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viernes, 12 de febrero de 2016

MISIONES EXTRANJERAS QUE CONTRIBUYERON AL CRECIMIENTO DE LA POLICÍA NACIONAL DE COLOMBIA



PRIMERA MISIÓN FRANCESA

Con fundamento en la autorización contenida en la ley 23 de 1890, el gobierno contrató en Francia los servicios del señor Juan Maria Marcelino Gilibert, nacido en Fustignac, municipio del departamento francés Haute Garonne, el 24 de febrero de 1839.  A la edad de 22 años ingresó al servicio militar, en el cual logró el grado de sargento mayor de primera clase.


Juan Maria Marcelino Gilibert

En consideración a sus méritos alcanzó la máxima jerarquía policial como Comisario y recibió varias condecoraciones.

Los antecedentes que rodearon su venida a Colombia se encuentran en las notas cruzadas entre el Ministro de Gobierno de Colombia, doctor Antonio Roldán y el doctor Gonzalo Mallarino, por ese entonces Encargado de Negocios en París.

Dedicó toda su actividad, con una consagración y eficiencia, a organizar a nuestra Policía que más tarde le tenía como un compatriota más y no un técnico extranjero. Imprimió a la recién nacida institución policial las normas de honorabilidad, pulcritud y disciplina.

Después de 19 años de una tarea brillante y desde todo punto de vista meritoria, con la salud quebrantada, se retiró a la tranquilidad de su hogar en 1910.

Por actos de heroísmo al servicio de su patria había recibido también la Medalla Militar en la guerra franco-prusiana en las campañas de África, y por último se le había condecorado con la Cruz de la Legión de Honor.

PRIMER REGLAMENTO DE LA  POLICIA NACIONAL DE COLOMBIA

El primer Reglamento que recibió la Policía Nacional fue redactado por Don Juan María Marcelino Gilibert y aprobado el 12 de diciembre de 1891.   Este decía, entre otros apartes:

“La Policía tiene por misión especial conservar la tranquilidad pública y en consecuencia le corresponde proteger a las personas y a las propiedades; hacer efectivos los derechos y garantías que la Constitución y las leyes reconocen; velar por el cumplimiento de las leyes del país y las órdenes y disposiciones de las autoridades constituidas y prevenir y aprehender a los delincuentes y contraventores.  La Policía no reconoce privilegios ni distinciones y obliga, por tanto a nacionales y extranjeros, salvo las inmunidades reconocidas por la Constitución y las leyes por los tratados públicos y por el Derecho Internacional”.



De igual forma dicho reglamento determinó la organización inicial de la Institución que comprendía las siguientes dependencias:

•Dirección General
•Subdirección General
•Secretaria de la dirección
•Servicio Médico
•Pagaduría,
•Cinco Divisiones de Vigilancia (Distritos)
•División de Seguridad
•División Central

La organización inicial de la Policía la conformaban cinco Comisarios de primera clase; jefes de Distrito o División; un Comisario Mayor de Segunda Clase; Jefe del Servicio de Seguridad; Siete Comisarios Mayores de Segunda Clase para las Divisiones; seis Comisarios de Segunda Clase; ocho Comisarios Mayores de Tercera Clase; nueve Comisarios de Tercera Clase y cuatrocientos Agentes.

Los cuarteles que ocupaban las distintas Divisiones estaban situados así:

La División Central, donde funcionaba las oficinas y habitaciones particulares del Director (en la Calle 10); la Primera División, en el antiguo local de la Plaza de Mercado; la Segunda División, en San Francisco; la Tercera División, en el Dorado (calle 24); la Cuarta División, en la calle 14, la Quinta División en la calle 4ª y la Sexta División en Chapinero. Cada División, a excepción de la segunda y la sexta que tenían una dotación mayor, constaban del siguiente persona:


Un Comisario de Segunda Clase; un Comisario Mayor de Tercera Clase; un Secretario; dieciocho Agentes de Primera Clase; dieciocho Agentes de Segunda Clase y Quince Agentes de Tercera Clase.


NUEVOS SERVICIOS


La fundación del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá aconteció durante la gestión del comisario de primera clase de la Policía de Francia, Juan María Marcelino Gilibert, el 14 de mayo de 1895, con la firma de Miguel Antonio Caro y su Ministro de Guerra Edmundo Cervantes, se dictó el Decreto que nombra varios Agentes de la Policía Nacional, habiéndose dispuesto: Artículo 1. Del aumento decretado nombrase por la Dirección de la Policía Nacional 25 Agentes de Cuarta Clase, destinados a la División Central. Artículo 2. 

Los Agentes nombrados formarán una sección especial que se denominará Sección de Bomberos y se ocupará en los estudios consiguientes a esa clase de servicios. Artículo 3. 

Estos agentes estarán comandados por un Comisario de Tercera Clase, a cuyo efecto créase este destino. Artículo 4. Para ocupar el empleo creado por el artículo anterior, nombrase al señor Alejandro Lince.

La Policía fue adscrita al Ministerio de Guerra el 23 de enero de 1895, con una instrucción esencialmente militar impuesta por al grave situación de desorden publico que afrontaba el país.

El 21 de enero de 1896, la Policía regresó al Ministerio de Gobierno.

La Policía Rural es otra creación de su infatigable labor, la cual fue autorizada por el Decreto 60 del 2 de enero de 1898, para ser experimentada en los Llanos de Casanare, con reglamentación muy completa sobre pesca, caza, bosques, aguas, linderos, flora y especies animales.

Marcelino Gilibert, presento el proyecto de creación de la Caja de Gratificaciones, el cual fue aprobado el 21 de enero de 1896, en el que se incluía el pago de prestaciones sociales, recompensas por tiempo de servicio y otros beneficios para los miembros de la Institución.

Gilibert presentó renuncia irrevocable el 19 de junio de 1898 a raíz de un robo a una joyería bogotana. En su carta dimitoria manifestaba que le era imposible controlar, la enorme cantidad de ladrones, con el escaso cuerpo de agentes a su disposición, y las comisiones que debían atender tanto en la ciudad como fuera de ella. 

Durante el gobierno del General Rafael Reyes, Gilibert volvió a aceptar la dirección y siguió asesorando a la Policía hasta su muerte, ocurrida en Bogotá el 11 de septiembre de 1923.

En 1899, siendo Director de la Policía Nacional Juan C. Ramírez (nombrado el 9 de enero de 1899 hasta el 1º de octubre del mismo año), se llevó a cabo una importante reorganización, el Decreto 230 del 8 de mayo de 1899, destinó a la Policía los siguientes servicios:

Espectáculos públicos
Oficinas
Comisiones
Vigilancia
Investigación y descubrimiento de delitos
Persecución y captura de delincuentes.

Organizó la Policía en ocho Divisiones (siete de vigilancia y la central) y dos Secciones ( la de Investigación y la de Bomberos). Todas ellas dependiendo de la Dirección General. Estableció los servicios médicos y de botica, y fijó en mil treinta y cinco el numero de Agentes de varias clases para la vigilancia de la ciudad. Fue un decreto de los mas fructíferos para la Institución.


Llegamos al año 1906 cuando regresa Gilibert, llamado por el General Rafael Reyes Prieto, a dirigir la Policía por tercera vez. El 6 de mayo de 1906 se posesiono de su cargo y reinicio su incansable labor de servicio. Fue durante este periodo cuando Gilibert sentó las bases más solidas para el futuro de la Policía.

