u informe necesarios”

ORGANIZACIÓN DE LA BIBLIOTECA DE LA POLICÍA NACIONAL

Como un elemento más de instrucción general para todos los miembros de la Policía, se organizó la Biblioteca o Salón de lectura que nominalmente existía en la misma Escuela de Preparación para Agentes.

Su creación se realizó mediante Decreto 224 del 24 de noviembre de 1913, disponiendo el nombramiento de un Bibliotecario y su funcionamiento era durante las horas útiles del día y algunas de la noche. 

SE ORGANIZARON LAS CLASES DE INGLES EN LA POLICÍA NACIONAL

Mediante Decreto número 225 del 24 de noviembre de 1913, se dispuso la contratación de un profesor de inglés, a fin de que los alumnos que hicieran el curso primero o elemental siguieran recibiendo la clase en grado superior e ingresaran otros al curso primero.

Se contrató también otro profesor de este idioma para capacitar los agentes de la Isla de San Andrés y Providencia, debido a la inmediata necesidad de entenderse con los nativos de la isla, que no hablaban el castellano.

SE FUNDÓ EL MUSEO CRIMINAL DE LA POLICÍA NACIONAL

Con un objeto semejante y para fomentar la historia de la criminalidad, obtener y conservar datos, documentos y objetos referentes a ella y estimular los estudios criminológicos en la Policía Nacional, se fundó un Museo Criminal por el Decreto número 227 del 25 de noviembre de 1913, el cual fusionaría bajo la dirección y dependencia de la Oficina Central de Investigación Criminal  y se formó recogiendo y coleccionando objetos que hubieren sido materia o elemento de crímenes célebres o interesantes en algún concepto y anotando los principales datos o circunstancias relativas a ella.

En dicho Museo se formó también una Galería con los retratos de los criminales célebres, sitios en donde era su accionar, retratos de las víctimas, colecciones anatómicas, etc.

CREACIÓN DE LA ESCUELA DE DETECTIVES DE LA POLICÍA NACIONAL

Atendiendo la recomendación del doctor González, el Gobierno nacional presidido por el Dr. Carlos Eugenio Restrepo, por medio del Decreto 311 del 13 de marzo de 1914, creó en la Policía Nacional la Escuela de Detectives para el estudio de las artes y ciencias necesarias para la investigación criminal, la organización y funcionamiento de esta Escuela fue reglamentado por Decreto 102 del 3 de abril del mismo año, emitido por la Dirección General.

OTROS LOGROS DE SU GESTIÓN

El doctor Gabriel González López durante su gestión como director logró que el gobierno nacional incrementará el personal a 2.024 hombres y obtuvo un reajuste de sueldos, actualizó la Policía de Ferrocarriles, destinó una sección de policía a servicios extraordinarios y otras muchas acciones para el  desarrollo de la Institución, por todo lo anterior el Doctor Gabriel Gonzáles fue llamado director excepcional, por los profundos cambios y transformaciones que realizó en todos los campos de la Institución, para marcar así una época de progreso y desarrollo. 

La apoliticidad e imparcialidad del doctor Gabriel González López quedo plasmada en una circular expedida a fines de 1913, en la cual se decía entre otros aciertos, éstos que se transcriben: < La Dirección General de la Policía nacional cree conveniente hacer conocer, tanto del público como de los empleados, el criterio que la guía en el nombramiento y conservación de los empleados del Cuerpo, para evitar malignas interpretaciones>.

<No se tiene en cuenta absolutamente la calidad política de los empleados. Por eso existen en el Cuerpo hombres de todos los colores y matices políticos como es público y notorio, tanto en los nuevos como en los antiguos empleados>.

< No se admiten ni se conservan empleados politiqueros, los que hacen propaganda, los que a todo, le dan interpretación o sentido político, los que se valen del puesto que ocupan con fines políticos, porque éstos son incompatibles con la alta misión social de la Policía>.


jueves, 10 de agosto de 2023

CARLOS EUGENIO RESTREPO Y LA POLICIA NACIONAL

PRESIDENTE CARLOS E. RESTREPO Y LA POLICIA NACIONAL

Quisiera antes de adelantarnos en la maravillosa y fecunda vida de Carlos E. Restrepo, remontarnos al momento histórico que vivía el país y la institución.  

