Blog elaborado por el Comisario (Reserva Policial) Fernando García Fernandéz, que compila hechos trascendentales de la Policía Nacional de Colombia y cómo estos influyeron en la historia del país.
Corría el año de 1893. La República de Colombia era dirigida por Miguel Antonio Caro, en calidad de Vicepresidente Encargado del Poder Ejecutivo, vivía un período caracterizado por la inconformidad de algunos sectores políticos, con relación a ciertas medidas del Gobierno.
Fotografía de Miguel Antonio Caro -1893-
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Antonio_Caro Hacía un año y quince días, la Policía, técnicamente organizada, había iniciado en Bogotá su noble labor de garantizar el orden público interno en sus aspectos de tranquilidad, seguridad y salubridad. El Gobierno Nacional por Decreto 400 de 12 de enero firmado en Ubaque-Cundinamarca (Lugar de veraneo) había designado, por segunda vez como Director del Cuerpo Policial, al benemérito francés Comisario Especial Juan María Marcelino Gilibert, quien se aprestaba a tomar posesión de su cargo.
Fotografía de Juan María Marcelino G.
Esta era la situación del país y de la Institución al amanecer del domingo 15 de enero de 1893. En los días anteriores, con motivo del artículo "LA MENDICIDAD" publicado por Ignacio Gutiérrez Isaza en el periódico "COLOMBIA CRISTIANA" (un periódico cercano a la Curia Arzobispal), el 14 de diciembre de 1892, Los textos tenían como objetivo explicar la causa de la miseria de los artesanos, la cual, a juicio del autor, era consecuencia del consumo de chicha y del poco interés por el ahorro y la previsión de obreros y trabajadores. Los artesanos de la Sociedad Filantrópica, bajo la presidencia de José Leocadio Camacho, rechazaron tajantemente el escrito por considerarlo una calumnia. En grupo, expresaron su inconformidad al sentirse discriminados por el desempeño de sus oficios y la falta de reconocimiento social y del Gobierno. La Sociedad Filantrópica insistía en que Gutiérrez debía retractarse de sus comentarios, pero ninguna demanda fue admitida. Y fue a las cuatro (4) de la tarde del domingo 15 cuando en la "Calle del Gasómetro" apareció un numeroso grupo de personas que se dirigían a la casa de la familia Gutiérrez Isaza, situada en la Carrera 14, profiriendo toda clase de ofensas y amenazas. La Policía que había sido alertada con anticipación, tenía establecido un servicio de protección con personal de las Divisiones Central, 1ra y 2da, al mando del Comisario de 2da clase Ignacio Antonio Rodríguez, quien impidió oportunamente los intentos de los agresores de penetrar a la casa de los Gutiérrez. De la Primera arremetida a piedra de los exaltados, resultaron heridos los agentes Tomás Pombo (Fractura y herida abierta de la nariz) y Ramón Medina (fractura del cráneo). Durante estos hechos la Policía arrestó a gran parte de los manifestantes como medida pertinente para proteger la vida de Ignacio Gutiérrez Isaza y su familia. A partir de esta hora y hasta las doce (12) de la noche, la turba no cesó de lanzar ultrajes y piedras contra la casa de los Gutiérrez Isaza que la Policía defendía con tenacidad y abnegación, recibiendo igualmente agresiones de palabra y de obra, sin acudir a medidas extremas para evitarlo. Así llegó el día lunes 15 de enero. A las once (11) de la mañana gran cantidad de individuos aún indignados por las afirmaciones del periodista y por el arresto de varios trabajadores, algunos artesanos promovieron una protesta pacífica encabezada por Félix Valois Madero, quienes se reunieron en el "Puente de San Francisco", de donde se dirigieron a la casa del Ministro de Gobierno General Antonio B. Cuervo, situada a inmediaciones del "Puente Colgante", exigiendo que se pusiera en libertad a las personas retenidas por la Policía el día anterior y la imposición de la Ley de Prensa contra Gutiérrez, pero el funcionario no los atendió (por encontrarse enfermo), circunstancias que aumentó la rabia en la multitud que seguidamente se encaminó de nuevo a la casa de los Gutiérrez Isaza.
Puente de San Francisco y al fondo, la Plaza de las Hierbas que corresponde al Parque Santander - Bogotá, Colombia- 1893
Fotografia publicada por Alejandro Fischer en Fotos Antiguas de Bogotá
Fotografía del General Antonio Basilio Cuervo
Ministro de de Gobierno -1893-
Fotografía Tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Basilio_Cuervo.
Eran las tres (3) de la tarde cuando la turba reinició la agresión a la casa de Gutiérrez que se encontraba custodiada por personal de las Divisiones de la Policía al mando del Comisario Ángel María Gutiérrez. Cuando ya los revoltosos tenían roto el cordón policial con el empleo de armas de fuego, machetes, cuchillos, garrotes, piedras, etc., uno de los agentes que se encontraba derribado, disparó su "Remington"(fusil de esos tiempos), causándole la muerte instantánea a Isaac Castillo, uno de los atacantes. Aunque este imprevisto incidente contuvo parcialmente la furiosa arremetida de la multitud, momentos después los amotinados, con el cadáver de castillo recorrieron el centro de la ciudad protestando contra el Gobierno y la Policía, cometiendo por las calles por donde pasaban, toda clase de desafueros y destrozos, obnubilados por el licor y por la incitación de agitadores extremistas.
El Comisario Jefe Wenceslao Jiménez- jefe de la División de Seguridad-, dice en el parte rendido al Director General de la Policía sobre estos sucesos: "Al llegar a la Plaza de Bolívar me encontré con el motín que venía desde Santa Barbara, bajando por la calle de San Carlos, con banderas negras y coloradas, y armados de garrotes, peinillas, cuchillos, piedras e instrumentos de varias clases y lanzando más o menos estos gritos: "Abajo el Gobierno", "Abajo la Policía", "Viva el partido Radical", "Viva el pueblo", "Vivan los artesanos" y A la Comuna! y El 93! . La Comuna aludía los sangrientos motines ocurridos en París, veinte años antes. Esta desenfrenada turba, haciendo gala y ostentación del crimen, destruyó todos los útiles y elementos de la comisaría de la 5ta Circunscripción, a donde entraron, con fuerza, quebrando muebles y rompiendo parte del archivo. "Serían ya como las cinco (5) de la tarde; parte de los amotinados se encaminó al local de la Dirección General (calle 10) y parte tomó por la calle Real, en dirección a San Diego, en el mayor desorden, con el propósito, según se veían de aniquilar todo elemento relacionado con la Policía, cosa acordada hace meses en juntas secretas contrarias al Gobierno, que reputan a la Policía como obstáculo insuperable para sus fines, y llevar su estandarte anarquista y disociador por los ámbitos de la culta y cristiana capital, la cual veía espantada esa turba de salvajes representada en individuos hasta ayer hombres honrados y pacíficos, pero suficientemente incitados por hombres depravados y de una conciencia manchada y tenebrosa, que se apoderaron de sus ánimos".
Fotografía del primer mártir de la Policía
Agente de tercera clase Julio Martínez
Asesinado por amotinados en 1893
Acto seguido llegaron a la 3ra División situada en la calle 24, rompiendo los muebles y útiles de la Comisaría, cometiendo todo género de violencia, destruyendo la documentación y robándose los objetos de algún valor. Seguidamente pasaron a la 2da División (San Francisco) en donde se hallaba de centinela el Agente de Tercera Clase Julio Martínez, quien después de heroica resistencia es asesinado a machete y palo por los amotinados al igual que una mujer que se había refugiado en el local de la Comisaría. A continuación, llegaron a la 4ta División (calle 14) en donde el personal que la defendía se vio precisado a retirarse ante la superioridad numérica de los revoltosos que incendiaron todos los elementos y archivos de las oficinas. El parte del Comisario Jefe Wenceslao Jiménez agrega, sobre lo ocurrido más tarde: "Como a las cinco (5) la tarde, otro grupo numeroso se aproximaba al local de la Dirección en movimiento bélico, con el propósito según se veía de dirigir su ataque contra el local de la Policía ubicado en el Hotel "Universo", y las gentes con piedras, instrumentos y armas de distinto género ya habían hecho otro empuje en las primeras horas de la tarde, causando heridas de gravedad en los agentes, sin que aún ellos hicieren uso de su legítimo derecho de defensa; pero en este momento hallándose parte de los agentes estacionados frente al local indicado, el Jefe de Día del Ejército Nacional previno a la Policía se retirara a su cuartel a fin de evitar un nuevo conflicto, así se hizo, y en el acto en que los amotinados vieron retirarse a los agentes y cerrar las puertas del edificio, creyeron llegado el momento oportuno de apoderarse del local policial, y en virtud atacaron a piedras y disparos los balcones y puertas; los empleados y agentes estuvieron resistiendo con mayor calma aquellos actos de violencia, aquellas constantes y repetidas agresiones de un pueblo bárbaro y exaltado, que tenía puesto en juego sus instintos de furor y de venganza. Usted señor Director con su impavidez e inteligencia reconocidas, nos dirigía y aguar el último extremo en que debíamos apelar a una defensa sostenida para repeler aquellos golpes, con el fin de atender a nuestras personas, restablecer en lo posible la honra de la Institución y defender a todo trance este local, que era el objeto de aquellos hombres dispuestos a pisotear todo derecho, a saciar venganzas mezquinas, dar desarrollo a rencores y a malévolas pasiones, excitadas con motín inesperado" "Al fin, el ataque era ya tan vigoroso y persistente que el señor director Marcelino Gilibert, ordenó disparar con las pocas armas de que podíamos disponer. Así se verificó, disparando desde los balcones de la Dirección a la multitud que sedienta de nuestra sangre, dirigía sus golpes a piedra y con las armas que llevaban, manifestando anhelo por romper y entrarse a asesinarnos. En este encuentro quedaron heridos de gravedad una serie de amotinados que arrastrados por la corriente devastadora se habían incorporado en el motín; los principales responsables que hacían alarde de su abominable influencia huían despavoridos viendo comprometida la vida de sus compañeros. Afortunadamente no lograron el intento de entrar al local de la Dirección; el fuego empezó a hacerlos disolver y poco a poco fueron separándose de este sitio para continuar su tarea criminal en otros varios puntos de la ciudad". "Como a las siete y media de la noche se dirigió parte de la numerosa multitud a la casa del General Juan B. Cuervo (Ministro de Gobierno), que se hallaba cerrada por encontrarse éste en el Ministerio de Guerra dirigiendo personalmente la defensa de la ciudad; forzaron la puerta, penetraron al interior de la habitación, se robaron varios objetos, rompieron y destruyeron los muebles y útiles y dejaron todo en completa ruina, manifestando en esos hechos inmorales un cinismo y un encarnizamiento llevado a un grado superlativo. Quebraron puertas y ventanas y cometieron toda clase de escándalos". "Inmediatamente después se encaminaron a la casa del señor Luis Bernal, Inspector Nacional; derribaron una de las ventanas; entraron al recinto de la casa donde se robaron todos los enseres y elementos de valor. Destruyendo luego con saña feroz el mobiliario de la casa y toda la ropa de la familia; cada vez más se notaba el desarrollo en alto grado de ese instinto salvaje de destrucción y latrocinio y la sed de sangre que con rapidez crecía en los ánimos de aquella desenfrenada multitud..." "Otro grupo de la turba se dirigía a San Barbara. Allí forzaron y rompieron la puerta del edificio; desplazaron los muebles y útiles de la oficina y aún destruyeron casi en su totalidad el archivo que existía en aquel santuario de la ley". "A ese tiempo una multitud se encaminaba a la casa de la Corrección de San José de "Tres Esquinas" (hoy avenida Caracas con calle 1ra), donde previamente y como medida salvadora y previsiva habían salido las Hermanas del Buen Pastor, directoras del establecimiento, y los agentes que hacían el servicio de las presas sumariadas". "Los amotinados llegaron, desplazaron gran número de muebles, trataron de incendiar el edificio, pegando fuego a unas cortinas; abrieron de par en par las puertas y pusieron en libertad a más de 200 mujeres que estaban detenidas, el numero crecido de mujeres criminales salieron a formar parte de la infernal asonada, constituyendo de esa manera un vandalismo completo, la viva representación del vicio y la maldad elevados a un potencial de alta magnitud". "También un grupo de amotinados se encaminó a la casa del señor Higinio Cualla, alcalde de la ciudad, y después de ataques personales y agresivos contra el nombre y la honra del citado señor, destruyeron muebles y objetos de distintas clases, se robaron una gran serie de objetos y hubieran continuado en esa labor infame, de no ser por la intervención de una Sección del Ejército que acudió en el acto al amparo de aquel distinguido servidor público". Una parte de manifestantes fue capturada y el resto huyó con la presencia del Ejército (Batallón 3ro de Boyacá y 5to de Vargas) que, distribuido en numerosas patrullas, aprehendió más de 400 amotinados y restableció el orden antes de las doce de la noche.