El 6 de agosto de 1909  se retira definitivamente de la Dirección de la Policía Nacional  el señor Comisario Juan María Marcelino Gilibert  Laforgue  el cual se quedo viviendo con su familia en su  quinta “La Gascuña” ubicada en chapinero.

PRIMERA MISIÓN ESPAÑOLA (1916)

El Decreto 1143 del 3 de julio de 1916 creó dos puestos de oficiales instructores para la Policía Nacional, que deberían ser contratados en España.

Misión Española
El Ministro de Colombia en España, doctor Guillermo Camacho Carrizosa, firmó en Madrid el 7 de julio de 1916 el contrato respectivo con el comandante José Agudo Pintado y el Capitán Osuna y Pineda, ambos pertenecientes a la “Guardia Civil Española”.  

El contrato era por tres años y los instructores tenían como misión introducir en Colombia los reglamentos y prácticas de la Policía española.

Amplios pero claros eran los objetivos que debía cumplir esta primera misión española, tal como se estipula en el texto del contrato.  

Con encomiable interés, el Capitán Osuna inició su cometido, implanta el sistema de identificación dactiloscópica monodactilar, creación del doctor Federico Olóriz.  Organizó las secciones de Policía de Boyacá, Cundinamarca  y Tolima, de acuerdo con las modalidades vigentes en la Guardia Civil Española.  

Dictó un curso de identificación, y en 1917 publicó un libro titulado:  “ El Policía y su Técnica”.  Por prolongación del contrato respectivo, el Capitán Osuna permaneció en el país hasta mediados de 1930, su obra merece ciertamente el más sincero reconocimiento.

El prestigio alcanzado por la Institución se solidificaba día tras día y los beneficios y prestaciones sucesivos significaban una recompensa y un estímulo de parte del gobierno para con sus servidores de la Policía.  

El decreto 1870 (octubre 31 de 1916) estableció la fundación de un hospital para atender a los enfermos de este Cuerpo.

Pero a medida que se concedían prestaciones debía la Institución hacerse cargo de nuevos servicios.  

El decreto 1952 (noviembre 15 de 1916) autorizó al Director General de la Policía para “organizar y equipar convenientemente, en esta ciudad (Bogotá) un Piquete de Caballería…con el objeto de vigilar los alrededores de la ciudad y perseguir con mayor eficacia a los ladrones de bestias y ganados, especialmente de noche”. 

Al mando de este piquete iría un comisario de segunda clase con 130 empleados subalternos a sus órdenes.

Siguiendo la evolución institucional, su Director General logró unificar el uso de las prendas del uniforme. Y con este fin impartió las siguientes instrucciones minuciosas: “Con el objeto de conseguir que los funcionarios uniformados del Cuerpo salgan en todo caso de sus cuarteles con la más absoluta uniformidad, se fijan a continuación las prendas que constituyen cada uniforme, así como los días y actos en que éstos han de usarse.

Uniforme de gala:   Lo constituyen la levita y el pantalón negro, el casco, los guantes blancos, el cinturón de charol negro y la espada.

Uniforme de diario:  Está constituido por la guerrera y el pantalón azul, la gorra de plato y el bolillo.  

Los Agentes de primera clase llevarán, en vez de bolillo, el cinturón negro y la espada.  Durante la noche podrán usar los Agentes, para el servicio, el capote o la capa reglamentarios.


SEGUNDA MISIÓN FRANCESA

En cumplimiento de la ley 74 de 1.919, se firmó en París el 30 de julio de 1.920, el contrato con la misión francesa compuesta por los instructores señores ALBERT BRINGE Y GEORGE DROUT quienes llegaron a Bogotá el 23 de noviembre de 1920.

El contrato establecía que esta misión de policía debería concentrarse especialmente a los siguientes objetivos: Implantación de los métodos disciplinarios, de vigilancia y de servicio de la Policía francesa; enseñanza técnica y práctica de la antropometría y de los medios de investigación criminal, colección de las piezas antropométricas y a los aspectos que indicase el Director de la Policía.

Al llegar a esta capital los señores de la misión se ocuparon, desde luego, en el examen de la legislación colombiana, de la organización de nuestra Policía y de su personal, de todo lo cual manifiestan tener muy favorable impresión.  En seguida emprendieron la elaboración de varios proyectos de ley para reorganizar científicamente la Policía y otras materias conexas, según el plan que desean se implante en Colombia; estos proyectos son:

1º. Sobre organización completa de la Policía por la ley;
2º. Creación del Distrito Central de Policía, que controla todos los servicios de
      Policía en la capital de la república;
3º. Organización de un sistema único de antropometría en la república; y
4º. Admisión y residencia de extranjeros en el territorio de la república y
      protección al trabajo nacional.




Contenido de la Ley 14 de 1919 por la cual se crea una escuela de Policía 



MISIÓN ARGENTINA

El señor ENRIQUE MEDINA ARTOLA, quien había desempeñado importantes cargos en la Policía Federal Argentina, fue contratado por el gobierno nacional en junio de 1.928; Medina emprendió una activa labor e implanta en Colombia el sistema dactiloscópico; ideado por el profesor argentino Juan Vucetich, con el cual se vino a reemplazar la identificación antropométrica, (Francesa).

Misión Argentina
En la fotografía aparecen sentados: de izquierda a derecha, Luis Rojas Borda, Enrique Medina Artola, Carlos Saúl Hernández. De pie: de izquierda a derecha, Jorge E. López, Alberto Paz Córdoba, Alfonso Buitrago, Miguel González.
El Doctor Medina Borda era el técnico argentino de Policía científica.
El señor Rojas Borda era el Jefe de la Oficina de Identificación de la Policía Nacional.

Las otras personas eran los alumnos diplomados.

Sus antecedentes profesionales son los que a continuación se mencionan: ingresó a la División de Investigaciones de la capital federal de la república de Argentina el 2 de enero de 1913; prestó servicios durante siete años en la sección de identificaciones a cargo del Comisario César E. Etcheverry donde efectuó sus estudios sobre dactiloscopia e identificación científica, bajo la dirección del nombrado y de los Comisarios Miguel A. Viancarlos y Juan A. Tunici.  Recibió su título de Técnico en la materia a fines de 1917, después de cuatro años de estudios, en un trabajo simultáneo en práctica y teoría.

A fines de 1920, con el objeto de perfeccionarse en materias policiales, pasó a la Oficina de defraudaciones y estafas, a cargo del Comisario Enrique Larrosa. En esta sección hízo se sumariamente, y después de dos años fue nombrado Jefe del Servicio Nocturno de la misma dependencia.

En 1923 se le nombró Profesor de práctica policial y asesor de la cátedra de identificación científica, dictada por el Director de la Escuela de aspirantes para agentes de investigaciones, Comisario Miguel A. Viancarlos.  Tres años estuvo al frente de las referidas cátedras.

En octubre de 1926 lo designó el gobernador de la Provincia de la Rioja, señor Alfonso Lanus, jefe de investigaciones de aquella provincia, en la cual, y en carácter interno, desempeñó en diversas ocasiones los cargos de Comisario de órdenes y secretario nacional de la Policía.
En dicha provincia estableció el sistema de identificación dactiloscópica de Juan Vucetich.

Desempeñó variadas comisiones en el interior y exterior de su república.  Dictó conferencias sobre identificación y policía científica en Montevideo, Corrientes, Concordia, Cajamarca y Córdoba.