Como Policía Nacional nacimos como tal a la vida republicana en 1891, por la ilustrada decisión del Doctor Carlos Holguín Mallarino, quien, en su condición de designado del Doctor Rafael Núñez, ejercía la Presidencia de la República.  En ejercicio de sus facultades expidió el decreto 1.000 del 5 de noviembre, por el cual se creó el cuerpo nacional de policía, ordenando al Ministerio de Gobierno dictar los reglamentos y demás normas que permitieran su desarrollo.

Pero como empresa tan ambiciosa y de tan hondo significado, requería los conocimientos y la asesoría de un experto en materia de seguridad, se contrató la asistencia del gobierno francés, el cual comisionó al destacado comisario especial, don Juan María Marcelino Gilibert, a quien cupo la honra de fundar y organizar a la institución que para estas calendas, traspasa la cumbre venerable de más de una centuria. 

La culminación del siglo XIX, coincidió con una de las épocas más luctuosas de la historia republicana, ensombrecida por una guerra civil de inspiración partidista, que asoló el terrorismo y diezmó irrazonablemente nuestro pueblo.  A ella no fue ajena la institución cuyos integrantes, en su gran mayoría fueron enviados a los escenarios de conflicto, siendo reemplazados por elementos carentes de idoneidad, con el concebido detrimento a su estructura y organización.

Superada la crisis política, la institución continúa en sus esfuerzos por alcanzar su verdadera consolidación y es así como aparece la figura del Doctor Carlos E. Restrepo. Siendo Presidente de la República en el año de 1911, genera la primera reorganización sustancial en la institución, que se patentiza en la introducción del sistema antropométrico, la organización del primer grupo de policía judicial y de la primera escuela de preparación de agentes.  Así mismo se creó la banda sinfónica de la institución y nuestro órgano de divulgación la revista de la Policía Nacional en 1912.  

Siendo su director el Doctor Gabriel González.  Mediante el decreto 42 del 25 de marzo de 1912, se crea el auxilio mutuo para los casos de muerte de un miembro de la policía, siempre y cuando no fuere por suicidio.

Podemos señalar entonces, que algunos de los aportes, que Carlos E. Restrepo hizo a la institución de la Policía Nacional, son hondos y significativos, amén de observar en sus actos administrativos, públicos y privados, una inmensa bondad con los más necesitados y desprotegidos.

Permítame compartir con ustedes, después de recrearme con la lectura en sus ensayos y artículos, que en su momento publicará en la revista semana, 1914-1921 algunos conceptos de policía que para entonces, manejará con diáfana claridad nuestro ilustre presidente.

En el programa adoptado por la convención nacional del partido republicano, elaborado por el doctor Carlos E. Restrepo, sostenía: “Por disposición de la naturaleza, todos los ciudadanos de un país vienen a encontrarse atados por los más estrechos vínculos de solidaridad cuando llega el momento de pagar las faltas o los errores cometidos, por los de arriba o por los de abajo.  En la mecánica social, no hay falta, ni error que deje de producir el efecto que le corresponde; esos efectos se acumulan calladamente, y cuando sobreviene la catástrofe, ella no distingue entre Giles y Negretes; barre por parejo.  La inseguridad perjudica y alarma por igual a todos; una mala administración de justicia o un mal servicio de policía, daña lo mismo a los amigos que a los adversarios del gobierno; todo el mundo pierde cuando se malgastan los dineros públicos, porque todo el mundo tiene que contribuir para formar el tesoro común; tan arruinados quedaron los conservadores, como los liberales, por el papel moneda; y de una guerra civil tantas heridas sacaran en el cuerpo y en el alma los unos con los otros.  No importa averiguar quién ha barrenado el barco, basta saber que el naufragio es igual para todos los que van a bordo.  Y esto es y será así, aún contra la voluntad de los hombres”.  Pareciera que Carlos E. Restrepo estuviera viviendo la Colombia en la que hoy estamos viviendo los colombianos.

EL HOMBRE Y EL CIUDADANO

Descendiente de un primer López de Restrepo que vino a Antioquia.  Existe certeza que fue Envigado donde comenzó a fecundarse esta noble familia.  Carlos E. Restrepo nació en Medellín el 12 de septiembre de 1867 en el seno de una familia de raigambre ibérica.  Por ambas líneas de su filiación, corría la sangre de los Restrepo, era de la misma estirpe del historiador de la independencia José Manuel Restrepo, y del integérrimo magistrado y profesor de filosofía y derecho en Popayán y Santa fe de Bogotá, José Félix Restrepo.  Su padre Pedro Antonio Restrepo, su madre doña Cruz Ana Restrepo Jaramillo.  Por su sangre y espíritu estuvo predestinado para el servicio de la patria.  