Fotografía del Higinio Cualla , alcalde de Bogotá 1883-1890
Hago constar que varios agentes de la policía fueron atacados en casas particulares y muchos ciudadanos de bien ayudaron a salvar la vida de estos servidores públicos". Ante esta situación, A las 8 de la noche, el Consejo de Ministros presidido por el de Gobierno y Guerra, General Antonio B. Cuervo, declaró en estado de sitio a la capital de la República durante cuarenta días (del 16 de enero al 24 de febrero de 1893) para evitar el recrudecimiento de la protesta y proteger a la Policía. Se impuso censura de prensa. Se restableció el orden. El Ministro Cuervo, que se encontraba enfermo por los días de los motines, murió un mes después de la revuelta, el 19 de febrero. Al día siguiente, 17 de enero, el Gobierno Nacional dictó el Decreto 416 de fecha 20 de enero por el cual dispuso el confinamiento de varios Cabecillas en la Isla de San Andrés y Bocas del Toro (por allá en Panamá). De los autores intelectuales se dispuso el extrañamiento de la capital de la República, a quienes se les condenó como reos de asonada y motín contra funcionarios y oficinas públicas de Bogotá, según comprobación hecha por el Estado Mayor de la 1ra División del Ejército. Es de anotar que el día 21 de Enero, el periódico "EL CORREO NACIONAL" (principal órgano informativo de la época) en su editorial de la fecha titulado: "De Justicia y Caridad", después de exaltar la acción heroica de la Policía en los sucesos del 15 y 16, abre una suscripción en beneficio de las viudas y huérfanos de los agentes muertos, así como también de los heridos, para quienes se pide, además, una mención especial en la historia de la República. No obstante, la magnitud de lo ocurrido, la Institución demostró su lealtad inconmovible a las instituciones legitimas, su denodado espíritu de sacrificio y su abnegación sin límites en el cumplimiento del deber, según aparece en los informes que sobre esos sucesos rindiera los Jefes de Policía de la Capital, corroborados por la investigación penal correspondiente, hechos estos registrados en el Diario Oficial 9.064 de 1893.
Tomado de: http://sidn.ramajudicial.gov.co/SIDN/NORMATIVA/TEXTOS_COMPLETOS/94_DIARIO_OFICIAL/1893%20(9031%20a%209354)/DO.%209064%20de%201893.pdf La Sociedad Filantrópica fue suspendida, acusada de haber incitado al desorden con carteles subversivos. El Decreto 390 prohibió sus reuniones, secretas o públicas, so pena de la aplicación de la Ley Marcial durante la vigencia de Estado de Excepción, y posteriormente las disposiciones del Código Penal. A pesar de que este levantamiento popular no tuvo el éxito esperado, se sentó un precedente importante en el que la autoridad y sus instituciones fueron fuertemente cuestionadas. Después de los motines de 1893, la semilla de la rebelión quedó sembrada en varios liberales. Para agosto de ese año, varios miembros del partido en la capital y el general Avelino Rosas en el exilio, prepararon un complot para tomar cautivos al presidente Caro y a varios miembros del Gobierno. Aunque la conspiración fracasó, y varios conspiradores fueron detenidos y enviados a otras regiones, quienes quedaron libres mantuvieron firme su intención.
Desde lo más profundo de mi corazón, hago a través de esta publicación un
homenaje a los veintidós (22) Cadetes de la Policía Nacional de Colombia, que el
pasado 17 de enero de 2019, resultaron inmolados por la explosión de un carro
bomba ubicado dentro de las Instalaciones de la Escuela de Cadetes de Policía
"General Francisco de Paula Santander".
Para ello, que mejor presentar en este blog, la investigación que realicé
sobre el devenir histórico y evolutivo del Alma Mater de la Oficialidad Policial, que espero facilite la comprensión del origen y misión de la
Escuela y el conocimiento de todas aquellas personas que deseen ahondar en
ella.
La serie de datos que reuní y estructuré para dar cuerpo a esta gran
historia, se remontan desde el momento mismo donde las funciones de Policía las
tenían los caciques y jefes con distintas denominaciones, existentes en
las tribus aborígenes que dieron origen a nuestras comunidades americanas.
Cacique impartiendo justicia
Así mismo, lo fueron temporalmente algunas facciones de los ejércitos colonizadores
que de una u otra forma impusieron orden en las nacientes poblaciones y
caseríos; términos y figuras como alguaciles y camineros, alcabaleros y
peajeros, todos al estilo español, se vuelven populares en la vida de estas
colonias, hasta cuando aparece en 1791 la “Junta de Policía de Santa Fe”
encabezada por don Antonio Nariño, Primo Groot y José María Lozano.
Junta de Policía de Santa fe
Serenos y gendarmes, son otras formas primitivas de policía; pasada la
lucha libertaria y en el período de consolidación de la independencia, los
generales Simón Bolívar Palacios y Francisco José de Paula Santander y Omaña,
dictaron decretos y normas de Policía, encaminados todos, naturalmente, a
mantener la convivencia entre las gentes; actividad bien diferente a la exigida
para el combate en el campo de batalla.
Generales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santader
Es indudable que, antes de finalizar el Siglo XVIII, existieron cuerpos de
Policía provinciales, regionales o departamentales, con diferentes nombres.
Pero es hasta el año de 1888, fecha en la cual el patriarca chocoano
Carlos Holguín Mallarino, expresó ante el Congreso de la República las
siguientes palabras:
“Desde que le consagréis preferente
atención al importante ramo de Policía que en todos los países civilizados se
considera como uno de los agentes más poderosos para el buen gobierno de los
pueblos”.
Por lo tanto, con su llegada en encargo a ocupar la presidencia de la
República en el año 1890, Carlos Holguín Mallarino puso en marcha uno de sus propósitos
más importantes, como fue, el organizar un verdadero cuerpo de Policía con la posibilidad
de ampliarlo a nivel nacional, que al margen de los intereses partidistas,
ajeno a toda influencia distinta del bien común, se convirtiera en definitivo
instrumento que en manos de un gobierno recto, honesto y capaz, fuera efectivo
en el mantenimiento del orden y el equilibrio social, para ello, el 23 de
octubre de 1890 sancionó la Ley 23.
Doctor Carlos Holguín M.
Esto explica la diligencia y el cuidado para la creación de la Policía. Se
consideró para ese entonces viable contratar con un país en donde existieran
los conocimientos y la experiencia al respecto. Se necesitaba de los
servicios de un experto que la organizara y la estructurara. Se acudió a la
Policía de Francia y ese país no vaciló en enviar a una persona idónea para
enfrentar el reto.
Fue Juan María Marcelino Gilibert, comisario de primera clase, quien llegó
para organizar el Cuerpo de Policía en Bogotá, y en muy corto tiempo, menos de
un mes, justamente el 5 de noviembre de 1891, cuando se expidió el Decreto1000 por medio del cual se funda y organiza el Cuerpo de Policía.
Señor
Juan María Marcelino Gilibert
Fundador y
organizador de la Policía Nacional
Fue tanta la influencia de la Policía, tan valorada y bien organizada, que
comienza a sentirse en todo el país su necesidad. No se limita solo a la
capital, sino que inicia la prestación de importantes servicios en los
departamentos; lo anterior me hace presumir que en el Hotel “Universo” donde funcionó
para ese momento la dirección de la Policía liderada por Gilibert, debió adecuarse
allí un lugar destinado para la instrucción policial, donde se inició la
formación de los primeros guardianes del orden para que aprendieran no solo a
usar el uniforme sino también a ejecutar los procedimientos elementales de la
función policial.
El nombramiento de Comisario Juan María Marcelino Gilibert como director de
la Policía, permitió que éste redactara el primer Reglamento General del Cuerpo
de Policía, que fue aprobado por el Ministerio de Gobierno y dictado el 12 de
diciembre de 1892, en él se establecía como objetivo especial de la
Institución, conservar la tranquilidad pública y, en consecuencia, proteger a
las personas y las propiedades, hacer efectivos los derechos y
garantías que la Constitución y las leyes reconocen, propender por el
cumplimiento de la leyes del país y de las órdenes de las autoridades
constituidas, prevenir los delitos, faltas y contravenciones, perseguir y
aprender a los delincuentes.
Contenía además, normas de comportamiento policial, disciplinario, social,
ético y familiar, prohibía aceptar remuneraciones de particulares, charlas en
las calles con “mujeres públicas”, que distraían el alma del hombre honrado;
prohibía silbar, fumar y cantar en horas de trabajo; no podía el personal ni
sus esposas, tener establecimientos como cafés, tabernas o lugares deshonestos.
Los policías deberían ser siempre benévolos, enérgicos y corteses para con el
público, débiles nunca; procurarían adoptar primero el medio de la persuasión y
no la represión; evitar prometer a los sindicados indulgencia alguna que no
estuvieren en capacidad de conceder: abstenerse de todo hecho agresivo, de toda
palabra grosera e injuria para la ciudadanía y para con los individuos
detenidos.
Este reglamento trasluce una mística tendiente a prestar un servicio
eficaz, a crear una imagen positiva de la Institución y a solidificar la
moralidad de sus hombres.
Hotel "Universo"
Tales principios, enunciados por el Maestro Gilibert, son el marco de
nuestra noble Institución. Este hombre supo, desde sus comienzos, sembrar los
cimientos del buen proceder en la instrucción impartida directamente por él en
el aula del Hotel “Universo” al personal que ingresaba al cuerpo policial.
Se cuenta que era tanto el celo que Gilibert ponía en su tarea y tanta su
preocupación por que la Institución policial marchara con corrección y ritmo,
que en algunas ocasiones visitaba los cuarteles vistiendo prendas de agentes y
se mezclaba entre ellos, sin ser advertidos, para controlar la manera como
superiores y subalternos cumplían con sus deberes, teniendo que salir en
algunos momentos de las filas, notablemente alterado, para llamar la atención
de unos y otros por las deficiencias que observaba.
Comentaba la prensa de ese momento, que Marcelino Gilibert prácticamente
vivía en su despacho, que jamás asistía a espectáculos recreativos y que a
cualquier hora del día o de la noche visitaba las comisarías de los barrios
para observar cómo se cumplía el reglamento y sus órdenes del día.
De su severidad da cuenta la destitución de los agentes, que dieron
declaraciones a la prensa, antes que sus superiores, por afirmar haber visto un
fantasma en calles citadinas, procurando intranquilidad y zozobra entre la
ciudadanía, afectando el bienestar y sosiego.
El comisario francés representaba una institución técnica, venida de un
país que tras un proceso de tremendas rectificaciones había llegado a concluir
que la Policía debía ser un organismo de orden civil y completamente
independiente de tutelas por parte de otros entes del estado; una vez aceptó
este punto, Gilibert, pudo hablar de una institución técnica y especializada,
es decir de una verdadera profesión.
Más adelante a raíz de la inquietud por definir la preparación de los
agentes, Gilibert expresó, en informe presentado al Ministro de Gobierno, la
necesidad de establecer los ascensos del personal según los resultados de un
examen que evaluara los méritos, conocimientos y conducta.
Cabe resaltar que el reglamento dictado por Marcelino Gilibert, duro
vigente hasta el año de 1912 cuando fue modificado por el entonces, y nunca
bien ponderado Gabriel González López.
Doctor Gabriel González
Hasta 1912, los movimientos de quienes integran la Policía se orientan
hacia la organización de los efectivos humanos y la obtención de elementos
materiales que coadyuvan con la faena de restructuración.
El factor de preparación
del componente humano, es decir la capacitación intelectual, física y jurídica,
no se tiene, no puede tenerse en cuenta y es preciso relegarla casi, podría
decirse, que a un forzoso olvido en favor de la reintegración numérica y
material.
Más cuando la vida nacional ha normalizado sus cauces y la Policía ha
logrado recobrar su carácter de institución vigorizada por nuevos
deseos de prestar a la Patria y a la sociedad los servicios que ésta le exige,
renace la conciencia de la calificación: impera la necesidad de dar calidades a
los hombres y por ende al conjunto, y es entonces cuando el factor antes
desatendido de la formación pasa a ocupar lugares de preeminencia en los planes
de los altos jefes: dotar a cada individuo de un acopio de conocimientos y
ejercitarlo físicamente en un tren disciplinario para recibir mayor rendimiento
en su ejercicio.
Así, entonces, el año 1912 marca el comienzo de la ejecución de los planes
educativos del hombre-policía.