En 1928, el encargado de negocios de Colombia en la República Oriental de Uruguay solicitó del Jefe de la Sección de Seguridad personal de la capital federal de la Argentina, Comisario Alfredo Calandra, un técnico en materias policiales, y fue designado el Doctor Medina Artola,  quien renunció al cargo de jefe de investigaciones de la Rioja para trasladarse a Bogotá como Policía científico y asesor de la Policía Nacional colombiana, en virtud del contrato celebrado con el mencionado diplomático de Colombia en el Uruguay, el 5 de mayo de 1928.

El doctor Medina llegó en el mes de junio y se hizo cargo de la cátedra de Policía científica y asesoría policial; en todo ello demostró su singular competencia y su facilidad de adaptación social al medio colombiano.

La obra del doctor Medina está consignada en la implantación del sistema dactiloscópico ideado por el profesor argentino, Juan Vucetich que reemplazó el sistema antropométrico.  Dictó además un curso intensivo sobre la materia y después de u año de permanencia en Colombia, regresó a su patria.

Primeros estudios dactilares realizados por la Misión Argentina-1929


Filiación prontuaria de extranjeros expulsados del país-1931



Bajo la Dirección General  del doctor José María Dávila Tello, seguía el avance de la institución en distintos frentes.  Tal como lo hiciera Gilibert en 1892, se llevó a cabo 7 de abril de 1929, un majestuoso desfile de la Policía en traje de parada,  “ para dar a conocer del público, en conjunto, no sólo la organización y presentación de los diversos cuerpos del servicio, sino el espíritu militar y la disciplina misma que podía exhibir”.

Al acto asistieron, como es de suponerse, las primeras autoridades de la república y otras altas personalidades así como numeroso público que ovacionaron a los componentes de la parada.

En esta ocasión se estrenaron las bicicletas y motocicletas para iniciar con ellas el servicio motorizado en la Institución.

De Chile se importó un lote de ganancia caballar para el adiestramiento del personal de caballería de la Policía, cuya instrucción fue encomendada al entonces Capitán del Ejército Gustavo Matamoros.  

Este cuerpo de caballería sustituirá a las guardias departamentales.

Se dio al servicio, por primera vez, una sección de “Vigilancia del tráfico urbano” cuyo mando estuvo a cargo del comandante Carlos Páramo.

SEGUNDA MISION ESPAÑOLA

En 1.935 vino contratado por el Gobierno Nacional el doctor MANUEL VELA ARAMBARI, técnico español en Policía científica. Su labor profesional fue de gran importancia ya que introdujo modificaciones en el sistema de identificación dactiloscópica; organizó el gabinete central de identificación e instruyó y seleccionó a un distinguido grupo de funcionarios de identificación científica y técnica policial.

Dada la importancia que prestó el gobierno a la investigación criminal en la Policía, nuevamente contrató en España los servicios de un experto en identificación científica para actualizar este servicio en la Policía colombiana.  Dos corrientes imbuían el sistema identificativo de la Policía: el implantado por el Capitán Osuna  ( de la primera misión española) basado en el método del profesor español Federico Olóriz  y el que trajo el argentino Enrique Medina Artola que fue el ideado por el señor Juan Vucetich.

Llegó entonces al país el señor Manuel Vela Arambari  (o Arambarri) perteneciente a la Policía científica de España y quien orientó sus actividades a acoplar el sistema de Vucetich con el de Olóriz Aguilera.  El excelente Gabinete central de identificación que organizó se perdió en los lamentables sucesos del 9 de abril de 1948.

El jefe de este gabinete en julio de 1936, Cipriano Gómez Osorio,  relata lo siguiente sobre este tema:  “Escogida España como el país de donde debía venir el técnico, el representante de Colombia en Madrid adelantó las correspondientes gestiones ante el Ministerio de la Gobernación, el cual comisionó al Gabinete central de identificación del servicio de seguridad para dar el candidato, mediante concurso entre los más antiguos y mejor preparados.  Una vez llenados esos requisitos, el Gobierno colombiano formalizó el respectivo contrato con D. Manuel Vela Arambarri, quien en la forma indicada había ganado el derecho de venir en misión a este país.

A mediados de 1934 llegó el nuevo técnico a Bogotá y durante el resto del año se ocupó en preparar varios proyectos sobre la creación de la escuela colombiana de Policía técnica, que el Gobierno no pudo o no quiso llevar a la práctica.  

También fueron solicitados, en esos meses, algunos informes por el Ministerio de Gobierno y el Sr. Presidente de la República, sobre la organización de la cédula de ciudadanía, documento cuya reglamentaciones ocupaba en adelantar el mencionado ministerio conforme a lo dispuesto en la ley 31 de 1929 y el cual vino a quedar implantado con base en la identificación dactiloscópica del sujeto; en el segundo semestre de ese mismo año, (aunque con una organización técnica muy deficiente, porque entonces no había aquí quién pudiera asesorar debidamente al Gobierno en tan delicada materia, y éste no tuvo a bien atender las insinuaciones, un poco tardías desde luego, que le hizo el técnico español, y en vista de lo mal que había empezado), proponía que se prescindiera de lo hecho para comenzar de nuevo en forma adecuada, una vez de que el Gobierno contara con los elementos necesarios, un personal técnicamente capacitado y en número suficiente para asegurarle al intento resultados satisfactorios. 

En la forma como se habían iniciado los trabajos no había probabilidades,  decía él, de obtener los resultados técnicos que se necesitaban pues faltaba todo: material conveniente, sistema de confianza y funcionarios preparados que pudieran aplicarlos.

Fracasado el proyecto de organizar el detectivismo, la misión del señor Vela Arambarri podría considerarse prácticamente fracasada también; pero fue cuando don Andrés Rocha, Director General de la Policía, ante el clamor unánime de los empleados del Departamento nacional de identificación y de un grupo de estudiantes que habían venido de los departamentos a prepararse en identificación y técnica policial, (para volver luego a ponerse a órdenes de los gobiernos de las respectivas secciones), resolvió oír al profesor Vela, contra las insinuaciones del técnico instructor que tenía entonces la Policía, con los argumentos expuestos por aquel grupo de alumnos, el dicho profesor terminó por convencer al Director General de que la única manera de asegurar el buen éxito de la cédula de ciudadanía, dándole al mismo tiempo estabilidad y eficacia al departamento de identificación, era retirando al técnico criollo y colocando en su lugar al español, que en dos conferencias sobre cuestiones relacionadas con la materia, había logrado demostrar la superioridad del sistema seguido en su país sobre lo que se tenía aquí como sistema de identificación y la gran facilidad que había para implantar el sistema español sin que la oficina de identificación pudiera perjudicarse en lo más mínimo.

La consecuencia inmediata de esas conferencias fue, pues, el nombramiento de Vela para director general técnico del departamento nacional de identificación y el retiro del discípulo de don Enrique Medina Artola,  señor Alberto Paz Córdoba, quien desempeñaba las funciones de técnico instructor.

El Departamento nacional de identificación, bajo la dirección del profesor Vela, se transformó rápidamente llegándose a conseguir que la ciencia de la individualización científica de las personas, casi desconocida hasta entonces en Colombia, interesara un poco a los altos funcionarios del gobierno que ante la necesidad de sostener la cédula de ciudadanía, considerada como una adquisición del gobierno liberal, tuvieron que ocuparse frecuentemente de aquel organismo.  