Etimológicamente su segundo nombre “Eugenio” significa el bien nacido.

El 16 de abril de 1890, se casó con doña Isabel Gaviria, sus hijos fueron Carlos Ignacio, Adolfo, J. Mario y Vicente, sus hijas Tulia, la primogénita, Isabel, Sofía, Ana y Margarita.

A su hogar la escuela y al seminario conciliar, fue deudor Carlos E. de su formación religiosa, académica y profesional.  Su ficha biográfica destaca la probidad y entereza de su carácter.   Afinó sus dotes y sus conocimientos de abogacía, en el despacho de los jurisconsultos Pedro Antonio Restrepo Escobar su padre y Alejandro Botero Uribe.  Su currículum vitae nos ilustra sobre su brillante carrera profesional y académica; funcionario de instrucción pública, secretario de juzgado superior, fue superior del circuito de Antioquia, cargos desde donde hizo honor al culto por la justicia tradicional entre los suyos.  Secretario de Gobierno, rector de la Universidad de Antioquia donde logró reformas estructurales muy importantes, profesor de derecho romano, economía política y derecho constitucional, presidente de la república durante el cuatrienio 1910 a 1914, ministro de gobierno del presidente Olaya Enrique Herrera.  – No sé si para la época pudiese ser normal, que alguien después de ser presidente aceptara ser ministro, si no es así, podemos significar una vez más su nobleza y su grandeza -; después de su período presidencial regresó a Medellín a trabajar en la industria privada.

El 19 de julio de 1891 fue elegido presidente de la sociedad San Vicente de Paúl de Medellín, y bajo su dirección, sin ruido alguno, como quien cumple la función ordinaria anexa a la condición de existir, repartió a la sociedad las 20 primeras casas para familias desvalidas que se construyeron en esta ciudad, practicó las obras de misericordia corporales y espirituales y tuvo generosas preocupaciones por mantener incólume la pureza de las costumbres y de la doctrina católica.

 Del 25 de abril al 22 de octubre de 1889, dirigió 134 números del “correo de Antioquia” donde mostró sus grandes dotes de periodista, desde el periódico conservador republicano que terminó por causa de la guerra. 

No obstante, su espíritu pacifista creyó de su deber tomar armas en defensa de las instituciones vigentes e hizo campaña con el grado de General como Jefe de Estado Mayor y Comandante Divisionario del Ejército, que obedecía a las órdenes del General Pedro Nel Ospina.

La antinomia de esta actitud bélica, podría construir uno de los tantos aspectos por los cuales él mismo llamó a Colombia “País único”, pero una actividad más acorde con su temperamento le fue asignada en medio de la misma guerra por el gobernador don Abraham Moreno, fue llamada a la rectoría de la Universidad de Antioquia, que había sido clausurada en 1900 y su edificio destinado para cuartel.

Carlos E. Restrepo fue considerado como el más apto para llevar a feliz término la reapertura e inicio de clases, propósito que logró de manera magistral, poniendo en marcha sus ideas en torno al papel de la educación y la ciencia en el desarrollo regional.

Quisiera que nos detuviéramos por un momento para remontarnos a la vida política de este gran hombre cuando en 1909 como Congresista se distingue por la fiera oposición a lo que quedaba de la anteriormente denominado “Reyismo”.  Inicialmente se negó a lanzarse como candidato a la asamblea; además, los representantes por Antioquia no respaldaban su candidatura debido a su participación activa en el republicanismo.  Rápidamente Restrepo fue incluido entre los presidenciales en la asamblea nacional constituyente de 1910 con José Vicente Concha y Guillermo Quintero Calderón; Restrepo y Concha eran conservadores. 

El 15 de julio de 1810 a los 42 años Carlos E. Restrepo ganó con 23 votos de la asamblea contra 18 de Concha.  El 7 de agosto de 1910, recibió el mando del Presidente Ramón González Valencia constituyéndose en el primer mandatario antioqueño electo que llegaba al palacio como titular.

Fue elegido para sorpresa de muchos, que lo consideraban tan solo un periodista de provincia que había asistido al congreso en 1909.  Puede denotarse su vertiginoso ascenso a las más altas dignidades de nuestra patria.

Carlos E. Restrepo era conservador, pero decidió no gobernar para un partido, sino, para los colombianos, lo que muchas veces le ocasionó problemas, pues había quienes se sentían con derechos adquiridos.  