Este año se señala, como el primer peldaño que serviría a la Policía
Nacional de Colombia para elevarse hasta donde ha llegado hoy, esto es, a un
plano se superioridad en el cual el oficial es un hombre de genuina carrera
policial.
1912-PRIMEROS AÑOS HACIA LA CREACIÓN DE UNA ESCUELA DE POLICÍA
El 10 de junio de 1912, el periódico capitalino “El Nuevo Tiempo” publicaba
un artículo “Suelto” sobre la labor adelantada por el doctor Gabriel González,
director de la Policía Nacional en aquella época. En tal escrito se refería el
cronista a la creación de una Escuela de Policía que vendría a satisfacer la
imperiosa necesidad que, desde que se organizó el Cuerpo de Policía en 1891 por
Juan María Marcelino Gilibert, era palpable, pues hasta los 20 años después de fundada
aún no se había establecido un instituto dedicado a la capacitación del
personal.
Esta deficiencia tenía como única causa la escasez misma de personal, puesto
que, si los miembros de la Policía ingresaban a cursar estudios de
adaptación policial, como de adelantos de la misma, la ciudad habría quedado en
gran parte sin vigilancia. De todas maneras, los organizadores veían claramente
la necesidad de centralizar la institución policial en forma metódica.
El citado periódico comentaba, acerca de la fundación de esta primera
escuela de policía, que:
“Según nos dice el doctor Gabriel González,
director del cuerpo, irán los agentes a su mando, el tiempo suficiente para
instruirse en la materia de su destino. La instrucción y preparación será hecha
por personas versadas en ese ramo, y no permanecerán en la escuela por más de
tres meses a lo sumo. Para no descuidar el servicio urbano, se formarán grupos
de 50 hombres, hasta que luego de año y medio haya evolucionado en cuanto a
cantidad el personal del Cuerpo.
Una vez instalada la escuela para agentes,
se establecerá un departamento especial para instruir los oficiales de las
distintas divisiones. Es de esperarse, pues, que al fin se forme en Colombia
carrera e instrucción policial”.
El objetivo de Gabriel González, se logra con la expedición del Decreto 32,
firmado por el presidente de la República, doctor Carlos Eugenio Restrepo, mediante
el cual se organiza por primera vez la “Escuela de Preparación para Agentes de
la Policía Nacional”, con el propósito de garantizar que a través de la
educación y la Instrucción de sus hombres, existiera un buen desempeño de las
funciones asignadas a la Institución.
Primera escuela de Preparación para Agentes-1912
En su artículo 1º dicho decreto señalaba que la misión de la Escuela era
inculcar a los agentes las aptitudes y competencias necesarias para el correcto
ejercicio de su cargo y que, a tal efecto, se seleccionarán del servicio de
vigilancia de Bogotá cincuenta (50) agentes de los recientemente incorporados
para que recibieran durante dos (2) meses instrucción militar, física,
reglamentaria, civil, religiosa y moral.
Un instructor militar de la Policía Nacional tenía a cargo el desarrollo de
los contenidos; la instrucción física consistía en ejercicios de
gimnasia, pugilato, lucha y carrera; la instrucción reglamentaria, a cargo del
Comisario Civil del Cuerpo, comprendía la enseñanza del Reglamento General de
la Policía y el estudio de las disposiciones y acuerdos municipales sobre
salubridad e higiene, mendicidad, expendios de carnes, tráfico de vehículos y
espectáculos públicos, de la disposiciones del Código de Policía y las
Ordenanzas, y de la reglamentación de las oficinas de permanencia y de la
Investigación Criminal.
Ejercicios de Gimnasia
Esta enseñanza se complementaba con prácticas dirigidas al conocimiento de
la comunidad bogotana, es decir, acerca del comportamiento de empleados
públicos, gremio de abogados, médicos, comerciantes, sacerdotes, dentistas y
veterinarios, entre los más sobresalientes, así como el conocimiento de los
itinerarios y estaciones de ferrocarriles, tranvías, automóviles, coches,
precios de pasajes, entrada y salida de los correos y, en general, toda aquella
información que al público le interesaba conocer y sobre la cual
podía consultar al agente de Policía.
La instrucción civil se agrupaba en tres ramas: cívica, que se ocupaba de
nociones generales de derecho público y ciudadanía; civil elemental, de donde
se enseñaba escritura, lectura, aritmética, geografía, ortografía e historia
patria; y urbanidad, que se ocupaba de áreas como presentación personal, porte,
cultura, propiedad en el lenguaje y buenas maneras. Una vez concluido el curso,
los agentes ingresaban a la División de Vigilancia y se seleccionaban cincuenta (50) para proseguir la preparación personal. La instrucción estuvo a cargo de
personas versadas y su duración máxima fue de tres (3) meses, a fin de no descuidar
el servicio.
Con este primer curso se dio origen a la Escuela de Policía, que vendría a
dar respuesta a una necesidad identificada desde la fundación del Cuerpo 20 años atrás.
Seguidamente, en 1913, él artículo 6º del Decreto 225 dispuso que los
comisarios jefes debían coordinar la asistencia puntual a clases de inglés de
los agentes de sus respectivas divisiones; para ello debían impedir que fueran
retirados de la clase sin justa y legítima causa, evitar que fueran nombrados
para comisiones y turnos del servicio que coincidieran con la hora señalada
para la lección. Una vez instalada la Escuela para agentes, la institución se
propuso establecer un departamento especial para instruir a los oficiales de
distintas divisiones.
El 29 de marzo de ese mismo año, mediante Decreto 701, se reorganizó la
“Escuela de Preparación para Agentes de la Policía Nacional”, y se estipuló que
todo ciudadano que ingresara como agente a la Institución debería firmar un
enganche por tres (3) años y realizar un curso reglamentario antes de pasar a las
Divisiones de Vigilancia de la capital. Los agentes que aprobaban el curso eran
promovidos a las Divisiones, los que reprobaban eran dados de baja y pagaban
una multa de dos (2) pesos mensuales por el tiempo que faltaba para cumplir el
enganche.
Más adelante, a través de la Orden del Día del 28 de febrero de 1920, se
fijaron los trámites para el enganche de agentes, entre ellos la obligación del
aspirante de presentar un memorial en papel sellado, firmado y con sus nombres
y apellidos, dirigido al director de la Escuela y acompañado por recomendaciones
de personas honorables acerca de su conducta y antecedentes.
Con tal documento el Inspector General de la Policía abría el expediente
respectivo, en tanto que el archivero debía revisar los antecedentes y
verificar si el candidato había pertenecido alguna vez al Cuerpo Policial, los
motivos de su retiro y los castigos recibidos. Si no existía antecedente, la
sección tercera de policía judicial iniciaba los índices y la toma de
filiación, que luego se enviaba al médico del Cuerpo para que se practicara un
examen escrupuloso y entregar el certificado al instructor civil. Este último
sometía al solicitante a un examen sobre lectura, escritura y las tres primeras
reglas aritméticas. Así se originó el proceso de selección de personal
interesado en ingresar a la Policía Nacional.
En 1924 el periodo lectivo se amplió a cinco (5) meses, bajo consideración de
que se requería más intensidad académica para garantizar una instrucción
apreciable y consistente.
1914- CREACIÓN DE UNA ESCUELA DE DETECTIVES
Consideraba el doctor Gabriel González que más que la formación del
personal de vigilancia, era necesaria la capacitación de un buen Cuerpo de
Policía Secreta. Dada las características de la época, gestionó ante los
poderes centrales del Gobierno la expedición de un decreto creador de la
escuela de detectives, que se constituía en la primera que se establecía en
Colombia.
El Decreto fue el 311 de fecha 13 de marzo de 1914, firmado por el presidente
Carlos Eugenio Restrepo y su ministro de gobierno, Clodomiro Ramírez, al cual
le siguió el decreto orgánico 102 del 3 de abril del mismo año, que organizó y
reglamentó la Escuela.
Presidente Carlos
Eugenio Restrepo
Las autoridades locales y nacionales estuvieron de acuerdo con el Director
de la Policía en cuanto a su preocupación por el fenómeno de la cultura y el
adelanto policial del personal de la Institución. Como se recordará fue el
doctor González quien, en marzo de 1912, fundó la “Revista de la Policía
Nacional”, precisamente con el objeto, de obtener una divulgación cultural y
mantener una instrucción entre los miembros del cuerpo a su cargo.
Decreto creación de la Revista de la Policía Nacional
El sentido del Decreto 311 y del orgánico 102 del 3 de abril de 1914,
se complementan maravillosamente, porque establecen inicialmente las bases de
una auténtica organización, en cuanto a la tecnificación de la Policía
colombiana. En seis capítulos concienzudamente estudiados, el Decreto 102
expone la naturaleza de la Escuela de Detectives, su organización sus fines y
disposiciones generales. Para que se aprecie el alcance modernista de los
lineamientos de tal escuela, transcribo los siguientes artículos:
“Artículo 1º. Integrarían la Escuela un director profesor, cuatro
profesores y quince agentes alumnos, todos ellos de libre nombramiento y
remoción por parte del director general. Las materias se agrupaban en cuatro
módulos:
Criminología: derecho penal sustantivo y
procesal, antropología criminal, psicología y derecho policial.
Identificación
Criminal:
fisonomía y fotografía, antropometría, dactiloscopia y grafología.
Ciencias
Naturales:
nociones generales de anatomía, fisiología, física, química y botánica.
Materias
Complementarias:
medicina legal y toxicología y criptografía.
Los alumnos que aprobaban los exámenes finales recibían un certificado
suscrito por el director de la escuela y adquirían el derecho a ocupar los
puestos de agentes de primera clase de la Oficina de Investigación Criminal, a
medida que se presentaban las vacantes.
Artículo 3º. Este establecimiento tiene por misión especial la de procurar
el adelanto científico en los sistemas de policía, alejando, en lo posible, de
esta institución la manera empírica de proceder y atendiendo así a la
necesidad, creciente cada día, de prevenir, evitar y reprimir con mejor éxito,
la criminalidad de Colombia.”
La dirección de la escuela creada en virtud del decreto aludido estuvo a
cargo del señor Eduardo D. Toro Pereira, funcionario experto en materia de
investigación y en todo lo relacionado con sistemas de seguridad.
EL PENSUM
Comprendía materias tan importantes como Ciencias Naturales (profesor el doctor
Eduardo González Camargo), Criminología (profesor doctor Gabriel González),
Medicina Legal (doctor Gabriel Camargo), Francés (señor Rubén de J. Quevedo),
Grafología (José Vicente Gamboa), Taquigrafía (Víctor M. Quijano) Topografía y
Dibujo (doctor Rosas) y Fotografía (señor Darío Vargas).
El reglamento de la Escuela de Detectives fue expedido en junio de 1914,
por su director Eduardo D. Toro Pereira, experto en ciencias policiales e
investigación, y constaba de seis capítulos que compendiaban la naturaleza de
la escuela, su organización, fines y disposiciones generales.
Conforme al
reglamento, la misión de la Escuela era promover el avance científico en los
sistemas de Policía, superando en lo posible la manera empírica de proceder y
respondiendo de ese modo a la necesidad de prevenir y reprimir con éxito la
criminalidad en Colombia.
Los alumnos que tomaban el curso portaban una placa metálica de
identificación, que los acreditaban como agentes de Policía Nacional, en la que
constaba el número que les correspondía en la Institución. Debían llevarla en
un lugar oculto del vestido y sólo hacer uso de ella cuando una situación los
obligara a identificarse.
Características de la Placa de identificación
para detectives
El Artículo 8º del reglamento precisaba que la carrera de detective
constituía una profesión y que, por lo tanto, podía obtenerse un título o
diploma para ejercerla.
1916- MISIÓN ESPAÑOLA
Por Decreto 1143 del 3 de julio de 1916, el gobierno nacional por encargo
del señor ministro de Colombia en España, en ese entonces el doctor Guillermo
Camacho Carrizosa, contrató en la capital española a dos prestigiosos oficiales
pertenecientes a la “Guardia Civil Española” que fueron el Comandante José
Agudo Pintado y el Capitán José Osuna y Pineda.
Oficiales de la "Guardia Civil Española"
Los mencionados oficiales se dieron a la tarea de organizar nuevos métodos
de investigación, cuyo objeto era el de formar hábiles detectives bajo nuevos
sistemas de la dactiloscopia. Sus cátedras llegaron a implantar el método mono-dactilar
creado por Federico Oloriz Aguilera, en armonía con sistemas de Bartillón.
Doctor Federico Oloriz Aguillera
El comandante José Agudo Pintado regresó a su país el 1 de noviembre de
1917 por motivos de salud. El capitán José Osuna, quien reemplazó con éxito la
ausencia de su compatriota, cumplió una encomiable labor en los aspectos de
dactiloscopia, así como también en organización de las guardias civiles de
Cundinamarca, Boyacá y Tolima, obra que realizó hasta el 30 de junio de 1920,
fecha cuando regresó a España en cumplimiento del contrato, que ya le había sido
prorrogado.