Un golpe inesperado puso en peligro la estabilidad de ese departamento de Policía, por lo cual el técnico español tuvo que dejar la obra inconclusa en manos de los nuevos técnicos preparados en su cátedra.

PRIMERA MISIÓN CHILENA

Esta misión llegó al país el 21 de marzo de 1.936.  La componían los señores oficiales.  Coronel Armando Romo Boza, Capitán Belarmino Torres Guevara  y Teniente Emilio Oelkers Hollstein,  pertenecientes al cuerpo de carabineros de Chile.  La misión llevó a cabo cursos de perfeccionamiento, preparación e información para todos los jefes, oficiales y suboficiales de la institución mediante la implantación de nuevos sistemas en la instrucción policial de nuestra institución.

El oficial que dejó mejor trayectoria en la Policía Colombiana fue el Teniente Emilio Oelkers Hollstein,  por el dinamismo y abnegación puestos en su tarea.

El contrato le fue prorrogado por dos años más, al término de los cuales, el gobierno no le otorgó la máxima condecoración del país, la “Cruz de Boyacá” como reconocimiento a sus valiosos servicios.
El contrato respectivo comprometía a sus integrantes a:

- Prestar sus servicios al gobierno de Colombia como asesor técnico de la Dirección de la Policía Nacional, sujeto en todo a las órdenes y disposiciones del Director General de dicha Institución, dictar conferencias en la Policía Nacional y dar instrucción técnica a los oficiales de la misma, contribuir a la formación del plan general sobre servicios de Policía en el territorio de la República, redactar reglamentos de Policía especialmente en lo que se refiere al ramo de organización de Policía Rural montada, asesorar los comando de división de policía montada, resolver todas las consultas que le formule el Gobierno nacional por conducto del Director de la Policía, dedicar todo su tiempo y atención a las obligaciones que contrae el presente contrato.  La duración del contrato era por un año, prorrogado por otro más.

En el campo mas procedimental que doctrinario, fue aún mayor la intervención de los chilenos.

Venidos de una institución mas técnica y mejor dotada que la nuestra, propusieron reformas fundamentales o establecieron servicios que prácticamente, no existían entre nosotros.   Como ocurrió con los de Administración y Documentación que fueron sometidos a un sistema por una directiva científica sobre la cual ha girado, desde esa fecha, este aspecto de la organización policíaca.

Antes de terminar 1936, se adquiere la primera dotación de gases lacrimógenos, cuando el doctor Bernate firmó el contrato correspondiente con el señor Alfonso Rozo Durán quien se comprometió a suministrar 300 bombas del mencionado gas en su calidad de socio y representante de la firma “Daniel Jiménez Durán y Cía”.  El costo de estos elementos fue de $3.361.21 y se pagó en dólares (U.S. 175.75).

En Abril 14 (Decreto 790 de 1937) el gobierno estableció una Escuela técnica de investigación criminal con el objeto formar personal idóneo para los servicios investigativos en todo el país.

PRIMERA MISIÓN NORTEAMERICANA:

En 1938, siendo presidente el Doctor Eduardo santos Montejo y Director de la Policía Nacional el General. Alfredo Azuero Arenasse contrataron los servicios de la Primera Misión Norteamericana bajo la dirección de Edgar Thompson, miembro de la Oficina Federal de Investigación en Washington, quien llegó al país el 5 de julio de 1939, con el fin de que estudiara y propusiera la organización técnica que debiera darse al Departamento Nacional se Seguridad..



El 5 de julio de 1939, procedente de Río de Janeiro llegó el señor Edgar K. Thompson,  miembro del F.B.I.  Esta misión fue de poca trascendencia ya que se dedicó a dar instrucción directa al personal de detectives y a recomendar algunas reformas leves en la organización del departamento nacional de seguridad.  El señor Thompson pereció en un accidente de aviación en la ciudad de Honda (Tolima).

El señor Thompson, abogado, era especializado en investigación de delitos contra la propiedad y conocía muy bien el ambiente de los países suramericanos por haber permanecido en varios de ellos por más de tres años, más o menos, en Puerto Rico,  Jamaica, Trinidad,  Panamá y Haití.

En el decreto fundador de la Escuela General Santander, el ejecutivo había incluido el envío de una comisión de oficiales de la Policía al exterior, con el fin de actualizar conocimientos en este ramo del servicio público.  Fue así como en el mes de agosto de 1939 salió en comisión de estudios hacia Chile, un destacado servidor de la Institución, el mayor Eduardo Cuevas García con el fin de conocer la organización del cuerpo de Carabineros de aquel país y adelantar estudios sobre el servicio de Policía montada.

Thompson presentó al gobierno una información muy completa sobre los servicios de seguridad, luego de haber instruido a un grupo de detectives sobre investigación y defensa personal. Su permanecía fue muy corta en Colombia y por ello sus recomendaciones no se hicieron realidad.





MISIÓN INGLESA

A mediados de 1948, llegaron a Bogotá 14 técnicos ingleses bajo la dirección del señor Coronel Douglas Gordon,  meritorio jefe que había ocupado importantes cargos en su país y participó en la organización de la Policía en la India.  Esta misión se consagró al estudio de la restauración de la Policía, a difundir los fundamentos y normas procedimentales de los servicios y a diseñar sistemas y métodos de vigilancia.  La labor de esta misión que fue positiva y provechosa se plasmó en el estatuto orgánico que por Decreto 2136 de 1949 se dictó.

Aniquilada en esta época una institución que es indispensable para mantener el orden dentro de la sociedad, se hace incuestionablemente necesario proceder a su restablecimiento.  Así lo comprendió el Gobierno, al cual faltaban unos dos años para la terminación del mandato.

El grupo inglés, además del señor Gordon, estaba compuesto por trece técnicos más, de la misma nacionalidad, entre ellos el Coronel Eric M. Roger, Teniente Coronel Bertrand W.H. Dyer, los mayores Frederik H. Abbot y William Parham.

Fruto de esta comisión mixta fue el Decreto Ley No. 2136 del 18 de julio de 1949, que vino a ser el Estatuto orgánico de la Policía por varios años.

Mediante Decreto No. 2136 de 1949 (Estatuto Orgánico de la Policía Nacional), se definió la nueva Estructura de la Policía Nacional, donde se resalta la creación del Departamento de Investigación Criminal y las dependencias que lo integran, estructura que fue la siguiente:







Se discutió en el seno de la Comisión integrada para tal efecto, entre otras cosas la conveniencia de organizar una Policía Nacional (Tesis del Sr. Gordon) y en ello se estuvo de acuerdo, pero las opiniones se dividieron en cuanto a la forma como debía manejarse esta institución, ya que algunos querían que dependiera de una junta de ministros, otros del Ministerio de Gobierno, otros, de un Director General, etc.



Fue también unánime el acuerdo en que debía mantenerse a la Policía al margen de todo carácter político y proceder a su tecnificación.  La sesión del 19 de octubre de 1948, estuvo presidida por el Ministerio de Gobierno, doctor Darío Echandía; se discutió la unión de la Policía con el detectivismo, en un solo cuerpo, pero no se llegó a ninguna conclusión.

