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viernes, 5 de enero de 2024

Espíritu Institucional, voluntad y eficiencia

 

Espíritu Institucional, voluntad y eficiencia.

¿Podría decirse que todos, absolutamente todos los integrantes de la Policía Nacional de Colombia poseen en el grado necesario lo que podríamos llamar espíritu institucional? Muy seguramente que el análisis de la realidad nos llevaría a la conclusión de que si la mayoría    -hecho a todas luces innegable- lo posee, hay sin embargo un número reducido de ellos que lo desconoce, o mejor dicho, no ha querido desarrollarlo en la forma que los intereses del entidad y el bien de la institución, lo reclaman.

Y ¿Cuál es, o en qué consiste ese espíritu institucional? El espíritu institucional es, o puede ser, un sentimiento vocacional, un afecto profesional y un deseo de mejoramiento y superación colectivo.

Es un sentimiento vocacional puesto que sin él, nadie podrá servir con gusto, con cariño, con ánimo y con entusiasmo a los intereses de la institución policial.

Es un afecto profesional, ya que el desempeñar a cabalidad las funciones propias de la Policía, requiere inclinación especial, disposición de ánimo y, hasta podría decirse, apasionamiento fervoroso por todo lo que tenga relación con el cumplimento del deber. 

Y es, por último, un deseo de mejoramiento y superación colectivo, pues sin ese deseo no hay progreso posible y toda labor, así fuese la más insignificante, quedaría estacionada y la Policía Nacional no pasaría de ser un simple organismo pasivo que funcionaría mecánica y rutinariamente.

Hoy, notamos con frecuencia, especialmente en aquellos hombres y mujeres policías que aún no han adquirido la experiencia suficiente del trasegar por la vida institucional (Obviamente sin llegar a generalizar), cierta falta de entusiasmo y de ánimo para el desempeño de sus funciones, limitándose a ejecutarlas y cumplirlas dentro de una indolente rutina. Y son esos mismos funcionarios, que individualmente poseen grandes condiciones morales, no desarrolladas, los dados a emitir conceptos de inconformidad y descontento y los que a todo momento sólo se preocupan de encontrar en las cosas sus fallas y defectos. 

Este proceder, que por otra parte obedece al hecho de que ellos no han comprendido suficientemente las dificultades y tropiezos que hay que estar venciendo para el perfeccionamiento de un vasto organismo cómo lo es la Policía Nacional, lejos de provocar la solución que ellos desearían, y que en fin de cuentas nada de raro tuviese que fuera la acertada, complica su conquista y retarda su ejecución puesto que para el logro de anhelos semejantes, antes que la inconformidad y el descontento, se requiere una integridad de ánimo y una compacta y decidida cooperación de todos los miembros de la Institución.

¡Cuántos de ellos quisieran -como todos lo anhelamos – ver en la Policía Nacional una institución sin tacha alguna! Pero, ¡cuántos también, no quieren comprender todo lo que se ha logrado, el innegable adelanto estructural, funcional y tecnológico alcanzado por la Institución y el constante esfuerzo de sus dirigentes por hacer de ella un organismo cada vez más y más optimo! Bastaría ojear retrospectivamente en los anales históricos lo que era en otrora la Policía Nacional y compararla con lo que hoy es ella, para sentir en el ánimo la más grata sensación de optimismo. Esa transformación benéfica, que en Instituciones similares requirió muchísimo más tiempo y se adelantó con mayor lentitud, debe ser para ellos el mejor ejemplo y el más grande estímulo. 

Y deben comprender -porque así ha sido- que para llegar hasta el estado actual, ha sido contingente valioso y fecundo, la voluntad siempre resuelta, la abnegación constante y la consagración permanente de grandes servidores policiales, muchos de ellos anónimos, que nunca exigieron para sí mayor recompensa que la satisfacción del deber cumplido y el realizado anhelo de ver realzada su Institución a la que sirvieron con dilección y afecto. Cuántos también, lejos hoy de sus filas, mirarán asombrados la senda de progreso por ella recorrida y sentirán en sus espíritus la pesadumbre de su desconfianza, porque ellos en la etapa inicial, fueron también inconformes!

Otros, muy distintos por cierto, son los procederes y los sentimientos que deben animar a quienes aspiran que la Institución llegue en corto término a la meta ambicionada. Una voluntad encaminada hacia la conquista de la eficiencia es el mejor aporte para esta labor. El día en que todos, ya sin excepción alguna, hayan conquistado este atributo, se verá cuán fácil es colaborar efectivamente a ese anhelo inmenso que todos abrigamos.

Lo importante es construir, no destruir. Esto último es lo que se logra cuando se actúa bajo la influencia de sentimientos negativos como son el desaliento y el abandono de nosotros mismos. La murmuración y la crítica sin fundamento, destruyen. La voluntad y la eficiencia, edifican. Aplicarse a tener una mayor eficiencia es contribuir inapreciablemente al progreso de la Institución. No deben verse de ella sus defectos; véanse sus cualidades y el progreso a que ha llegado, que aumentándolo se opacarán aquellos definitivamente.

El individuo que sirve a su profesión con fe, con entusiasmo y con cariño, no siente ni la fatiga ni el cansancio. Trabaja con agrado si dedica plenamente a sus actividades lo mejor que de sí puede dar. Desarrollando el espíritu de compañerismo, de cooperación, de iniciativa y de trabajo, creará a su alrededor una atmosfera de satisfacción, de tranquilidad y de alegría, y se verá rodeado del aprecio de sus compañeros y superiores.

El esfuerzo individual, la firme voluntad de mejorar cada día, llevan a la superación colectiva y es el tributo más hermoso y valioso para el bien de la Institución. Propongámonos desarrollar en nosotros el espíritu institucional, no amemos a nuestra Policía contemplativamente, cooperemos siquiera con un grano de arena a esa gran obra de constante transformación y llevemos a nuestro ánimo la convicción de que sólo haciendo la respetable y prestigiosa, habremos realizado algo en beneficio propio.

La más grande satisfacción de una obra hecha, es verla realizada.


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