La Escuela de Detectives se clausuró al cabo de cuatro años a falta de
recursos económicos, lo cual afectó las labores encomiables de la época.
1919- PRIMERA LEY SOBRE CREACIÓN DE UNA ESCUELA DE POLICÍA
Por iniciativa propia, el doctor Marco Fidel Suárez, presentó a
consideración del congreso un proyecto de ley sobre la creación de una escuela
de policía, iniciativa que obtuvo su aprobación convirtiéndose en la Ley 14
expedida con fecha 8 de septiembre de 1919.
Presidente Marco Fidel Suárez
En su exposición de motivos ante el congreso, el presidente Suárez señaló
la necesidad de crear un centro de preparación policial permanente en el cual
los jefes, oficiales, agentes y demás funcionarios lograran una instrucción
general adecuada que redundara en el progreso y el desarrollo de la
institución.
Dispuso así mismo la citada ley, una autorización para contratar
instructores extranjeros con la finalidad de renovar los métodos de vigilancia
y disciplina policial, por lo que se destinaba para ello la suma de $800.000.oo.
Ley 14 de 1919
Fue así como, el 23 de noviembre de 1920 llegó al país una misión francesa
integrada por los señores instructores Albert Bringe y Georges Drouot,
contratados por el gobierno central y cumplirían entre otras, la función de
renovar métodos de vigilancia y disciplina en igual forma cómo funcionaban los
sistemas de la policía francesa.
Esta misión presentó magníficos proyectos sobre detectivismo y extranjería,
pero por razones de orden fiscal no fue posible su realización y se dio término
a las actividades de estos técnicos franceses.
En desarrollo de dicha ley se promulgó el Decreto 14 de 1919, mediante el
cual se creó en la capital de la República una escuela de Policía con el objeto
de educar y formar a los jefes, oficiales, agentes y otros funcionarios de este
ramo del servicio público. La nueva entidad reunía la Escuela de Preparación
para Agentes y la Escuela de Detectives, fundadas en el gobierno de Carlos
Eugenio Restrepo. A partir de esta fusión se determinó que se dictaran en el
mismo instituto cursos que abarcaban todos los grados del escalafón policial,
así mismo, se señaló la necesidad de exigir una buena preparación literaria,
científica, militar y jurídica, además de la educación de los principios
constitucionales, puesto que se sabía por experiencia que para lograr la
formación profesional policial debía incluirse capacitación teórica y práctica.
La Escuela de Policía, especificaba el decreto, se destinaría
exclusivamente al objeto indicado y, por consiguiente, no prepararía personas
de otras profesiones. Debía concentrarse en la educación literaria, científica,
militar y jurídica propia del ramo de la Policía. También se autorizaba a la
institución a contratar en naciones europeas o norteamericanas hasta tres
instructores especiales para la Escuela y a enviar al exterior hasta tres
funcionarios con miras a perfeccionar su educación.
1924- NUEVO ENSAYO PARA EL FUNCIONAMIENTO DE UNA ESCUELA DE INVESTIGACIÓN
El Decreto 544 del 3 de abril de 1924, crea y organiza el funcionamiento de
la denominada “Escuela de Investigación Criminal” a la cual concurrieron empleados
del ramo de la policía investigativa, pero cuya permanencia fue efímera al ser
suprimida un año después.
1927-SE INSISTE EN LA CREACIÓN DE UN CENTRO EDUCATIVO POLICIAL PERMANENTE
Durante el gobierno del doctor Miguel Abadía Méndez, es nombrado para ocupar
la dirección de la Policía el destacado jurista Manuel Vicente Jiménez, quien
se interesa enormemente por la instrucción de investigación centralizada en una
nueva escuela de Policía, objetivo que se logró mediante la expedición del
Decreto 163 de fecha 23 de junio de 1927.
Estudiados los antecedentes de las fallas sucedidas en las anteriores
escuelas de policía, el doctor Manuel Vicente Jiménez concretó la nueva
organización para este centro policial, así:
a.Sección de vigilancia,
b.Sección de detectivismo,
c.Sección de policía de
investigación, y
d.Sección de aprendizaje
técnico y aspectos legales.
Cada una, con el pensum, el personal docente y las asignaciones
correspondientes.
La Sección de Vigilancia, estaba dirigida a los agentes de Policía de vigilancia
y contemplaba las siguientes asignaturas: lectura y escritura, castellano y
ortografía, aritmética, instrucción cívica, nomenclatura de la ciudad y
directorio, Policía teoría y práctica y milicia y cultura física.
En la Sección de Detectivismo, dirigida al cuerpo de detectives, se
dictaban cursos sobre elementos derecho criminal y de Policía, nociones de
antropología y psicología criminal, identificación científica e investigación
criminal.
La Sección de Investigación dirigida a los jueces de Policía, impartía
enseñanza superior en investigación e instrucción criminal, derecho penal y de
policía, y procedimientos y pruebas de los juicios.
En la Sección de Aprendizaje Técnico los funcionarios de la División de
Servicios Especiales estudiaban elemento de física, química, electricidad,
vapor e hidráulica y mecánica.
Para operacionalizar este nuevo modelo de formación, el gobierno contrató
los servicios del profesor Argentino Enrique Medina Artola a quien se debe la
implantación en Colombia del sistema de identificación dactiloscópica,
desarrollado por su compatriota, el profesor Juan Vucetich, factor que indujo
la apertura de la Oficina Nacional de Identificación como entidad anexa a la
Escuela.
Doctor Enrique Medina Artola sentado al centro con lentes
El Decreto 163 estipulaba, además, que durante los últimos tres (3) meses del
año se adiestraría al personal de la última sección en ejercicios prácticos en
empresas oficiales y particulares, y que los profesores de las distintas
secciones debían enseñar leyendo en voz alta las materias para las que hubieran
sido nombrados.
Una vez sentadas unas sólidas bases para la reorganización de la Oficina de
Identificación, como resultado de la continuidad docente de la escuela de
policía, el señor Medina Artola regresó a su país hacia 1929, época en que se volvieron
a interrumpir, inexplicablemente, las labores de esta unidad docente.
Fotografía del Doctor Enrique Medina Artola
Son demostraciones claras de las grandes dificultades que se afrontaba en
la formación del hombre policía; sin embargo, las personas que habían recibido
en estos dos años la instrucción impartida se convirtieron en profesores de las
diferentes unidades, en una labor de enseñanza esporádica, hasta el año de 1930,
cuando se concretó la idea de crear otra vez, una escuela de policía con carácter
nacional que se denominaría “Escuela de Policía Nacional”.
1930- CREACIÓN DE LA “ESCUELA DE POLICÍA NACIONAL”
El Gobierno Nacional expidió el Decreto 1872 de 1930, con el cual se puso
en marcha la organización de la Escuela de Policía Nacional. Se plantearon
cursos de cuatro (4) meses en las secciones de detectivismo, vigilancia,
preparatoria o de aspirantes, bajo la dirección general de expertos
seleccionados por la dirección general y de acuerdo con el pensum y una
organización trazados por la dirección de la Escuela.
Al curso de vigilancia ingresaron 18 comisarios y 47 aspirantes, los cuales
el 16 de marzo de 1931 concluyeron su curso en un brillante acto de clausura
que fue presidido por el ministro de gobierno, doctor Carlos Eugenio Restrepo y
por el director de la Institución doctor Alfonso Araujo.
Parece ser que la Escuela Nacional de Policía sufrió, por desgracia, la
misma suerte que las anteriores. Se desintegró como centro docente por motivos
presupuestales. Pero al igual que las pasadas épocas, las divisiones
continuaron preparando al personal en Vigilancia y Detectivismo, de acuerdo con
las actividades locales, sin que aún se llegara a plasmar la idea de un
instituto exclusivo para la formación de los oficiales de la policía.
Entre otras razones porque cada policía departamental o municipal los escogía
a su gusto y sin requisito los Gobernadores y Alcaldes sin tener en cuenta
requisitos de formación profesional.
CÓMO NACE ESCUELA DE POLICÍA “GENERAL SANTANDER”
Fue el Doctor Alejandro Bernate, quien había sido nombrado Director de la
Policía Nacional mediante el Decreto 1503 de 1935, en el gobierno del doctor
Alfonso López, quien en
realidad dio el paso para la creación de una definitiva escuela de
policía, con carácter nacional, como centro docente con todas las
características de orientación y preparación para lo que debería ser un
semillero de los futuros miembros de la Policía, como Colombia lo
esperaba.
En efecto, Alejandro Bernate, por intermedio de la Caja de Auxilios de la
Policía Nacional, adquirió un lote de 14.719 metros cuadrados en el sitio
denominado “Muzú”, perteneciente a la Hacienda “La Laguna” ubicada al sur de la
ciudad de Bogotá, destinándolo a la construcción de la sede permanente que hoy
posee la Escuela de Cadetes de Policía “General Francisco de Paula Santander”,
concretando así su sueño de dotar a la Institución de instalaciones propias
destinadas a la formación integral posibilitando, desde aquel entonces, el
inicio de una genuina carrera profesional del funcionario de policía, cuya
carencia se había convertido, hasta ese momento, en argumento y causa de la
extinción de los numerosos intentos y esfuerzos que le antecedieron.
Foto aérea de la Hacienda la Laguna-año 1935
1936- CON LOS DECRETOS 1715 Y 1277 NACE LA ESCUELA DE POLICÍA “GENERAL
SANTANDER"
Dentro del proceso de modernización del Estado, iniciado por el doctor
Alfonso López Pumarejo bajo el lema “La Revolución en Marcha” y por iniciativa
presidencial, el Congreso de la República expidió el Acto Legislativo 15 de
septiembre 9 de 1935, mediante el cual otorgó facultades al ejecutivo para
reorganizar la institución policial, aumentar su personal, darle reglamentos y
dotarla de lo indispensable para garantizar el servicio eficaz.
El 18 de junio de 1936, en cumplimiento de lo dispuesto por el legislativo,
el presidente de Colombia, Alfonso López Pumarejo expidió el Decreto 1715, que
autorizó al gobierno para establecer “la escuela o escuelas de la Policía
Nacional, necesarias para atender la formación de los oficiales, suboficiales y
agentes, como también para atender el perfeccionamiento del personal en
servicio de la institución”.
Pero es en el año siguiente, con el Decreto 1277 del 7 de julio, cuando se
sientan las bases legales para la iniciación de la escuela “General Santander”,
destinada a la formación y perfeccionamiento del personal de oficiales,
suboficiales, detectives y agentes de la policía colombiana.
El instituto funcionaría, como escuela de iniciación para la
preparación técnica del nuevo personal de la Policía en la rama de servicio
rural, urbano, aduanas, fronteras terrestres y marítimas, ferrocarriles y
sanidad, y como escuela de aplicación para el perfeccionamiento del personal
en servicio.
El citado decreto, sin considerandos, contenía 13 artículos de los cuales
uno, el número 11, se refería a la creación de escuelas de policía. El texto
decía: “El gobierno establecerá la escuela o escuelas de la policía necesarias
para atender a la formación de los oficiales, suboficiales, y agentes,
como también para el perfeccionamiento del personal en servicio. En
consecuencia, dictará reglamentos que fueren necesarios”.
1936- LLEGADA DE LA PRIMERA MISIÓN CHILENA
Con fundamento a lo preceptuado en el Artículo 3º del Decreto 1277 de 1937,
donde se establecía “Con el fin de preparar los Oficiales y Suboficiales que
han de formar la planta directiva y de instrucción de la escuela de Policía,
autorizase al director general de la Policía para enviar al extranjero, por el
término de 18 meses, una comisión de oficiales y suboficiales que en misión de
estudios practique en servicio de policía y haga cursos de perfeccionamiento en
una escuela especializada en la materia. Esta comisión podrá ser integrada
hasta por un mayor, uno o dos capitanes, dos subtenientes y cinco
suboficiales”.
La disposición del artículo 3º antes citado, que autorizaba una comisión de
funcionarios al exterior, tuvo inconvenientes que hicieron naufragar su
cumplimiento. Pero en compensación se optó por traer al país una misión de
Policía, que no solo enseñara las técnicas del servicio, sino impusiera una
disciplina garante de la correcta prestación de los deberes y de la conducta ejemplar por
parte de todos los miembros de la Institución.
Así llegó al país la primera Misión Chilena integrada por tres (3) funcionarios
de la más grata recordación, pertenecientes al ya famoso Cuerpo de Carabineros
de Chile y que fueron: Armando Romo Boza, Belarmino Torres Vergara y
Emilio Oelckers Hollstein.