En fin, el trabajo de esta misión, no fue tan benéfico para la reorganización de la Policía.  “La convulsionada atmósfera política que se respiraba, de una parte, y por otra, “todos los funcionarios de la misión, muy distinguidos  por cierto, ignoraban el idioma castellano, lo que les impidió inculcar directamente sus enseñanzas.  El método utilizado  fue indirecto ya que se limitó a la lectura de conferencias que debían ser explicadas a los alumnos por profesores que ignoraban la materia y que la trataban sin entrenamiento ni dirección previas.  Todo esto sumado dio como resultado un franco fracaso y al abandonar el país el último de los técnicos, desapareció prácticamente todo el sistema que había pretendido implantarse”.

SEGUNDA MISIÓN CHILENA:

El 10 de julio de 1958 y en virtud al convenio suscrito entre los gobiernos de Colombia y Chile (junio de 1958) llegó al país la segunda misión Chilena, con el objeto de realizar una labor de asesoría al comando de las fuerzas de Policía y directores de institutos de formación profesional, con el fin de perfeccionar el servicio de Policía.  La misión la conformaban, el mayor Jorge Aranda Parra; Jefe de la misión y los capítulos Braulio Saavedra Morales y Eduardo Gordon Cañas.  El señor Mayor Aranda  permaneció en el país cuatro años.  Los otros oficiales regresaron a Chile en el mes de agosto de 1961.  Su labor constituyó un valioso aporte a la preparación y formación profesional de oficiales, suboficiales y agentes y a la organización y funcionamiento de los diferentes servicios.

SEGUNDA MISIÓN NORTEAMERICANA:

Esta misión llegó a Colombia en el mes de enero de 1963 y la integraban los señores David Laughlin, jefe de la misión, John H. Doney, Salvador Romero, Dale Callier y el señor Redlin, experto en comunicaciones.  El propósito de esta misión era el de asesorar el desarrollo técnico de la institución, especialmente en policía judicial y criminalística.

SEGUNDA MISION INGLESA:

El gobierno de la Gran Bretaña envió en el mes de octubre de 1989; una delegación para coordinar el apoyo de ese país a Colombia en la lucha contra el narcotráfico, ayuda que se ha traducido en los siguientes aspectos en cuanto hace referencias a la Policía Nacional, así:

*  Preparación de grupos para la búsqueda y toma de laboratorios en selva, teniendo como duración, cada curso, seis meses que se dividen en tres fases de búsqueda y reconocimiento, de tácticas, para comandantes y la final de operaciones, para lo cual se realizaron el curso de JUNGLA un total de 31 oficiales, 40 suboficiales y 197 agentes de la Policía Nacional.

* Cursos sobre operaciones fluviales, realizado por 6 oficiales, 19 suboficiales, y 36 agentes y dictado por instructores del Ejército inglés con l fin de adiestrar al personal teniendo en cuenta el aspecto hidrográfico del territorio colombiano.

* Cursos de Comunicaciones: En 1992 se dictó un curso sobre equipos de comunicaciones y radiogonometría en los municipios de San José del Guaviare, Nápoles y el Departamento de Policía Urabá.

*  Además, se capacitó a un grupo de 4 oficiales; 16 suboficiales y 20 agentes como instructores de JUNGLA,  para que sirvieran como multiplicadores de las técnicas recibidas del Ejército británico.

TERCERA MISIÓN NORTEAMERICANA:

Durante los últimos años se ha venido recibiendo un apoyo bastante significativo por parte del gobierno norteamericano, basado especialmente en cupos ofrecidos para el entrenamiento de miembros de la Institución en los Estados Unidos, sin embargo al país han venido grupos de instructores para preparar personal de la Institución e los siguientes aspectos:

Instruir a los comandantes de las unidades en el conocimiento, preparación, planeación y ejecución de sus recursos, tanto humanos como materiales para hacer frente a inminentes ataques de la insurgencia teniendo como bases las asignaturas de:
  •  Planificación de operaciones;
  • Incursiones;
  • Comunicaciones;
  • Operaciones helicoportadas
  • Navegación

Estos cursos, denominados comandos de pequeñas unidades, se han venido dictando periódicamente cada año; con la cual se han obtenido resultados altamente positivos, especialmente en los aspectos de lucha contra el narcotráfico y lavado de capitales, producto de dicha actividad delincuencial.

Fuente:


Página 28, Cuaderno Histórico, 4ª. Edición, Academia de Historia de la Policía Nacional, Boceto Histórico de la Policía Nacional elaborado por el señor Teniente Coronel HUGO ALFONSO CEPEDA.

viernes, 20 de noviembre de 2015

LEYENDA DEL CABALLO DE NOMBRE "COMEJÉN"





El 16 de febrero de 1971, se generó una asonada frente a la Universidad Nacional de la ciudad de Bogotá D.C. (Colombia) por lo cual la Policia Nacional dispuso que la "Tercera Estacion" enviara un escuadrón de policía montado para contrarrestar los disturbios.

En medio del caos y el desorden frente a la Universidad Nacional, asume el restablecimiento del orden el Escuadron Montado al mando del entonces Teniente Mazulán Martinez Castaño, con el objeto de dispersar la protesta estudiantil.

En el fragor de la refriega un caballo del escuadrón de nombre "COMEJÉN", sale herido a causa varias puñaladas recibidas en el abdomen ocasionada por los manifestantes y a pesar de ello, este heroico animal saco a su jinete abriéndose paso dentro la multitud  furiosa.


Como consecuencia de tal situación,  y al ver que caballo y jinete se distanciaban  los estudiantes procedieron a arrojaron bolas de cristal al piso y tras ser pisadas por el caballo, éste cae pocos metros del lugar de los incidente despatarrado y se disloca el pecho siendo incapaz de continuar en pie; "COMEJÉN" cayó postrado a pocos metros de la entrada principal de la Universidad Nacional.


Esta foto de la triste escena con estudiantes dando piedra de fondo le dio la vuelta al mundo.

El teniente Mezulán Martínez, trató de levantarlo pero el animal da muestras de dolor. 

Por lo tanto Martínez, llorando y en un acto humanitario decidió acabar con el sufrimiento del valiente ejemplar desenfundando su pistola y lo mata de un tiro en la cabeza.




Este hecho marco la historia de los Carabineros de la Policía Nacional de Colombia y por ello en  las sala de la Dirección de Carabineros y Seguridad Rural que esta ubicada en el Museo de la Policía Nacional hay un monumento en honor a 'COMEJÉN' . 


Monumento al caballo "COMEJÉN"


Pero 'Comején' no es el único caso de un caballo muerto a causa de estas agresiones. El 7 de octubre de 1999, luego de un partido de fútbol, a la salida del estadio El Campin tres caballos fueron atropellados: el conductor de un bus se asustó y acelero en medio de la tensión porque los manifestantes empezaron a lanzarle piedras y ladrillos. Dos de los caballos quedaron debajo del vehículo y murieron inmediatamente, el otro tuvo que ser sacrificado días después por una fractura de pierna que no tenía posibilidad de recuperación.




La Policía no entiende por qué los caballos son blanco de ataques, si su labor es proteger a la comunidad. "Los equinos son entrenados, desde muy pequeños, para prestar el servicio de vigilancia y no para reaccionar violentamente ante las agresiones de las personas ni ante la cercanía con las multitudes y los posibles ruidos que pueda haber en los eventos", afirmó el intendente John Aguirre de la Policía de Carabineros.