Le correspondió arreglar el problema con los Estados Unidos por lo de Panamá, condición indispensable para normalizar las relaciones con dicho país, con el cual se habían mantenido tensas por el apoyo del presidente Roosevelt a la separación de Panamá, entre los actos memorables de su administración se cuenta la celebración del tratado del 6 de abril de 1914, entre el ministro de relaciones exteriores Doctor Francisco José Urrutia y el ministro americano Míster Thadeus Thompson, por dicho pacto, los Estados Unidos manifestaron su sincero pesar por los sucesos ocurridos en Panamá en 1903 reconocían una indemnización de 25 millones de dólares y concedían unas franquicias a Colombia en el transporte a través del Canal Oceánico.  Dicho tratado solo vino a hacer aprobado definitivamente con algunas modificaciones en 1922.

Hizo increíbles economías – llegó hasta rebajar su propio sueldo de 1.000 pesos a 800 pesos- saneó la hacienda pública, aumentó el producto de las rentas sin crear nuevos impuestos, implantó reformas legales e impulsó obras de progreso y trató de “aclimatar la costumbre de la paz” entre sus compatriotas, pero no siempre lo logró.

Entre el Doctor Carlos E. y el Doctor Enrique Olaya Herrera existía estrecha amistad, pues durante la dictadura de Reyes, el Doctor Restrepo obtuvo de aquel, y don Felipe Escobar, detenidos en el presidio de Cartagena, fuesen liberados, por lo cual ambos vivieron eternamente agradecidos.

Una vez elegido el doctor Olaya Herrera, obtuvo que el doctor Carlos Restrepo fuera su Ministro de Gobierno.  Regresó, pues, al poder en este altísimo cargo que no buscó, que no quería, que trató de rehusar- como se prueba en la correspondencia insertada en el tomo “Cartas familiares”, y en el cual estuvo desde 1930 hasta mediados de 1931.

Aunque el presidente no lo quería dejar retirar, finalmente tuvo que acceder a ello y lo nombraron Embajador ante la nueva sede.

Rasgos característicos de la personalidad del primer presidente antioqueño de ese siglo fueron sus republicanismos, su probidad, y la entereza de su carácter.  Su noble estampa estilizada para un relieve helénico tenía el sello de la distinción y la grandeza dentro de su misma sencillez y honestidad.  Su palabra sentenciosa acuñó en fórmulas imperecederas el diagnóstico y el remedio de los males que aquejaban a la república.

Carlos E. Restrepo es una de las regias personalidades de la historia política de Colombia.  Por su pensamiento y su acción, debiera ocupar un sitial más destacado del que realmente ocupa.  Su imagen de buen administrador y colombiano como el que más, se suma a su labor como docente y al trabajo periodístico que desarrolló desde el diario de la República.  Casi nadie en la entrañable tierra antioqueña y martirizada República vuelve los ojos hacia las páginas de sus ensayos y artículos periodísticos, para informarse de su contenido lleno de cordura y grandeza.  Solamente un mandatario paisa a su paso por el palacio del Calibío, recordó el valor de su pensamiento y trató de divulgarlo mediante la publicación de un libro titulado “Carlos E. Restrepo antes de la presidencia…

De este último hablan muy claramente estas tres anécdotas, tomadas textualmente de su obra “Orientación Republicana”, veamos:

“…La víspera de mi posesión (sábado 6 de agosto) continúe al medio día una serie de conferencias que tenían con el presidente que iban a salir, general Ramón González Valencia.  En esta conversación luego de hablar sobre candidaturas ministeriales y de asistir porque yo aceptara sus puntos de vista, que yo no compartía totalmente, me dijo en tono bien decidido:

-Es que si usted no nombra el ministro que le he propuesto, yo no puedo responder que el ejército le permita posesionarse mañana…

Se me subieron a la cara sangre y coraje, tomé el sombrero y con energía le contesté:

- Suceda lo que sucediere, mañana salgo para la asamblea a cumplir con mi deber, posesionándome de la Presidencia de la República.  Veremos si usted sabe cumplir con el suyo, obligando al ejército a que respete esa posesión.

-Y oiga usted general: si yo fuera tan pusilánime para nombrar un ministro por imposiciones o amenazas no tocaría con mis manos la banda de los Presidentes de Colombia, para colocarla en un pecho indigno y cobarde y salir precipitadamente.

A pocos momentos se presentaron a mi hotel los docentes Cadavid y Abadía Méndez, enviados de carrera por el General González Valencia, a presentarme excusas en nombre de éste, y a decirme que yo había interpretado mal sus intenciones: que él apoyaría mi posesión, costara lo que costara.