Integrantes de la Misión Chilena
Se probaba así la decisión del gobierno de cambiar estilo, haciendo lo que
se decía, sobre todo en este campo donde la sociedad reclamaba protección y
seguridad. La Misión Chilena fue sin lugar a dudas de vital importancia para
alcanzar este propósito.
La intervención científica de los oficiales chilenos constituye uno de los
episodios más importantes de nuestra historia policial, los cursos dictados
por la Misión Chilena crearon dentro de nuestra policía un ambiente de estudio
que naturalmente despejó muchos temas de interés institucional y conectó a los
alumnos con centros de interés ignorados o incompletamente tratados por ellos
hasta entonces. Se les destacaron los del Derecho, que más interesan a la
Policía, se les hizo abrir los códigos, se les recordaron o enseñaron los
elementos de nuestra Constitución, relacionado con ellos el procedimiento policial
en fin, se impuso un ambiente cultural, variado y revelador, que enriqueció
varios aspectos básicos de la formación policial.
Venidos los chilenos de una organización más técnica y mejor dotada que la
nuestra, propusieron reformas fundamentales o establecieron servicios que
prácticamente no existían entre nosotros, como ocurrió con el de Administración
y Documentación que fue sistematizado por una directiva científica.
La Misión Chilena dejó sus enseñanzas, huellas profundas en oficiales,
suboficiales y agentes que asistieron a cursos intensivos, conferencias e
instrucción personal. Se dictaron clases en todos los cuarteles y se infundió
en el personal la necesidad de superarse en el cumplimiento de sus deberes, el
ejercicio de la disciplina y el sentido de la responsabilidad.
Es indiscutible que la Policía se encaminaba definitivamente por rutas
profesionales y de superación en el servicio que venía prestando. Atrás
quedaban las incorporaciones desafiantemente políticas, la impreparación y el
manejo arbitrario de los policías por parte de políticos y gobernantes locales
inescrupulosos, que solo veían en la Policía el instrumento dócil para el feliz
éxito de un sectarismo híspido y dañino.
En parte muy importante, se cumple esas disposiciones, como que se llevó a
feliz término la construcción de los edificios que deberían ser el asiento
definitivo de la Escuela de Policía y se continuó con el empeño de instruir y
educar a las nuevas generaciones del cuerpo policial.
1937-INICIAN LOS TRABAJOS DE CONTRUCCIÓN DE LA ESCUELA
En 1937, un año después de la adquisición de los lotes de la Hacienda “La
Laguna”, la dirección de la Policía, por encargo de su nuevo director doctor Alfredo
Navia Santacruz, se dispuso estudiar y corregir los planos elaborados por
el arquitecto Carlos Martínez Jiménez y su construcción a la firma constructora
de los hermanos Martínez Cárdenas y Santiago Trujillo Gómez. Las obras
comenzaron el 28 de diciembre de ese año, y para la ejecución fue contratada la
firma alemana Coleman & Cía.
El proceso de construcción de la escuela fue un suceso nacional, así lo
muestran los relatos periodísticos de la época, en los que puede leerse sobre
la presencia del Presidente de la República cada tarde en la obra y los
detallados informes sobre los avances que figuraron en los periódicos.
Plano de la Construcción Escuela de Cadetes de Policía "General Santander"
fotografía de iniciación de obras
La culminación de la construcción de la Escuela y su inauguración se había
previsto inicialmente para el 24 de julio de 1938 fecha en la cual se celebraba el
cuarto centenario de la ciudad de Bogotá, sin embargo, los retrasos en el
desembolso de dineros para culminar la construcción dilataron las obras, y
aunque los constructores trabajaron rápidamente, se prolongaron hasta febrero
de 1939.
Como las obras no alcanzaron a estar totalmente terminadas para el cuarto
centenario, se eligió una nueva fecha para su inauguración, coincidente con el
aniversario de la muerte del prócer Francisco de Paula Santander, el cual se
celebró el 6 de mayo de 1940.
El Decreto 343 de 21 de febrero de 1940 nombró como primer director de la escuela
al doctor Luis Andrés Gómez.
Doctor Luis Andrés Gómez
El 14 de abril de 1940, el Decreto 776 definió la Escuela como una
institución de carácter civil con régimen y disciplina militar y además, constituyó el Departamento Docente de la Policía Nacional dependiendo de la Dirección
General del Cuerpo, la cual estaría a cargo de un director, de libre
nombramiento y remoción del Gobierno, que tenía la responsabilidad de la marcha
y finalidad del instituto y gozaba de la autonomía indispensable en la
organización, dirección y régimen interno del mismo.
Tras la construcción de las instalaciones de la nueva escuela, el ejecutivo
expidió inicialmente el Decreto 945 del 15 de mayo de 1940, que contenía 67
artículos de los cuales 66 señalaban la fecha de iniciación de labores,
según su texto esta fecha debería ser la del primero de mayo. Como ocurre muy a
menudo, pero la falta de algunos “toques finales” impidieron iniciar clases el día
indicado. Fotografías de las nuevas instalaciones de la Escuela.
Fachada principal
El 16 de mayo tuvo lugar, en horas de la mañana, la tan esperada apertura
del instituto policial, con grandes expectativas y con futuro promisorio para
la sociedad y los integrantes del cuerpo de la Policía Nacional, evento que fue aprovechado también para develara el busto del General Francisco de Paula Santander como homenaje al "Hombre de las leyes" al cumplirse el primer centenario de su muerte.
Sin embargo, no había ciertamente hasta entonces una idea clara sobre la
organización de las labores docentes y por tal razón, meses más tarde, de
derogó el Decreto 945 de 1940 con el Decreto 1158 del 18 de junio del mismo
año, dando una nueva estructura al Instituto que se colocó bajo la dirección de
un viejo servidor de la Policía, el coronel Pablo Azá Terán, designado mediante
Decreto 1216 de 21 de junio de 1940 en el que también se nombró el personal
destinado para la escuela (administrativos, directivos, docentes, auxiliares y
sanidad).
Coronel Pablo Azá Terán
Hacia el año de 1946, siendo director de la escuela el doctor Roberto
Pineda Castillo, expidió la Resolución 38, mediante la cual se instituye
oficialmente el día 16 de mayo como fecha para conmemorar el aniversario de la
fundación, por ser cuando se iniciaron labores.
Doctor Roberto Pineda Castillo
1940- PRIMER HOMENAJE A LA MEMORIA DEL GENERAL FRANCISCO DE PAULA SANTANDER
EN LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE
Para hablar sobre este tema, permítanme retomar las palabras del ilustre
historiador Luis Augusto Cuervo, quien afirmaba que “La efigie del
hombre de las leyes debería presidir todas las reuniones sociales de la Policía
de la nación como el mejor homenaje y más justo reconocimiento gobernante
que la organizó y protegió dándole normas de pulcritud administrativas que en
el correr de los años se han afianzado en beneficio de la comunidad”
Lo expuesto indica, que la historia reconoce al General Francisco de Paula
Santander y Omaña, como uno de los constructores de nuestro Estado de Derecho;
inspirada de la tradición civilista que nos enorgullece ante el mundo; defensor
inquebrantable del imperio de la ley.
Santander concibió la paz y la concordia como que es el estado del alma
para que la paz sea permanente bajo el exclusivo reinado de la
ley. Prefirió la ley a la guerra, pero la dirigió cuando fue
necesaria para el bien público. Como líder honró la ley con su incondicional obediencia
por la autoridad instituida.
Por ello, el presidente Eduardo Santos acordó dar el nombre de Escuela de
Cadetes de la policía General Francisco de Paula Santander como gran defensor
de la educación, la ley a través de las constituciones y el orden de nuestra
querida patria lema Ley y Orden complementado con el de la Policía Nacional.
LAS NUEVAS PROMOCIONES
Como se dijo anteriormente, la Escuela se da al servicio el 16 de mayo de 1940,
al recibir los primeros alumnos que conformaron el curso 01, denominado más
tarde “Promoción Simón Bolívar”. (cabe anotar que, en aquel entonces, los
cursos que se fueron realizando en el instituto no tuvieron ni denominación, ni
nomenclatura) Fotografías de los integrantes del primer curso-1940.
El señor general Bernardo Camacho Leyva, digno representante de
este curso, recordaba en su momento que en un comienzo los directores del
Instituto fueron abogados particulares cuidadosamente seleccionados por el
gobierno, acompañados por algunos oficiales en servicio activo y otros en
retiro del Ejército, lo mismo que por un escogido grupo de mayores y capitanes
de las policías departamentales y de la ya existente Policía Nacional, entre
los cuales destaca a don Emiliano Camargo Rodríguez y don Guillermo Guzmán
Grazt.
En 1940 la escuela graduó sus primeros 54 oficiales, según Resolución
1112 de 22 de noviembre, entre ellos los que más tarde jugaron papel importante
en la vida de la Institución, como los coroneles Juan Félix Mosquera, José
Ramírez Merchán y Ernesto Polanía Puyo, el mayor Luis Ospina Navia, el Capitán
Antonio Arciniegas Castilla y el general Bernardo Camacho Leyva; este último en
el grado teniente asumió la defensa de la propia escuela en los días ácigos del
9 de abril, correspondiéndole luego instruir a los militares en el orden
docente y administrativo, por haber sido señalados para organizar la Policía
Militar como cuerpo de transición que había de llenar el vacío dejado por el
licenciamiento de la Policía Nacional.
Listado Subtenientes integrantes
del primer curso
El general Camacho Leyva llegaría más
tarde a la Dirección de la Policía Nacional, en momentos institucionales muy
difíciles, logrando con maestría, inteligencia y carácter imprimirle rumbo a la
Fuerza, sobre una vía que abrió para ésta los caminos del progreso y de la
independencia de sus propios destinos.
Aquel puñado de jóvenes oficiales, constituyó el semillero más grande y
fecundo de la Institución policial. Los oficiales de la primera promoción
empezaron las tareas del servicio con su incorporación a diferentes unidades y
con ellos se inició una era de apreciables transformaciones. Por aquel tiempo
los agentes llegaban directamente a la unidad de vigilancia, donde se
constituía con ellos una Sección que era entrenada en las actividades de
policía, antes de destinarlos al servicio.
En esas pequeñas unidades, los nuevos oficiales tuvieron un amplio campo de
acción para inculcar a sus hombres lo que habían aprendido en la escuela.
Ciertamente fue una época de mística policial, sin más pasión que el
trabajo por el engrandecimiento de la Institución, con el único anhelo de ser
guía y la protección de todos los ciudadanos.
Esta tarea no sólo se limitaba a los recién llegados. Ella se extendía con
el mismo entusiasmo, en medio de jornadas agotadoras, al personal antiguo, que
respondió con el mismo ánimo renovador. Para los oficiales esto significó
fatigas sin orillas, pero superándolas, animados por la llamada de la fe, en
una institución más vigorosa y promisoria para el bien de Colombia. Fue éste el
principio de una etapa decisiva para la Policía Nacional, con profesionalismo
que le permitiría años más tarde llegar al manejo de su propia Institución,
como así sucedió en el año de 1958.
Desde luego no todo fue color de rosa. En el Decreto del 18 de junio de 1940
se estableció en su artículo 9º: “Después de que termine el primer curso de la
escuela, no se podrá nombrar, ni se podrá dar alta en la Policía Nacional, como
oficial, agente o detective sino a quienes hubieren hecho y aprobado los cursos
correspondientes de preparación, salvo en los casos especiales establecidos en
la Ley o en los reglamentos orgánicos de la Policía Nacional”.
La disposición era fundamental, no sólo para estimular a los alumnos en
cuanto a que no serían desplazados por arribistas de última hora, sino para
sentar las bases firmes de la formación profesional, infortunadamente la
disposición dejó un boquete abierto para violarla “legalmente” cuando
estableció <Salvo en casos especiales>, lo que sirvió para que fuese
manipulada al talante de los propios jefes o de los miembros del gobierno,
quienes continuaron incorporando y ascendiendo personal mediante los viejos
vicios que se trataba de erradicar.
Los cursos de formación que siguieron, realizados simultáneamente con los
de preparación de oficiales en servicio activo, tuvieron muchas resistencias y
la Dirección de la Escuela, e inclusive los mismos profesores, se vieron
enfrentados a toda clase de dificultades para poderlos sacar adelante.
OTROS EVENTOS IMPORTANTES DE LA ESCUELA
En 1943, se establece en dos (2) años la formación de los oficiales y
suboficiales; en un (1) año la de aspirantes a agentes, y en tres (3) meses, la que
corresponde a los cursos de perfeccionamiento para ascenso en los diferentes
grados.