El grupo de Carabineros de la Policía Nacional cuenta con 155 caballos, de los cuales 39 ya no tienen la misma disposición para el servicio, debido a las heridas que han recibido o por haber cumplido 14 años que es la edad máxima de prestación de servicio de vigilancia.

Los 39 pasaron a formar parte de los programas creados por la Policía, como el que consiste en usar los ejemplares para acompañar el proceso de recuperación de niños en condición de discapacidad. Otros equinos ayudan como mentores en el proceso de crianza y sirven de guía dentro de la institución.

"La falta de cultura, respeto y  conciencia por parte de las personas  que agraden a los caballos toca límites impensables; atacar a un animal que no está causando ningún daño ni agresión, lanzar canicas en el suelo para que el animal caiga, apuñalarlo en varias zonas del cuerpo, pegarle con palos y lanzarle botellas a la cara o a otra parte del cuerpo  para que se lastimen son algunas de las atrocidades con las que los vándalos cumplen su función delincuencial".




Protección dispuesta por la Policía Nacional de Colombia para evitar  ataques y lesiones a los equinos.









lunes, 26 de octubre de 2015

simbolismo del lema "DIOS Y PATRIA"

SIMBOLISMO DEL LEMA "DIOS Y PATRIA"DESCRITO EN EL ESCUDO DE LA POLICÍA NACIONAL DE COLOMBIA




Génesis del Escudo y la Bandera de la Policía Nacional


El Escudo y la Bandera fueron ideados por varios oficiales de la Policía adscritos al componente del F-3, con base a normas internacionales que rigen para esta clase de insignias.

Los colores de la Bandera fueron escogidos de acuerdo con el significado heráldico en donde el Blanco significa “Servicio, abnegación, sacrificio y honradez” y el verde “Esperanza, firmeza y lealtad”.

El Escudo y la Bandera de la Policía Nacional fue dados al servicio por medio del Decreto 0149 del 25 de enero de 1957, originario de la Presidencia de la República. 

Por Decreto 0149 del 25 de enero de 1957, el Presidente de la República Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, reglamento la Bandera de Guerra, la Bandera y el Escudo de las Fuerzas de Policía. El contexto del referido decreto fue el siguiente:



















Preceptos que dieron vida jurídica al Escudo de la Policía Nacional 
Resolución No.5916 del 12 de octubre de 1984

La Resolución No.5916 del 12 de octubre de 1984, “Por la cual se aprueba y explica el escudo de la Policía Nacional”, firmada por el entonces Director General de la Policía Nacional Mayor General Víctor Alberto Delgado Mallarino, en su contexto precisa las dimensiones, lemas, características y demás aspectos del escudo y explica el significado de este emblema, así:





ARTICULO 1o. El Escudo de la Policía, tendrá las siguientes características: dentro de dos circunferencias concéntricas de 15 y 20 centímetros de radio respectivamente; sobre el campo verde la circunferencia formada por los círculos, llevará una estrella de cinco puntas en color plateado con una longitud de 30 centímetros. En el centro y sobre la estrella irá el Escudo Nacional de 15 centímetros de cuerpo. La corona formada por dos círculos concéntricos, será de color blanco y en ella estará inscrita con letras negras en la parte superior: “REPÚBLICA DE COLOMBIA” y en la parte inferior, “POLICÍA NACIONAL”. Rematando exteriormente, tendrá una corona de laurel de cinco centímetros de ancho. En la parte inferior, irá una cinta de treinta centímetros de ancho enrollada en los extremos con la leyenda “DIOS Y PATRIA”.

ARTICULO 2º. El Escudo de la Policía Nacional tendrá forma circular, en sinople llevará circunscrita una estrella de cinco puntas, con dos de éstas mirando hacia abajo. Esta irá surmontada por el Escudo de Colombia a manera de escusón. Tendrá orla en plata con leyenda en sable. En la parte superior “República de Colombia” y la parte inferior “Policía Nacional”. Cada una de las palabras estará separada por sendas estrellas de cinco puntas, en sinople. Rodeará el escudo una corona de laurel, con hojas nervadas en sable y frutadas hacia el interior en gules, seis veces a la derecha y cinco a la izquierda, con los extremos enrollados y la inscripción en sable: “Dios y Patria”.

ARTICULO 3º. EXPLICACION: El Escudo de la Policía Nacional tendrá forma circular en sinople. El círculo es la más perfecta de las figuras y hace alusión al supremo primer guardián de la humanidad. El sinople (verde) significa esperanza, fe, amistad, servicio, respeto. Es el esmalte de nuestra institución que al moverse en los campos de la fe, la esperanza y el servicio, siente el goce de contribución a la felicidad de la Patria.

 Llevará circunscrita una estrella de plata de cinco puntas con dos de éstas mirando hacia abajo.

 La estrella de cinco rayos, llamada de David y por otros atribuida a Salomón, según como se presente será una oración o una blasfemia.

Es la Estrella de la Policía Universal y puesta en sus escudos, es un acto de adoración al supremo Gobernador del Mundo. Representa los cinco atributos divinos de grandeza, verdad, luz, majestad y paz.

 La estrella irá surmontada por el Escudo de Colombia a manera de escusón.

El escusón o escudete, Colombia sostenida, rodeada por la Policía Nacional, tal el fin que aspira toda sociedad moderna: ver defendidos día y noche, los bienes y libertad de la persona humana.

Tendrá rillera en plata con leyendas en sable, en la parte superior “República de Colombia” y en la parte inferior “Policía Nacional”.

La rillera es en heráldica figura honorable disminuida. Es la bordura disminuida en su tercera parte. Simboliza esta la cota de mallas del caballero. Para el moderno caballero, el Policía, la cota de mallas, la rillera son su valor y su uniforme impólutos, por eso van en plata. En las leyendas entra un segundo esmalte propio de la antigua caballería: el sable (negro) significa prudencia, rigor, honestidad y obediencia. Por eso van en tal esmalte Colombia y la Policía, lo más entrañable para este moderno caballero que recorre durante veinticuatro horas, los campos de la patria, sembrándolos de valor y cosechando entre canciones los frutos de paz, progreso, libertad.

Cada una de las palabras estará separada por sendas estrellas de cinco puntas, en sinople.

Estas cinco estrellas con el esmalte propio de la Institución indican, el cinco de noviembre, fecha en la que se conmemora el natalicio de la Policía de Colombia.

Rodeará el escudo una corona de laurel, con hojas nervadas en sable y frutadas hacia el interior en gules seis veces a la derecha y cinco a la izquierda.

Entra en nuestro blasones el tercero de nuestros esmaltes, el gules (rojo) que denota la fortaleza, victoria, osadía, alteza, ardid.  

Se da en este color tributo a los mártires de la Policía que para hacer patria caen cada día y noche en los campos y ciudades. Los once frutos rojos señalan así mismo, el mes undécimo, noviembre, para cimentar más la fecha clásica. Van hacia el interior, como cosa muy nuestra y muy cordial. El laurel es gloria y buena fama porque la Policía es como un espejo de la plata bruñida al que empaña cualquier aliento de maledicencia y la que no solo debe ser sino parecer leal, fuerte y honrada.

De la corona penderá como divisa una cinta de plata, con los extremos enrollados y la inscripción en sable: “Dios y Patria”. La divisa el antiguo grito de guerra. La divisa perfecta, como la nuestra consta de cuerpo y alma o sea de símbolos: metal, esmalte y lema apropiado en los extremos enrollados para simbolizar el sentido recóndito de estas dos palabras. Sintetiza además todos nuestros blasones; Dios, nuestra estrella y Colombia que solo morirá en el día postrero, con el último Policía, en las playas de la eternidad.