Veamos otra anécdota.

“…Unos quince días después de estar ejerciendo la Presidencia, hube de pensar en proveer el Ministerio de Guerra, porque el nombrado, General Juan Bautista Valencia, no podía aceptar.  En estas condiciones se presentó al palacio el General Benjamín Herrera; desde luego, el General me planteó el problema del ministerio, y con el modo terminante que le era peculiar, me dio su candidato.  La conversación se entabló en términos muy moderados y cometidos, y del mismo modo argüí que no me era posible nombrar al que él deseaba.  Él se fue exaltado con la contradicción (lo que también le era peculiar) hasta pretender imponérmelo, recordando que mi elección, a él en gran parte se debía.


- Eso es verdad, repliqué vivamente, pero yo a nadie le pedí un solo voto, ni con ninguna persona contraje compromiso de ninguna especie; y una vez nombrado presidente, yo solo tengo que asumir la responsabilidad de mis actos y responder por ellos.  Tengo mucho gusto, general, en oír sus opiniones y seguirlas en cuanto me fuere dable; pero debo recordarle que el Presidente de la República soy yo.

- Trémulo, se levantó del asiento, tomó el sombrero y me dijo:

- Entonces, a los liberales no nos queda más camino que el de los campamentos…

Le contesté:

-Usted es libre para tomar el que quiera; pero, así como tengo derechos que ofrecer a todos los partidos por igual, creo tener fuerzas bastantes para oponer a cualquier revolucionario.

LA REALIDAD POLITICA Y SOCIAL

Tres guerras sucesivas fueron la consecuencia del dogmatismo y de la intolerancia en materia política: 1895 y 1889.  La del 99, llamada de los mil días, fue la más larga y funesta de todas.  El autor del prólogo “Carlos E. Restrepo antes de la presidencia” anota que “En las dos últimas décadas del siglo XIX, el país dio un salto en el vacío, que fue la transición entre dos fanatismos extremos:  el fanatismo liberal radical, y el fanatismo-centralista autoritario.  Sin solución de continuidad y sin proceso evolutivo, fuera de tres guerras sangrientas, el país languideció entre dos radicalismos, entre dos intolerancias, entre dos dogmatismos, entre la adquisición-radical, y la inquisición de Caro, Sanclemente y Marroquín.! Es la triste realidad.  En la vida real, en los hechos vivientes, nuestra república padecía, sufría y languidecía, víctima del mismo mal.  En intolerancia, que fue el común denominador de ambos sistemas.  No hay diferencia entre las actitudes del señor Caro y su grupo nacionalista ante la carta primitiva de 1886 y la del olimpo radical ante la carta federalista de 1863.

Originalmente fueron –estas memorias- una serie de artículos publicados por el tiempo en 1938.  En la cuarta etapa de carátulas se lee: “De octubre de 1899 a noviembre de 1902, en un país de 5 millones de habitantes, alrededor de 80.000 colombianos, perecieron en los campos de batalla.  Casi todos habían sido reclutados a la fuerza, entre los campesinos arrendatarios de las grandes haciendas.  Y ninguno de ellos supo nunca que el 6 de noviembre de 1903, una vez firmada la paz entre los dirigentes de los partidos, un oficial de la marina norteamericana izaría la bandera de la nueva República de Panamá en un departamento de Colombia”.

Como resumen de lo que significó Carlos E. Restrepo para nuestro país, quisiera destacar su grandeza, transcribiendo parte del prólogo del libro Carlos E. Restrepo, que escribiera Adolfo León Gómez donde puede apreciar la polifacética personalidad del insigne republicano antioqueño:

Como ensayista, culto, informando del acontecer de su tiempo.

Como periodista, generoso, polémico, desinteresado y honesto.

Como hombre de hogar, capaz de desdoblarse en una inmensa ternura.

Como gobernante, ejemplar, recto, justo, honrado y providente.

Como expresidente, elegante en la conducta y sobrio en el proceder.

Como ministro de gobierno, después de haber sido presidente, ecuánime, sabio, buen juez de la conducta de los hombres, y , en cierto grado escéptico.

Para terminar, quisiera expresar nuestro sincero agradecimiento al señor BG (RP) Guillermo Julio Chávez Ocaña por tan excelente investigación que aparece en el cuaderno histórico de la Academia de Historia de la Policía número 07, publicado en septiembre de 2001.