En 1944, por medio del Decreto 421 de febrero 28, se reorganizó el
Departamento Docente de la Policía Nacional y considera a la escuela “General
Santander” como la “columna vertebral de la policía del presente y sobre
todo de la policía del futuro”, haciéndola responsable de modelar las nuevas
mentalidades, para servir al pueblo colombiano como agentes de seguridad del
estado, dentro del marco riguroso del derecho.
Para 1946, se exigía el diploma de bachiller como uno de los requisitos
para ser teniente segundo y el derrotero organizativo y curricular, siguió
respondiendo a una marcada instrucción jurídica, técnica, física y militar
(ésta última, como auxiliar de lo específicamente policial).
Otro dato histórico ocurrido en 1946, fue la graduación por primera vez de
cuatro (4) oficiales extranjeros (dos venezolanos y dos peruanos) quienes integraron
el curso 05, promoción Atanasio Girardot Díaz, graduados como subtenientes
mediante Decreto 3577 del 16 de diciembre de dicho año. Esos Oficiales extranjeros fueron:
Subteniente Carpio Palacios Manuel (Ecuador)
Subteniente Yepes Almeida Gilberto (Ecuador)
Subteniente Rincón Luengo José M. (Venezuela)
Subteniente Salas Morales José Américo. (Venezuela)
La siguiente es la Imagen del Mosaico del Curso 05, promoción Atanasio Girardot, donde aparecen las fotografías de los primeros oficiales extranjero resaltados en el circulo rojo los subtenientes Ecuatorianos y con Amarillo los Venezolanos.
Es importante anotar además que el proceso de convocatoria de estos estudiantes extranjeros se efectúa a través de los agregados de policía en las embajadas con sede en Colombia, ellos establecen contacto con sus respectivas Instituciones policiales y según los candidatos seleccionados se celebra un convenio académico con la Escuela de Cadetes de Policía "General Santander". El programa de formación abarca tres (3) años de instrucción teórica y práctica al cabo de los cuales se obtiene el grado de Subteniente, es de anotar, que el oficial extranjero al regresar a su país homologara el citado grado a la denominación jerárquica que en la institución policial se le equipare.
El 9 de abril de 1948 estalla el Bogotazo, que consistió en una serie
de eventos vandálicos ocurridos en la ciudad de Bogotá, que fueron consecuencia
del asesinato del caudillo liberar Jorge Eliecer Gaitán; ese día hubo saqueos,
principalmente en el centro de la Ciudad Capital, además de los saqueos, se
presentaron incendios provocados por los manifestantes: incendiaron tranvías,
iglesias, locales comerciales y edificaciones importantes.
Fotografía antigua de la fachada del palacio de la Policía
Así como otros tantos inmuebles públicos, el edificio "Palacio de la Policía" donde funcionaba la Dirección
General, fue puesto en la mira de los insurrectos para asaltarlo,
incendiarlo y destruirlo, para lograr este cometido un grupo de amotinados se instaló
en las afueras del edificio donde regaban gasolina por la acera, empapaban de
gasolina las paredes de la fachada con el combustible para prenderle fuego y
con hachas y otras herramientas empezaron a derribar las puertas.
Para evitar dichas acciones, a las seis de la tarde de ese 9 de abril, un
grupo de treinta (30) Cadetes de la Escuela de Policía “General Francisco de
Paula Santander” correspondientes al segundo y último año de estudios para
adquirir el grado de subteniente, salieron en un bus a apoyar al personal del “Palacio
de la Policía”; al llegar al lugar los
cadetes procedieron a desembarcar del vehículo para entrar al Palacio de la Policía, acción
que fue aprovechada por los amotinados para dispararle al grupo de uniformados,
donde una bala segó la vida del Cadete Gerardo Enrique MoncayoBarrera, oriundo de Pasto (Nariño) y otra causo heridas al Cadete Noel Delgadillo
Parra.
Cadete Gerardo E. Moncayo B.
El presidente de la República doctor Mariano Ospina Pérez, lo ascendió de manera póstuma al grado de Teniente Segundo el 28 de abril de 1948, según Decreto 01514 del 12 de abril del mismo año. También a través de la Resolución 01186 de mayo 16 de
1958, se instituyó que el Casino de Cadetes de la Escuela “General Francisco de
Paula Santander” se denominara “Cadete Gerardo Moncayo”, en memoria de este
oficial que ofrendó su vida para mantener el imperio de la Constitución y las leyes.
De igual forma, en su honor el Curso 40 de oficiales de la Escuela de Policía "General Francisco de Paula Santander", egresado el 24 de agosto de 1977, se denominó "Promoción CADETE GERARDO ENRIQUE MONCAYO BARRERA" .
En el lapso comprendido entre 1948 y 1950, marcó un período de interrupción en
las actividades académicas del instituto, el cual correspondió a la crisis que
como resultado de los hechos violentos del 9 de abril de 1948, obligó a la reorganización de la Policía Nacional, reorganización
que se adelantó gracias a la contratación de una Misión Inglesa, dirigida por
Sir Archibald Douglas Gordon, que entre otras realizaciones elaboró un pensum
completo para cadetes, oficiales y agentes y definió pautas para su formación,
las cuales incluyeron entre muchos aspectos, el fomento de la investigación
criminal.
Integrantes de la Misión Inglesa
Con base en tales ejecutorias, el gobierno nacional posibilitó que la Escuela “General Santander” reiniciara sus labores en enero de 1950,
encargándole de manera exclusiva, la formación de los oficiales para la Policía
Nacional, que se requerían, con más profesionalismo y capacidad de prestar un
servicio eficaz.
El 10 de diciembre de 1955, mediante la Resolución 5237, el Ministerio de
Educación Nacional le concedió licencia de funcionamiento a la Sección de
bachillerato de la Escuela de Policía “General Santander”,
plantel que se dedicará a la educación masculina, en la ciudad de Bogotá, para
los cursos quinto y sexto.
Resolución 5237 de 1955
El 6 de noviembre de 1956, mediante la Resolución 3394 del Ministerio de
Educación, se dispone la destinación de la Escuela de Policía “General
Santander” a la formación exclusiva de oficiales para cuyo efecto los alumnos
que a ella ingresaran iniciaban como Cadetes, cursaban el 5 y 6 año de bachillerato, continuaban durante el primer año su formación como oficiales, al término del
cual eran distinguidos con el grado jerárquico de Alférez, como una medida para
aumentar el personal y formar la vocación desde temprana edad.
En 1957, mediante la Resolución 1805 del 24 de mayo, se reglamentó la
denominación y se estableció el orden de las promociones de oficiales que
egresaron de la escuela de Policía “General Santander”, donde se da inicio con
la promoción 01 “Simón Bolívar”, al curso que terminó el 22 de noviembre de
1940.
Resolución 1805 de 1957
Con motivo de la organización académica de la Escuela de Policía General
Santander, en el año de 1957, con el fin de convertir la Escuela en un
verdadero centro académico que estuviera a la altura de los planteles docentes
del país, el Presidente de la República Teniente General Gustavo Rojas Pinilla expide
el Decreto 0873 de fecha 27 de abril de 1957 por medio del cual reglamenta los
cursos para el personal de alumnos y establece la distinción de “Alférez” para
los cadetes que hubiesen aprobado las dos primeras etapas del curso profesional de
formación de oficiales.
Fotografía del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla
El Artículo 7 del citado Decreto determinaba: «los alféreces tendrán las
atribuciones con mando inherentes a su distinción, en relación con el personal
de alumnos de la Escuela de Cadetes de Policía».
El grado de alférez fue conferido por primera vez a 45 cadetes de la Escuela
de Policía mediante Decreto 1339 de 1 de julio de 1957, a quienes les fue
entregado el sable de alférez, símbolo de autoridad y mando. Alféreces que
ostentarían posteriormente el grado de subtenientes según Decreto 1919 del 18
de septiembre de 1957 como integrantes del curso 016, promoción José Custodio
García Rovira.
Fascimil del Diploma otorgado a quien ostentaba el grado de Alférez
Imagen del Mosaico del Curso 016, promoción José Custodio García Rovira, donde aparecen las fotografías de los oficiales que durante su curso en la Escuela de Policía "General Santander" fueron los primeros en ostentar el grado de alférez.
También en 1957, se comenzó un ciclo de aprovechamientos de los terrenos de la Escuela
para sembrar cebada y criar animales de corral, la cebada se vendía por cargas
a los productores de cerveza locales y los animales mejoraban el contenido proteínico
de la dieta de los cadetes.
Instalaciones de la Escuela para 1957
De igual forma, algunos animales procedentes de circos fueron llevados a la Escuela
en ausencia de otro lugar para protegerlos. Para ello la infraestructura construida
hacia el occidente de la Guardia fue acondicionada como un zoológico para que
los vecinos de la Escuela pudiesen conocer sobre la fauna mundial. Allí había
un león, llamado Leopoldo, un oso, cóndores, un águila, una pareja de dantos y
pavos reales. En 1976, estos animales fueron entregados al INDERENA en
correspondencia a la normatividad ambiental colombiana, que comenzó a regular y
proteger la fauna y flora mediante acuerdos internacionales.
Fotografía del lugar donde funcionó el Zoológico en la Escuela
La llegada al país en 1958 de la Segunda Misión Chilena, integrada por: el
mayor Jorge Aranda Parra como jefe, el capitán Braulio Saavedra Morales y
el capitán Arturo Toro Toro, oficiales seleccionados entre los más destacados
del cuerpo de carabineros, permitió la preparación de instructores y maestros
de equitación, que en ese arte han orientado a las generaciones de oficiales y
han tecnificado el servicio de carabineros que se presta actualmente en
nuestros pueblos y ciudades.
Fotografía de los integrantes de la Segunda Misión Chilena
El martes 3 de junio de 1958, se da un hecho histórico para este Instituto
tras la posesión como director de la Escuela del señor Teniente Coronel José
Antonio Ramírez Merchán, al convertirse en el primer egresado de sus propias
aulas que asumía este cargo. El Teniente Coronel Ramírez Merchán recibió su
grado como subteniente en noviembre de 1940 por lo cual figuraba como miembro
fundador.
Fotografía del Teniente Coronel Ramírez Merchán
De la misma manera para ese año, se realizó la inauguración de la Capilla “Cristo
Sacerdote” de la Escuela evento que se llevó a cabo el 5 de noviembre, al que asistieron
el presidente de la República Alberto Lleras Camargo, le impartió la
bendición el excelentísimo señor Obispo auxiliar de Bogotá Monseñor Correa y
ofició el señor capellán general, presbítero y coronel del ejército, Pedro
Pablo Galindo.
Inauguración de la Capilla “Cristo Sacerdote”
El 14 de julio de 1961 en el campo de paradas de la Escuela de Policía
“General Santander”, se llevó a cabo la ceremonia de imposición de insignias al
primer General que tuvo la Policía Nacional, que fueron impuestas por el señor
presidente de la República Alberto Lleras Camargo al señor Coronel Saulo Gil
Ramírez Sendoya.
Brigadier General Saulo Gil Ramírez Sendoya
1963- NACE EL HIMNO DE LA ESCUELA- El himno de la Escuela de Policía "General Santader" fue escrito por el destacado maestro Pedro Heriberto Moran Viva, con letra de Ernesto Rocamares (Seudónimo), el cual se trata de un canto vigoroso, marcial y juvenil; siendo aprobado mediante Resolución de la Dirección General 03935 del 22 de noviembre de 1963.
CORO
Adalides, Gallardos Marchemos
En la senda que marca el deber;
Nuestra fulgida espada es la ley
Con que patria nos dio Santander (BIS)
Santander, de las leyes el Hombre,
De orden paz y justicia baluarte,
A la escuela lego lustre nombre
Y en su numen y norte radiante.
Alma mater tus hijos te aclaman
Invencibles, unidos y grandes;
Y por cumbres de luz tu bandera
Es cual cóndor audaz de los Andes.
Caballero del orden, yo juro
Democráticamente luchar,
Vigoroso de cuerpo y de mente,
Por mi Dios, por Colombia y mi hogar
El deber y el honor son las normas,
Que en las lides o en paz bonanza
Por los ámbitos patrios pregonas,
¡ Oh bandera de sol y esperanza ¡
En 1964, mediante Decreto 349 de 19 de febrero se creó la “Academia
Superior de Policía”, curso que deberían adelantar y aprobar los oficiales
en el grado de mayor, de conformidad con el Estatuto de la Carrera de Oficiales
de la Policía Nacional, academia a la que se suman desde esa época oficiales de
países hermanos como Honduras, Panamá, Venezuela, Costa Rica, Perú, Ecuador y
Bolivia y que han contribuido a afianzar el prestigio de la Policía de Colombia
en América Latina.