SIGNIFICADO DEL LEMA "DIOS Y PATRIA"


La Policía Nacional de Colombia ha escogido dos realidades para expresar su profunda identidad: “Dios y Patria” antiguo grito de guerra que muestra los blasones de la Policía. “Dios nuestra estrella, y Colombia, que sólo morirán en el día postrero, con el último policía, en las playas de la eternidad” (Res. 5916 del 12 de octubre de 1984art. 3º).

Con el lema se señala el ser del policía y la misión de la institución policial. Ser policía es una vocación, no sólo una profesión o una actividad en la vida; la vocación comprende la vida misma.

La identidad profunda del policía ha de estar marcada profundamente por su vocación de servicio público.  Él es el servidor de la comunidad y está dispuesto en cumplimiento de su deber hasta el sacrificio de la propia vida.  Éste ha de ser título de gloria. 

Un ejemplo de vocación generosa la encontramos en el Señor Jesús, quien se presenta como el Buen Pastor quien conoce sus ovejas y da la vida por ellas.  Se causa de las desgracias humanas.  Cuando el hombre abandona el Dios verdadero y se deja seducir por las tentaciones de las falsas divinidades, se expone a su propia destrucción: “Nosotros por nuestra culpa padecemos; por haber pecado contra nuestro Dios nos seducen estas cosas” (2 Mac. 7,18). ¿No estará sucediendo lo mismo en nuestro país? Sufrimos en Colombia muchos males.  Se acaba nuestra capacidad de asombro ante tantas monstruosidades que salen del corazón humano. 

¿No será que estamos sufriendo las consecuencias de olvidar al Dios verdadero para seguir fascinados con los encantos que nos ofrecen los ídolos de la ambición y del hedonismo y que han llevado a la ciudadanía a perder los valores esenciales y la han conducido por caminos de perdición?

A pesar de nuestros pecados, Dios es rico en misericordia y compasión y en su amor ponemos nuestra confianza y la seguridad de nuestra esperanza.  El policía creyente es imagen del Dios atento a dar la mano a los más débiles y necesitados, a los caídos y descarriados.  El color verde oliva de la Policía es expresión continua de la esperanza y del compromiso con la construcción de una sociedad en paz.

El lema de la Policía proclama que el espíritu de Dios anima la actitud sencilla y bondadosa del policía, su capacidad de entrega y su honestidad en el cumplimiento del deber.  El policía cristiano ha de ser testigo, con la calidad de su servicio del Evangelio del Señor Jesús y encontrará en el ejercicio de su misión la senda de la santidad.

El policía amigo de Dios es también el amigo de la patria.  La entrega a la conformación de una convivencia segura en paz es la razón de ser de la vocación policial. 

El amor de Dios que el policía experimenta de manera personal lo proyecta en el amor a su prójimo.
El sereno era el vigilante nocturno que permitía que los habitantes de la villa o del pueblo pudieran descansar con tranquilidad.  En él se depositaba la confianza y la seguridad ciudadana. 

El policía hace patria, es la persona de fiar, contando con su presencia y acción los ciudadanos pueden trabajar y reposar en paz.

El policía está presto de día y de noche para impedir que los malvados atenten contra la vida, la libertad, los bienes y demás derechos de los colombianos.  Es su responsabilidad patriótica.  

Tiene que ser fuerte para superar las tentaciones y para mantenerse, con la ayuda de Dios, en el camino del bien.

El policía debe ser el ciudadano por excelencia, el hombre de bien, puesto como atalaya y paradigma de los civiles, y en especial de los niños y jóvenes.  Su comportamiento personal de integridad ética y su capacitación técnica lo harán un individuo digno de respeto, admiración y confianza.

La responsabilidad del policía con la patria comienza por la atención que él debe dar a su propia familia.  En el hogar, el policía ejemplar manifiesta las virtudes morales que conforman una familia sana en donde se vive la presencia de dios y se colocan los fundamentos de la patria. 

El himno de la policía exhorta a sus miembros a cuidar su familia, con estas palabras.

“Del hogar los derechos sagrados
como padres debéis custodiar
y que Dios y la patria os premien
¡defensores del orden social!”

El escudo era arma defensiva para cubrir al combatiente y librarlo de las ofensivas del enemigo.  El escudo de la institución policial contiene los blasones que respaldan casi 124 años de servicio patrio y comprometen a la Policía Nacional con un trabajo incansable de servicio comunitario.  Caballeros modernos lo llevarán con honor y lo respaldarán con una vida intachable y heroica, bajo la consigna “Dios y Patria”.



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Génesis de la Oración Patria






Al igual que las historias del escudo, la bandera y el himno de la Policía Nacional de Colombia ya referidos en mi blog, considero importante hablar ahora de la génesis de la Oración Patria; oración muy significativa no solo por los miembros de las fuerzas militares y de policía, sino también para todos los colombianos los cuales en algún instante de sus vidas la han rezado.

Por lo tanto, en agradecimiento a la emotividad que me causa en lo personal entonar su canto, quiero exaltar la memoria de su autor, Monseñor Pedro Pablo Galindo Méndez, quien en su momento fue capellán militar en la guerra con el Perú y capellán militar del Ejército .

Antes de profundizar sobre el tema de la Oración Patria, hablare un poco de como nace la figura del capellán castrense, por lo tanto primero hablare de la Época de la Independencia donde encontramos Religiosos y Clero Regular, que imbuidos del Espíritu de Libertad recibido de Vitoria en la vieja España sembraron en los Criollos el anhelo de salir de la esclavitud y forjar una patria soberana y libre. 

Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, José Maria Córdoba y Antonio Nariño en sus batallas libertadoras contaron no sólo con la asistencia espiritual, sino también con el apoyo de párrocos de los pueblos por donde pasaban llevando en su pobreza sólo la riqueza de su anhelo de libertad, comida y ropa que los fortaleciera en el paso por los páramos camino a la Batalla del Puente deBoyacá, que selló para siempre la libertad y rompió las cadenas opresoras del Imperio Español. 

Oleo de la Batalla del Puente de  Boyacá

Ahora bien, la figura del capellán castrense acompañando a los ejércitos entró al Nuevo Reino de Granada con el acto militar de la conquista , y halló  expresión en la primera misa celebrada en la altiplanicie bogotense por el padre dominico Fray Domingo de Las Casas, capellán de las fuerzas de Gonzalo Jiménes de Quesada.

El esquema se mantuvo a lo largo de la guerra de Independencia, muchas veces con curas guerreros que dejaban de lado el fusil para oficiar los sacramentos, caso admirablemente personificado por Fray Ignacio Mariño, dominico nacido en Chocontá, que se alistó desde el primer momento en las filas republicanas, militó en las guerrillas de Tame y Betoyes en Casanare después de la caída de la Primera República, hizo las campañas de 1816 hasta 1819, alcanzando el grado de Coronel tras batallar como un infante con la división de Vanguardia en Paya, Gámeza, Bonza, Vargas y Boyacá, sin descuidar sus funciones de capellán. Bolívar lo condecoró con la Orden de los Libertadores y lo hizo asignar al curato de Nemocóm, donde murió en 1821.