En Consecuencia, mediante Resolución 2175 de mayo de 1964, fueron llamados por primera vez a esta academia los siguientes mayores, sin el plan de estudios, ni los exámenes, ni las exigencias que posteriormente se establecieron, así: LUIS H. VALDERRAMA NÚÑEZ, LUIS EDUARDO HERNÁNDEZ LEÓN, JOSÉ JOAQUÍN CHACÓN HERNÁNDEZ, MARCO VINICIO PRIETO REYES, RENÉ GORDILLO LOPERA, GERARDO ROJAS SERRANO, BERNARDO ECHEVERRI OSSA, FILIPO VILLAREAL REVELO, MARIO ERNESTO ÁVILA MORA, CARLOS JULIO CORTÉZ GRACIA Y FRANCISCO RODRÍGUEZ DELGADO.
Oficiales integrantes del primer curso de Academia Superior de Policía
1965-CREACIÓN MEDALLA “General Santander”. La busca de condecoración que premiara a los alumnos más destacados del
Alma Mater, finalmente se concreta, mediante Decreto 1161 de mayo 1 de 1965 con la
creación de la Medalla “General Santander” como estímulo a los mejores alumnos
del plantel en los siguientes casos:
a.A los estudiantes del
curso de academia superior que haya obtenido u obtengan el primer puesto, con
un cómputo general de calificación no inferior a nueve (9) sobre diez (10).
b.A los oficiales de curso
de ascenso que obtengan el primer puesto con la misma calificación anterior.
c.Al alumno de último año
de instituto, en el curso de formación de oficiales, que en su promoción al
grado de subteniente obtenga el primer puesto con calificación de nueve (9)
sobre diez (10).
Medalla "General Santander"
1971-CREACIÓN DISTINTIVO. Siendo director de la escuela en señor Coronel Pablo A. Rosas Guarín, se
expidió la Resolución 003 del 12 de mayo de 1971, por la cual se creó el distintivo
de la Escuela de Cadetes de Policía “General Santander”, como símbolo de
reconocimiento que se otorga a quienes hayan prestado sus servicios como
oficiales de planta del instituto.
Distintivo Escuela "General Santander"
ESCUDO DE LA ESCUELA- SIMBOLOGÍA HERÁLDICA. Será acuartelado en cruz y con armas dispuestas en
la siguiente forma: en el cuartel superior diestro, sobre el campo de gules,
una torre de oro en los cuarteles superior siniestro en inferior diestro, sobre
campo de plata, un león rampante de gules, lamparazo de azur y empuñando una
espada armada de oro y guarnecida en sable. Sobre el todo, un escusón en
sinople que ostenta una estrella de plata con cinco puntas, tendrá bordura de
oro láminas de sable colocadas en cruz cuya llama será de gules.
CUARTELES: Significado: El diestro superior, en campo de gules simboliza, fortaleza y
victoria. Virtudes sobre las cuales descansa el libro y la pluma que a su vez,
representa el labor docente del instituto. Los cuarteles siniestro superior y
diestro inferior, simbolizan por la plata del campo, pureza, integridad y
firmeza, virtudes sobre las cuales, descansa el león que representa por si
mismo vigilancia, autoridad, magnanimidad, bravura y lealtad. La espada
significa por si misma justicia, blasonada de oro magnanimidad, luz y
sabiduría; La guarnición de sable simboliza prudencia, rigor y honestidad,
virtudes que constituyen las bases fundamentales de la justicia. El cuartel
siniestro inferior simboliza, por los gules de su campo, fortaleza y victoria,
virtudes sobre las cuales descansa la torre, que a su vez significa grandeza y
elevación de miras, así también asilo y salvaguardia, cualidades
imprescindibles en el cuerpo de policía, el oro de que se está blasonada indica
nobleza, magnanimidad, luz, constancia y sabiduría.
Quienes llevan en su escudo
de gules sobre el cual descansa el libro y la torre, están obligados a socorrer
a los oprimidos injustamente.
Quienes llevan la plata en
su escudo (campo del cuartel) están obligados a amparar huérfanos y a defender
doncellas.
Quienes llevan en sus
escudos el sinople, están obligados a remediar a paisanos y labradores y luchar
por la seguridad de la Patria.
El oro reclama el deber de
aliviar a los pobres y defender a la Patria hasta morir por ella.
Quienes llevan el sable en
sus escudos están en la obligación de auxiliar a los artistas y literatos y
amparar a las viudas y desvalidos.
Quienes llevan azur en sus
escudos están obligados a asistir prontamente a su rey o señor y socorrer a sus
fieles servidores.
ESCUSÓN: Por el campo de sinople, significa remediar, impedir un daño, socorrer una
necesidad, evitar un riesgo o peligro, prevenir. La estrella significa, por sí
misma, grandeza, luz, verdad, majestad y simboliza la prudencia.
BORDURA: La bordura simboliza la cota de armas del caballero y en este caso, blasonada
de oro, indica luz, constancia, sabiduría; las lámparas simbolizan el estudio y
blasonadas de sable indican honestidad y obediencia; la llama representa la luz
espiritual que debe acompañar al estudiante y blasonada de gules es insignia de
fortaleza.
ORNAMENTOS EXTERIORES
TIMBRE: Será un yelmo de plata que mirará a la diestra del
escudo, con forro de gules y visera de siete barras. Cimera: será de oro y
gules con vueltas de sinople y plata. Divisa: la formará una cinta ordeada de
plata con la siguiente leyenda en letras de sable: “LA FUERZA AL SERVICIO DEL
DERECHO”.
“LA FUERZA AL SERVICIO DEL DERECHO”. Es el lema de la Escuela, no significa nada más que el ejercicio vertical de la autoridad policial, ajeno a los abusos de la fuerza ya que su inspiración solo apunta a consolidar el imperio de los mandatos constitucionales, legales y reglamentarios para el buen vivir.
Escudo
BANDERA DE LA ESCUELA. La bandera de la Escuela tiene 1.35 cms de largo por 1.10 mts de ancho y se divide en dos fajas horizontales iguales; la faja superior de color verde, y la inferior es de color amarillo; en el centro de las dos fajas va el escudo de la Escuela.
La Bandera de la Escuela se coloca a la izquierda del pabellón Nacional en las formaciones de paradas y es llevado por un abanderado y su escolta.
El significado de sus colores es : el verde, esperanza en el porvenir, así como en las altas misiones espirituales y educativas encomendadas a la Escuela. El amarillo, riqueza, pulcritud en la enseñanzas y doctrinas que burila la mentalidad de quienes forma y capacita. Colores que deben ser motivo de culto y veneración por el personal del instituto,
porque encarna, para los futuros oficiales, los más altos ideales de honor,
ejemplos de patriotismo y lealtad.
Bandera de la escuela.
Se destaca también para el año de 1971, la graduación mediante Decreto 909
del 25 de mayo, del primer grupo de oficiales conformado por profesionales de carreras
universitarias como: abogados, odontólogos, sacerdotes y médicos veterinarios,
quienes adelantaron el curso que en ese momento se llamaba “Para oficiales de
los servicios” y por esta razón no aparecen con número de curso no bautizados
con nombre alguno de promoción. Después de adelantar su curso especial, fueron ascendidos
al grado de Teniente.
NACE LA REVISTA DE LA ESCUELA. En 1975, nace la Revista Escuela de Cadetes de Policía “General Santander”,
creada mediante la Resolución 01407 del 30 de abril, donde se faculta al
director de la escuela para que proceda a su organización y publicación
respectiva, según esta resolución la edición sería trimestral.
Revista No 1 Escuela de Cadetes de Policía "General Santader"
PRIMERA UNIVERSIDAD DE POLICÍA DE LAS AMÉRICAS. La Escuela de Cadetes de Policía "General Francisco de Paula Santander" es un centro universitario aprobado mediante Resolución 9345 de 1976, emanada del Ministerio de Educación Nacional cuyo objetivo es el de formar y capacitar integralmente a los oficiales de policía, profesionales necesarios para preservar la Constitución Nacional y las leyes de la República, salvaguardar las libertades y garantizar los derechos de los ciudadanos. Reconocimiento que se dio después de diversas y continuase gestiones, iniciadas en el período del Coronel Pablo Rosas Guarín, (1973) y mediante una estrecha relación con la Universidad Javeriana y el ICFES se logra algunos avances en el campo académico: en principio, la aprobación de la Escuela como una entidad universitaria. Mediante el acuerdo 15 de enero de 1976, el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior-ICFES, concede licencia de funcionamiento a los programas de Licenciatura en Estudios Policiales y de Administración Policial a la Escuela de Cadetes de Policía “General Santander”, y mediante Resolución 9354 de octubre 27 de 1976 el Ministerio de Educación aprueba los programas respectivos. PRIMERAS OFICIALES FEMENINAS DE LOS SERVICIOS. Para 1977, con fecha 15 de abril, se graduaron doce (12) profesionales
femeninas que integrarían el primer curso de Tenientes Femeninas de los Servicios.
Las oficiales graduadas fueron: Nelly Beltrán de Porras, Laura M. Cajiao Porras, Marcela Currea Galvis, María Magdalena Forero Rincón. Gloria Isabel Lamo Jiménez, Cecilia Navarro Reyes, María Victoria Ordoñez Quintana, Ana Consuelo Rodríguez Álvarez, Martha Wisner de Ramírez, Gladys Castañeda de Beltrán con el grado de Tenientes, y como Subtenientes Sonia Luz Gil Echeverry y Olga Patricia Hernández Suarez.
Primeras Tenientes Femeninas de los Servicios
LLEGAN LAS DAGAS A LA ESCUELA. En 1981, el día 12 de marzo se llevó a cabo por primera vez en la historia
de la Policía Nacional la ceremonia de entrega de dagas a una compañía de
Cadetes integrantes de la Compañía Simón Bolívar. Las dagas representan el
símbolo de las armas de nuestra República y que en épocas inmemoriales cautivaron
a reyes, tronos y dominaciones y siempre fueron portadas por éstos con
hidalguía y representaron su autoridad.
Llegada de las Dagas para los Cadetes
PRIMERAS OFICIALES FEMENINAS EN LA ESPECIALIDAD DE VIGILANCIA. Otro hecho trascendental acaecido en esta anualidad, ocurrió el 22 de
octubre donde mediante Decreto 2938, se gradúan como primeras oficiales en la
especialidad de vigilancia, 7 mujeres provenientes de diferentes departamentos
de Colombia, quienes integraron el Curso 049, promoción Teniente Héctor
Fernando Tinjacá Rodríguez.
Primeras Oficiales femeninas en la especialidad de vigilancia
CREACIÓN DEPARTAMENTO ESTUDIOS CRIMINALÍSTICOS. A través del Decreto 2137 de 1987 se modificó la estructura de la Escuela y
se creó el Departamento de Estudios Criminalísticos, el cual, posteriormente,
se constituyó en la Facultad de Criminalística. Se ofrecieron los programas de
Administración Policial y Criminalística, este último aprobado mediante
Resolución 1202 de 4 de marzo de 1988, de la Dirección General de la Policía
Nacional. Posteriormente, por Acuerdo 080 del 7 de julio de 1988 la Junta Directiva del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior-ICFES, aprobó el Programa Universitario de Criminalística, el cual se implementó en la Escuela a partir del 11 de julio con treinta (30) subtenientes seleccionados ente un centenar de inscritos.
Primera Promoción de Oficiales Criminalísticos
ESCUELA CAMPEONA DE JUEGOS INTERESCUELAS DE CADETES. En el mes de octubre de 1990, la Escuela de Cadetes de Policía "General Francisco de Paula Santander" resultó campeón de los Xlll Juegos Interescuelas de Cadetes realizados por la Escuela Naval "Almirante Padilla" de la ciudad de Cartagena, evento donde 101 deportistas y futuros oficiales de Policía demostraron no sólo estar preparados para ejercer la labor operativa o administrativa de la Institución, sino que también en las diferentes disciplinas del deporte tales como: Natación, atletismo, pentathlón, esgrima, tiro, tennis, fútboll, baloncesto y voleibol.
MODIFICACIÓN PLAN DE ESTUDIOS. Mediante Resolución 10488 del 1 de diciembre de 1992 se modificó el plan de estudios del Programa Formación Universitaria en Administración Policial de la Escuela de Cadetes de Policía “General Santander” y se dio a conocer los principios generales del instituto-éticos, jurídicos, pedagógicos y epistemológicos-, así como la finalidad y objetivos del instituto, acerca de los cuales se habían escrito en el año 1975, período en el cual la Escuela se transformaba, de una entidad con carácter de hacienda, en una institución con organización y categoría universitaria. Hechos que marcaron el interesante proceso de desarrollo organizacional y académico que hoy podemos presentar ante la comunidad nacional e internacional. PRIMER CURSO DE SUBOFICIALES A OFICIALES. Para el mes de enero de 1993 se generó un hecho histórico, el alto mando de la Policía Nacional, dispuso el ingreso de 124 suboficiales a la Escuela de Cadetes de Policía "General Francisco de Paula Santander", quienes en un arduo proceso realizado por la Institución fueron seleccionados para adelantar curso de oficiales por el lapso de un año.
Este grupo de uniformados integró la compañía JOSÉ ANTONIO GALÁN, quienes para el 13 de junio de ese año ascendieron a Alféreces y por Decreto 13876 del 3 de diciembre de 1993 conformaron el Curso 65 de oficiales, promoción Coronel Alberto Ramírez Gómez, donde el Subteniente Santiago Barón Salazar ocupó el primer puesto de dicha promoción.
Fotografía del Subteniente Santiago Barón Salazar, primer puesto del curso 065.
CREACIÓN DE LA DIRECCIÓN ESCUELA NACIONAL DE POLICÍA. Con el fin de unificar los criterios académicos para la formación policial,
mediante el Decreto 1686 de 27 de junio de 1997, se fusionó la Dirección
Docente de la Policía Nacional con la Escuela de Cadetes de Policía General
Santander. Así se dio origen a la "Dirección Escuela Nacional de Policía General
Santander".
La Dirección Escuela Nacional de Policía General Santander contaba en esa oportunidad
con un sistema integral conformado por 18 escuelas seccionales y 7 centros de
formación, capacitación y especialización policial a lo largo y ancho de la
geografía nacional, estructura universitaria que a diferente nivel jerárquico y
a escala tenía como objeto promover el desarrollo académico, social e
investigativo de la Policía Nacional de Colombia.
CREACIÓN PROGRAMA DE ESPECIALIZACIÓN EN INVESTIGACIÓN CRIMINAL. Mediante Resolución 056 del 06 de mayo de 1998 el director de la Escuela
Nacional de Policía General Santander, crea el programa de especialización en
investigación criminal dirigido a miembros de la institución y funcionarios
públicos comprometidos en la administración de justicia.
CREACIÓN FACULTAD DE ESTUDIOS TÉCNICOS Y TECNOLÓGICOS. En el año 2000, se modifican los estatutos de carrera del personal
uniformado, mediante Decreto 1791, la entrada en vigencia de este decreto trajo
consigo nuevas exigencias académicas, relacionadas con la profesionalización
del personal, mediante la expedición de títulos de idoneidad profesional. En
respuesta a esta necesidad, se creó la Facultad de Estudios Técnicos y
Tecnológicos, para desarrollar procesos educativos dirigidos a la formación de
los suboficiales e integrantes del Nivel Ejecutivo. En este proceso de
profesionalización policial, se exige que todos los aspirantes a ingresar al
cuerpo de Policía posean, como mínimo, título de bachiller.
ACREDITACIÓN DE PROGRAMAS. En el año 2000 el Ministerio de Educación Nacional, en reconocimiento a su
calidad, acredita los programas de Administración Policial y Criminalística.
En el 2004 se renueva dicho proceso de acreditación por cinco años más. En
este mismo año se obtiene el registro calificado de los programas que
desarrolla la Escuela Nacional de Policía General Francisco de Paula Santander.
CREACIÓN DE LA DIRECCIÓN NACIONAL DE ESCUELAS. En el 2006, mediante Decreto 4222, se crea la Dirección Nacional de
Escuelas como instancia superior en el ámbito de la educación policial encargada
de dirigir el proceso educativo de la Policía Nacional.
Organigrama de la Policía según Decreto 4222 de 2006
En el 2006 la institución consolida por primera vez un modelo pedagógico
para la formación de los profesionales de policía, con un enfoque educativo por
competencias. Además, identifica, describe y documenta los procesos académicos,
para fortalecer el diseño, desarrollo y evaluación de los programas.
MONUMENTO A LOS GENERALES.
El “Monumento a
los Generales de la Policía Nacional” inaugurado en la Escuela de Cadetes de
Policía General Francisco de Paula Santander, es una pieza única, emblemática
de hombres y mujeres oficiales de la Policía Nacional que por su
profesionalismo han ocupado el más alto grado en el escalafón institucional;
son conocedores y edificadores de la institución y del país desde distintas perspectivas.
Los generales, esenciales en la consolidación de la institución, son quienes
contribuyen a mejorar las condiciones de seguridad y convivencia del país.
MONUMENTO A LOS GENERALES
El monumento fue
inaugurado el día 6 de junio de 2009 por el General Oscar Adolfo Naranjo
Trujillo, acompañado por el mando institucional y con la asistencia de los
miembros del Colegio de generales de la Policía Nacional de Colombia.
Descripción del
monumento:
Volumen: compuesto
por elementos independientes que cobran sentido en conjunto: estructura con
acabado de mármol, sobre un zócalo que soporta los pilares rectangulares
articulados por el pedestal.
El zócalo:
dividido en tres segmentos, sobre la base confluyen tres planos horizontales,
unen la continuidad con los límites de los pilares; el borde es recorrido por
un surco con agua que cae como lámina del panel central vertical; estos
elementos representan la transparencia, el movimiento y la vida.
Pilar lateral
derecho: inscribe, en orden de cursos y por fechas de promoción, con el primer
grado (brigadier general) los nombres completos y apellidos en sus diferentes
jerarquías.
El pedestal
central: acentuado por la disposición de los planos, con alturas diferentes que
crean la ilusión óptica de perspectiva en profundidad, altura y dinamismo,
sobre el cual se erige la escultura en pie del General Francisco José de Paula
Santander y Omaña, reconocido por sus idearios, como prócer de la
independencia, organizador de la República y “Hombre de la Leyes”. La escuela
de policía tomó su nombre al reconocerlo inspirador de la juridicidad en la
función pública.
La parte superior
del monumento fue reservada para la inscripción “Dios y Patria” lema de la Policía
Nacional. En la parte media frontal del pedestal, sobresale la Estrella de diez
puntas iguales, que incluye el Escudo Nacional de la República de Colombia,
correspondiente a la insignia que distingue a los generales. En el centro la
inscripción -Policía Nacional de Colombia a sus generales-. En esta particular estructura
prevalecen las dos constantes estilísticas donde se adiciona el recorrido del
agua como elemento esencial de este conjunto escultórico.
Pilar lateral
izquierdo: espacio que permanece disponible para ampliar la lista con las
futuras generaciones de hombres y mujeres generales que alcanzarán la máxima
jerarquía de la Policía Nacional
Esta gran obra fue elaborada por el Maestro Carlos Arturo Cepeda Martínez.
INICIA PROCESO DE CERTIFICACIÓN DE LA ESCUELA. En el año 2010, se inició el proceso de certificación la Escuela de Cadetes
de Policía General Francisco de Paula Santander y la Escuela de Policía Gabriel
González en el Espinal (Tolima).
Actualmente la Escuela de Cadetes de Policía "General Francisco de Paula Santander", se ha consolidado académicamente y se ha convertido en el gran semillero
del mando policial; acoge en su seno a cadetes y Alférez, ansiosos de alcanzar su grado de subtenientes,
para abrazar el anhelado compromiso de convertirse en profesionales de policía
al servicio de la comunidad colombiana, que se proyecta además, a los países
hermanos con hombres y mujeres con quienes compartimos las experiencias
policiales y que adquieren el compromiso de llevar hasta sus comunidades e
instituciones la imagen positiva de la Policía Nacional.
Tratar de resumir lo que ha sido, es y será la Alma Mater de la oficialidad
policial, es sin lugar a dudas un esfuerzo titánico que requiere reflexionar
acerca de la historia y evolución de nuestra misma sociedad, de la Policía
Nacional e incluso del saber interdisciplinario y los procesos pedagógicos con
que se han profesionalizado más de 14.000 oficiales de policía de Colombia y de
diversos países de Latinoamérica en 111 promociones egresadas desde el 16 de mayo de
1940.
Oficiales que han egresado para cumplir el precepto constitucional de ser
un “Cuerpo armado de naturaleza civil cuyo fin es el mantenimiento de las
condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas
y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz”.
Aquí finaliza esta investigación y espero haber acertado con esta Historia, a fin de que ustedes
y en especial para que las nuevas generaciones de policías logren reconocer el
valor y el significado que para la vida democrática de Colombia representa este
templo del saber policial. Todo lo recreado en este campus, explica
el pasado, nos indica cómo se movió la institución, sin ignorar las raíces y el
génesis para superar los aciertos y corregir sus errores y generar un futuro
exitoso. La profesionalización de la Policía, coloca hoy a esta
escuela como una de las mejores y más importantes instituciones universitarias
policiales del mundo.
Ver vídeo Promocional de la Escuela.
Tomado de https://youtu.be/pxk4hWzFJ-8
Como lo manifesté inicialmente y a manera de cierre, mi homenaje a los 22 héroes de la Escuela de Cadetes de Policía "Genneral Santader", la haré invocando las palabras de señor Cadete Diego Alejandro Molina Peláez (Q.E.P.D)
“ESTUDÍA, NO SEAS POLICIA”.
Es verdad estudia
y no seas Policía. Porque vas a saber lo que es ir a trabajar todos los días
inclusive sábados, domingos y festivos, porque te vas a perder los cumpleaños
de tus padres, hijos, hermanos, nietos y amigos. Porque para ser Policía tienes
que soportar insultos, agresiones, malos tratos, lesiones, atentados
terroristas, etc…
Estudia y no seas Policía
por que vas a ser el blanco perfecto de las criticas destructivas de una sociedad
sin moral, la gente te va a llamar “Corrupto” cuando ellos son los primeros en
decir “Como arreglamos señor oficial” o te van a tildar de “Delincuente o
bandido” pero cuando es capturado un familiar o amigo, son los primeros en
llamar para defenderlos o pedir su libertad.
Estudia y no seas Policía
por que por más que tu sueldo no sea el que mereces no tienes derecho a hacer
paros o protestas, tampoco a ejercer tu voto como todo ciudadano.
No seas policía
porque te va a doler cuando veas a un bebé o un anciano muerto o golpeado, porque
se te va a hacer un nudo en la garganta cuando veas tantas injusticias y tienes
que callar porque vivimos en una sociedad hipócrita que cuando son testigos de
algún delito nadie denuncia o señala, pero para tomar fotos y filmar cuando el
Policía ejerce la fuerza para proteger vidas y bienes están atentos la gran
mayoría, cosa que no pasa contrariamente.
¿Sabes por qué
tienes que estudiar? Porque el Policía no tiene derecho a comer ni a descansar
tranquilo, en muchas ocasiones lo hace de pie, sentado en un andén o a destiempo
sin poder sentarse en un comedor con los suyos. Como mínimo vas a trabajar 14
horas y sentir mucho frío o calor extremo.
“Estudia por
favor” y antes de elegir una profesión, elige ser un buen ser humano, con
principios y valores, porque, así como en todas las profesiones hay buenos, también
hay malos. PARA SER POLICÍA TIENES QUE
TENER VALOR, CORAJE, BERRAQUERA Y ESTAR DISPUESTO A PERDER LA VIDA POR EL PRÓJIMO AÚN QUE NO LO CONOZCAS NI LO MEREZCA.
“ME SIENTO
ORGULLOSO DE SER POLICÍA.
En Memoria, del cadete Luis Alfonso
Mosquera Murillo, el cadete Óscar Javier Saavedra Camacho, el cadete Jonathan
Efraín Suescún García, el cadete Majarré Contreras Juan Felipe, el cadete Juan
Diego Ayala Ansola, el cadete Juan David Rodas Agudelo, el cadete Diego
Alejandro Pérez Alarcón, el cadete Jonatan Ainer León Torres, el cadete Anan
Paul Ayona Barreto, el cadete Diego Alejandro Molina Peláez, el cadete Carlos
Daniel Campaña Huertas, el cadete Diego Fernando Martínez Gálvez, el cadete
Juan Esteban Marulanda Orozco, el cadete César Alberto Ojeda Gómez, el cadete
Cristian Fabián González Portillo, el cadete Fernando Alonso Iriarte Agresor,
la cadete Ericka Sofia Chico Vallejo, el cadete Cristian Camilo Maquilón
Martínez, el cadete Steven Ronaldo Prada Reaño, el cadete Iván René Muñoz Parra,
el cadete Andrés Felipe Carvajal y el cadete Andrés David Fuentes Yépez.
Revista Policía Nacional diferentes épocas
Academia Colombiana de Historia Policial- Promociones de oficiales (1940-2009)
Academia Colombiana de Historial Policial-Cuadernos históricos.
Escuela de Cadetes de Policía "General Santander"- Hechos y Crónicas 1940-1999.
Editorial Planeta-Historia de la Policía Nacional de Colombia.