Orden de los Libertadores
Fray Ignacio Mariño












Desarrollos similares tuvieron lugar en las guerras civiles del siglo XIX, sin que se contase con una organización castrense en las fuerzas revolucionarias. 

El Ejercito del rey sí la trajo con las fuerzas expedisionaria de Morillo, pero la tradición se perdió en medio de revoluciones y levantamientos, donde miembros del clero solían tomar partido, a veces al estilo de Mariño, otras dedicados a su función estrategicamente religiosa.


Pasados los años, aparece la persona del Excelentísimo Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, Arzobispo de Bogotá, a quien la patria y nuestras Fuerzas Armadas, muy especialmente el Ejército, le deben muchísimo.

Monseñor Bernardo Herrera Restrepo



Él figura, junto con el General Rafael Reyes y el General Rafael Uribe Uribe, como fundador de nuestra Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova. Cuenta la tradición  que ante la carencia de dineros del estado para cancelar el profesorado de la Escuela Militar, estos fueron cubiertos por la Arquidiócesis de Bogotá mientras el Gobierno obtuvo los fondos correspondientes.


General Rafael Uribe Uribe



General Rafael Reyes

El siglo XIX, trajo consigo Sacerdotes celosos y buenos, cuyo único lema era sembrar el Evangelio en los nativos acompañaron nuestros Ejércitos y conservaron en esos puñados de héroes la fe en Cristo y el amor a María. 

Mas tarde, brillando con luz propia, el ilustre Doctor y Presbítero Pedro Pablo Galindo Méndez, sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá y reconocido orador sagrado, dedicaba su inteligencia y ministerio sacerdotal al servicio del Ejército, al cual acompañó a los expedicionarios en la guerra con el Perú.

Inolvidable para los expedicionarios al Amazonas fue el acto de bendición de las armas oficiado por Galindo sobre la cubierta del Buque "Boyacá", reunida la flotilla aún en aguas brasileñas a la víspera de la toma de Tarapacá, y la arenga patriotica que hizo estremecer a las tropas dispuestas al combate.


Buque Boyacá



Terminado el conflicto, el servicio religioso castrense comenzó a tomar forma. El padre Galindo, que había sido ascendido a Capitán y ocupaba de nuevo la capellanía de la Escuela Militar de Cadetes.

Todavía resuenan en el campo de paradas de la escuela sus discursos con motivo del juramento a la bandera cada primero de junio. Más tarde fue nombrado como capellán general de las Fuerzas Armadas en 1949; desde dicho cargo, se encargó de dotar de Capellanes a las Unidades y organizar la asistencia espiritual en las tropas a lo largo y ancho del País, a tal punto que para el 13 de octubre del mismo año la Sagrada Congregación Consistorial creó el Vicariato Castrense de Colombia, nombrando como Vicario al Arzobispo de Bogotá en ese entonces el Excelentísimo Señor Ismael Perdomo en virtud del articulo 20 del Concordato entre el Gobierno de Colombia y la Santa Sede.



Hasta entonces las capellanías de los cuerpos de tropa eran atendidas por sacerdotes designados por los respectivos obispos y nombrados por el Ministro de Defensa.

Monseñor Pedro Pablo Galindo siguió al frente de las Capellanías durante los periodos de los Señores Cardenales Arzobispos de Bogotá: Crisanto Luque y Luis Concha Córdoba; El Cardenal Aníbal Muñoz Duque tomo las riendas del obispado a la par que el Cardenal Mario Rebollo Bravo. 


Cardenal Aníbal Muñoz Duque

En 1.986 El Papa Juan Pablo II expidió una nueva legislación con la Constitución “Spirituali Militum Curae” y pasó a los Vicariatos Castrenses a ser Obispados Castrenses con Obispo propio. 

Grandes Obispos como Monseñor Víctor Manuel López Forero a quien le tocó darle la organización de Diócesis, expedir los Estatutos aprobados por Roma, e impulsar el nuevo Obispado, Lo sucedió Monseñor Álvaro Raúl Jarro Tobos quien en pocos años sostuvo la Organización e impulsó el ya creado Seminario Castrense. 

Llegado en el 2.001 Monseñor Fabio Suescún Mutis, Obispo evangelizador por excelencia, impulsó la pastoral en sus diferentes vertientes, dando prioridad a la evangelización, colocando al Obispado Castrense de Colombia como uno de los mejores de América y del mundo. 

La Iglesia Castrense de Colombia siente satisfacción por la misión cumplida en casi 200 años de existencia y a sesenta y cinco de haber sido reconocida por la Santa sede, como Vicariato Castrense y hoy Obispado igual a las diócesis con 180 parroquias a lo largo y ancho del País. 

Esta es la obra de Dios en esta porción de la Iglesia a quien Él ha regalado Pastores solícitos y buenos que sólo anhelaron y anhelan hoy que Cristo Jesús, sea conocido, amado e imitado. 

Breve Biografía del Presbítero Pedro Pablo Galindo Méndez.


Nació en Facatativa – Cundinamarca el 26 de julio de 1890. Realizó sus estudios de secundaria en el Seminario Menor de Bogotá y los de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor de San José de Bogotá. 

Fue ordenado presbítero el 28 de octubre de 1914 para el servicio de la Arquidiócesis de Bogotá, por el Excmo. Mons. Bernardo Herrera Restrepo, Arzobispo de Bogotá. 

6 julio 1914 Colaborador en la Parroquia de El Peñón – Cundinamarca.
21 mayo 1915 Párroco en San Bernardino de Bosa.
3 febrero 1921 Párroco en Nuestra Señora del Carmen – Gutiérrez.
1929 Capellán del Panóptico de San Diego – Bogotá.
1930 Capellán de la Escuela Militar.
1933 Capellán en le Flota del Amazonas durante el conflicto con el Perú. 
1949 Capellán General del Ejército de Colombia.

Nombrado prelado de Honor de Su Santidad Pablo VI, el 20 de febrero de 1964.  

Monseñor Galindo ostentó el Grado de Coronel y al final de sus días el Gobierno Nacional, le otorgó el Grado de Brigadier General Honorario el 7 de diciembre de 1973. 

Falleció en Bogotá el 1 de abril de 1974 y sus restos descansan en la cripta de la parroquia del Espíritu Santo.

Cuánto le debemos: la Capilla de la Escuela Militar de Cadetes, la Iglesia del Espíritu Santo, la hoy Catedral Castrense, la capilla de la Escuela de Cadetes de la Policía Nacional “General Francisco de Paula Santander”, y muchas otras capillas y templos que se construyeron bajo su dirección e influencia. Monseñor Galindo creó las capellanías Generales de las Fuerzas militares y de la Policía Nacional, la Oración Patria y la letra del Himno de la Escuela Militar, también son de su autoría. 

Texto de la Oración Patria.


Colombia patria mía
Te llevo con amor en mi corazón,
Creo en tu destino
y espero verte siempre Grande,
respetada y libre.
En tí amo todo lo que me es querido;
tus glorias, tu hermosura, mi hogar,
las tumbas de mis mayores,
mis creencias, el fruto de mis esfuerzos
y la realización de mis sueños.
Ser hijo tuyo, es la mayor de mis glorias.
Mi ambición más grande
es la de llevar con honor
el título de Colombiano,
y llegado el caso,
Morir por defenderte.

Amen



Busto del Presbítero Pedro Pablo Galindo Méndez




http://obispadocastrensecolombia.org/noticias.shtml?apc=t--4;1;-;-;&x=2878